Fundación Disenso presenta un nuevo informe en el que aborda las consecuencias económicas que la pandemia del virus de Wuham tendrá en la economía española.

Nadie se librará del impacto de la covid-19. Ningún país podrá escapar, de una u otra forma, a las consecuencias de la pandemia. Incluso los lugares más aislados del planeta y menos conectados a las redes globales del comercio se han visto afectados por lo ocurrido: ya sea porque han tenido que aislarse todavía más o porque se han roto los pocos lazos que les unían con el resto del mundo.

Así, el verdadero problema de España, el drama al que se asoma no tiene que ver tanto con lo ocurrido en 2020, que alguien podría achacar a una situación sobrevenida e imprevista, como a lo que ocurrirá en 2021 y 2022, que será consecuencia directa de las decisiones tomadas ese año. La tesis que defenderemos en este informe es que, por un lado, no es cierto que fuera inevitable que España estuviera entre las economías que más sufrieran el impacto de la covid-19. Es verdad que partíamos en una situación desfavorable (peso del sector turístico, cercanía al primer foco de la epidemia en Europa…) pero no lo es menos que las medidas adoptadas no sólo no han contribuido a mitigarla, sino que han empeorado esa posición de partida.

El segundo punto en el que nos detendremos es el que tiene que ver con las consecuencias a medio plazo: de nuevo, hay que insistir en que  las decisiones que se han tomado en nuestro país no fueron inevitables ni forman parte de un destino del que no podíamos escapar. Entre  las diferentes opciones a su disposición, el Gobierno escogió algunas de las peores. Fue una elección consciente que vino determinada por una mezcla de ideología, oportunismo político, desconocimiento, improvisación e incapacidad. Y esas decisiones tendrán consecuencias.

Puede descargar el informe en el siguiente enlace.

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