¿Cómo se articula el proceso que prepara para la adquisición de la nueva conciencia? Con un discurso hegemónico fundado en el buenismo moral que disuelve la resistencia a partir del imperio de la moralina y el emotivismo.

El avance del desmantelamiento del modelo chileno parece irrefrenable. Tres son los flancos atacados sistemáticamente por políticos de todos los sectores, la prensa y los grupos violentistas alentados por movimientos sociales de extrema izquierda. El sistema de pensiones basado en la capitalización individual, el monopolio de la coerción por parte del Estado y la institucionalidad ordenada por la Constitución. Ésta ha sido modificada 52 veces. De ahí que Ricardo Lagos, presidente socialista, estampara en ella su firma. Además, porque a pesar de haber sido redactada bajo el régimen militar, el proceso de apropiación por parte de la ciudadanía era un hecho irrefutable. Al punto que, en las encuestas de meses anteriores al estallido revolucionario, sólo un 12% de los consultados consideraba relevante una reforma constitucional. De modo que el <Pacto por la Paz y la nueva Constitución> firmado por la clase política en noviembre pasado no fue consecuencia de una demanda largamente añorada por los chilenos, sino la respuesta política a la violencia incontenible y a un malestar ciudadano que provocó manifestaciones masivas. ¿Cuál era el origen de dicho malestar?

Se protestaba por estar en contra de abusos de empresarios neomercantilistas, políticos y burocracias corruptas. A ello se sumó una caída en los sueldos reales provocada por la llegada masiva de inmigrantes y el frenazo económico legado por las reformas tributarias del gobierno anterior. De modo que, en ningún caso, se trataba de una protesta en contra del mismo modelo que los ciudadanos eligieran al votar por el actual presidente. La pregunta que surge naturalmente entonces es, ¿cómo llegaron a convencerse de que el origen de todos los males era la Constitución?

La respuesta es simple: el malestar de los ciudadanos fue resignificado por élites ubicadas en medios de comunicación masivos, quienes hicieron el rol de iluminadores de las consciencias persuadiendo a los enfurecidos ciudadanos de que lo que ellos veían como un problema de corrupción, falta de oportunidades y pésima gestión del Estado, era consecuencia de un perverso ordenamiento institucional diseñado bajo dictadura. La manipulación mediática llegó al extremo de que se habló de un Chile que al fin había “despertado”, mientras los pocos que seguimos “dormidos” sabemos que la Constitución no sirve para satisfacer demandas que apuntan a mejorar la calidad de vida de las personas. Peor aún, los que no alcanzamos a iluminarnos con el relato cacareado hasta la saciedad por los adalides del discurso hegemónico, estamos conscientes de que la incertidumbre institucional trae consigo una pauperización de los mercados donde el Estado recauda los recursos para atender las demandas sociales. Ello dado que la incertidumbre institucional espanta a los inversionistas, frena las economías, destruye valor e impide la creación de empleo. Información básica como esa era bastante obvia para la mayoría de los chilenos hasta hace pocos años atrás cuando el odiado neoliberalismo era el acervo compartido desde la derecha a una centroizquierda que había sido testigo del desplome del muro de Berlín, las muertes de hambre de millones de chinos, camboyanos, coreanos, etc, la caída de la URSS y del fracaso, sin excepción, de todos los proyectos socialistas. ¿Cómo fue posible borrar el conocimiento y la experiencia acumulada?

Creando una falsa conciencia. Y es que el marxismo tiene cierta razón cuando plantea que «es el ser social [la casta política] el que determina la conciencia, no la conciencia la que determina el ser social». Ello explica que un 49% de quienes votaron a favor de una nueva Constitución lo hicieran a partir de una conciencia recién adquirida, según la cual, sólo hay que esperar la redacción y promulgación de la Carta Magna para que mejore su calidad de vida.

¿Cómo se articula el proceso que prepara para la adquisición de la nueva conciencia? Con un discurso hegemónico fundado en el buenismo moral que disuelve la resistencia a partir del imperio de la moralina y el emotivismo; el abuso de la falacia ad misericordiam que prueba la validez de los argumentos manipulando los sentimientos del interlocutor y repitiendo ad nauseam que el origen de todos los males es la Constitución y su primogénita predilecta: la desigualdad. En las personas menos educadas el poder de persuasión de este tipo de discurso tiene cien por ciento de efectividad. Y, de hecho, si usted revisa las votaciones, fueron las comunas más pobres donde el número de votantes aumentó de forma significativa y la opción por el desmantelamiento institucional tuvo mayor respaldo.

Finalmente, sólo decir que el triunfo en conducir a Chile a la ruina no es sólo de la izquierda. A ella se suman todos los políticos, burócratas, opinólogos, periodistas y empresarios que, gracias al tongo constitucional, podrán conservar sus privilegios y evitar hacer las reformas exigidas por los ciudadanos presos de un razonable malestar. El problema es que, como nada mejorará, habrá una tremenda frustración de las expectativas que puede terminar siendo capturada por el más populista de los caudillos. Esa sería la ruta natural de nuestra ya conocida historia latinoamericana. Que a nadie le sorprenda… porque, como dice Ayn Rand, puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad.