La cultura de la cancelación no suele ser un fin en sí misma, sino un instrumento de censura para silenciar a quienes critican a los que quieren convertir la vida en una lucha de poder entre oprimidos y opresores. Resulta graciosa cuando su objetivo son personajes de dibujos animados. Lo es menos cuando echa a perder la vida de mucha gente.

Speedy Gonzales es famoso por su velocidad, así que con algo de suerte tal vez el popular ratón mexicano consiga escapar de los comisarios woke. Por el contrario, parece que Pepe Le Pew ha pasado a mejor vida. La entrañable mofeta se ha topado de lleno con el movimiento Me-Too. A Elmer Fudd le perdonan la vida porque es un simplón blanco… ¡pero se queda sin su rifle!

Pero, ¿quiénes son todos estos personajes? ¿Ya no podrán ganarse la vida y tendrán que dejar de alimentar a sus familias? Bueno, no del todo. Y es que se trata de unos héroes de dibujos animados. Cierto que son sumamente famosos, pero por fortuna su desaparición no conlleva la ruina personal, como les ha ocurrido a muchos otros en la vida real.

Salvo si hablamos de la salud mental de la sociedad estadounidense, que parece estar cada vez más sometida a la “cultura de la cancelación” (de su original en inglés: “cancel culture”). Sin embargo, ha surgido últimamente una señal de esperanza que indica que la razón vuelve por sus fueros. Por fin muchos norteamericanos han empezado a hablar.

De hecho, esos personajes en peligro de ‘cancelación’ han desempeñado un papel importante en esta naciente oposición a la propia cultura de la cancelación: son muchos los norteamericanos que han crecido viendo los dibujos los sábados por la mañana.

Los tres personajes forman parte del catálogo “Looney Tunes” de Warner Bros. Speedy es un ratón mexicano que es muy veloz, como dice su nombre. Es un torbellino que siempre anda corriendo por todas partes. Lo malo es que a los comisarios de la cultura de la cancelación les ha dado ahora por decir que fomenta los estereotipos sobre los mexicanos.

Parece que los críticos no están contra del propio Speedy, una especie de héroe incuestionable, sino contra las compañías que frecuenta. Sus “amigos han contribuido a popularizar el destructivo estereotipo del mexicano borracho y vago”, declara Charles Blow, columnista del New York Times.

En cuanto a Pepe, se trata de una mofeta que siempre está intentando besar a una gata, Penélope Pussycat, que no quiere que la besen. “El aspirante a Maurice Chevalier seguía atosigando a esas pobres chicas a pesar de que era evidente que no querían nada con él”, escribió Bryan Reesman en Think, la página web de opinión de NBC News. “Está claro que Pepe era una especie de acosador que nunca aceptaría un ‘no’ de una mujer”.

Y Pepe, a diferencia de Speedy, fue cancelado después de que Blow escribiera que “normalizaba la cultura de la violación”. Días después, Warner Bros anunció que Pepe había sido eliminado de “Space Jam: A New Legacy”, una película a punto de estrenarse.

Parece que Pepe también seguirá cancelado ya que The Hollywood Reporter ha escrito que “no entra en los planes de la compañía el regreso de la controvertida mofeta de dibujos animados”. Es importante señalar que Pepe Le Pew siempre fue el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer. Apestaba porque era una mofeta (de ahí, justamente, el nombre Le Pew, porque “puer” quiere decir apestar en francés).

Por su parte, Elmer Gruñón, un cazador blanco bastante tosco que siempre intenta dar cazar a un Bugs Bunny más inteligente, puede quedarse, pero el Irish Times informa que de ahora en adelante le “quitarán el rifle”.

Seguro que esto les parece una bobada, que es lo que debería ser, y también se lo parece a Gabriel Iglesias, el actor de origen mexicano que presta su voz a Speedy. “Soy la voz de Speedy Gonzales en la nueva película de ‘Space Jam’”, ha escrito Iglesias en un tweet. “¿Significa esto que también intentarán cancelar a Fluffy? No te hagas ilusiones, cultura de la cancelación, porque no podrás atraparme. Soy el ratón más rápido de todo México” (Fluffy es el apodo del actor Gabriel Iglesias).

La cultura de la cancelación no suele ser un fin en sí misma, sino un instrumento de censura para silenciar a quienes critican a los que quieren convertir la vida en una lucha de poder entre oprimidos y opresores. Resulta graciosa cuando su objetivo son personajes de dibujos animados. Lo es menos cuando echa a perder la vida de mucha gente.

Puede descargar el documento original en el siguiente enlace.

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