Aunque para el Departamento de Estado de Estados Unidos Hamas está en la lista de grupos terroristas, no debería sorprender a nadie que en la actual situación la principal organización de Black Lives Matter, un grupo fundado y dirigido por marxistas, esté tomando partido por Hamas.

Israel ha dado lugar a un profunda fragmentación en el campo de los progresistas. Mientras que el ala de extrema izquierda acusa falsamente al estado judío de violaciones de los derechos humanos, un sector menos irracional, pero cada vez más pequeño, intenta argumentar que existen límites en el derecho de Israel a defenderse.

Lo que algunos consideran una cuarta miniguerra desde 2008 entre el Estado de Israel y Hamas, empezó hace semanas cuando Hamas reanudó el lanzamiento de misiles al vecino Israel. Aunque para el Departamento de Estado de Estados Unidos Hamas está en la lista de grupos terroristas, no debería sorprender a nadie que en la actual situación la principal organización de Black Lives Matter, un grupo fundado y dirigido por marxistas, esté tomando partido por Hamas.

El grupo principal de BLM, Black Lives Matter Global Network Foundation (BLM_GNF), apoya el objetivo fundamental de Hamas: la aniquilación del Estado judío. En su cuenta oficial de Twitter el grupo proclama:

Black Lives Matter se solidariza con los palestinos. Somos un movimiento comprometido con el final del colonialismo de asentamiento en todas sus formas y continuaremos abogando por la liberación de Palestina. ( Siempre lo hemos hecho. Y siempre lo haremos ). #freepalestine

The New York Post no ha tardado en informar del apoyo de BLM a los terroristas en el conflicto actual, al tiempo que señalaba que no es nada nuevo. Ha sido un movimiento anti israelí prácticamente desde su fundación en julio de 2013, después de la absolución de George Zimmerman, el hombre medio peruano que disparó a Trayvon Martin.

Casi exactamente dos años después de su fundación, una de sus tres principales fundadoras, Patrisse Cullors, demonizó a Israel mientras recorría el país: “Es un Estado con un régimen de apartheid. No podemos negarlo, y si lo negamos, es que formamos parte de la violencia sionista. En la Palestina ocupada hay dos sistemas diferentes”, declaró Cullors en Ebony Magazine. “Son dos sistemas completamente distintos. Hay gente que no puede ir a ciertos sitios en su propio país. La gente está excluida de su propia nación”.

El presidente Biden dijo la verdad el viernes, cuando declaró que “Estados Unidos apoya plenamente el derecho de Israel a defenderse contra los ataques indiscriminados con cohetes de Hamas y otros grupos terroristas con base en Gaza que se han cobrado la vida de civiles inocentes en Israel”. 

Sin embargo, la extrema izquierda de su partido está de acuerdo con el movimiento BLM. A la representante demócrata Ilhan Omar, musulmana elegida por un distrito de Minnesota, se unieron otra musulmana, la representante Rashida Tlaib de Michigan, y el representante Andre Carson de Indiana para emitir una declaración donde se afirmaba que “los planes del gobierno israelí para seguir adelante con los desalojos forzosos en el barrio mayoritariamente palestino de Sheikh Jarrah en Jerusalén Oriental” eran “una violación flagrante del derecho internacional, la Convención de Ginebra y los derechos humanos básicos”.

Esta declaración tergiversa grotescamente los hechos, avivando la hoguera del antisemitismo, mientras niega los derechos de los judíos a poseer legalmente propiedades en su propia tierra.

Por lo tanto debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué ha hecho el gobierno israelí para que la izquierda norteamericana, a cuya vanguardia se encuentra el movimiento BLM, tome partido contra uno de los aliados más firmes de Estados Unidos? 

Algunas pistas, aunque no todas, se pueden encontrar en el tweet de BLM.

Por “colonialismo de asentamiento”, BLM-GNF aludía a un concepto de la Teoría Social Global, un subconjunto de la Teoría Crítica que sustenta todos los movimientos ‘woke’. Según globalsocialtheory.org, el colonialismo de asentamiento, “es un tipo específico de colonialismo que sustituye poblaciones autóctonas por una sociedad invasora de colonos que, con el tiempo, desarrolla una identidad y soberanía propias. Entre los Estados coloniales de asentamiento están Canadá, Estados Unidos, Australia y Sudáfrica, y la teoría colonial de asentamiento ha sido importante para comprender los conflictos en lugares como Israel, Kenia y Argentina”.

Al igual que ocurre con muchos de estos conceptos, éste no soporta un examen detallado. ¿Qué es lo que convierte a Canadá o a Argentina, donde la casi totalidad de su población es blanca, Estados coloniales de asentamiento? Y, ¿por qué no Cuba, donde en unas pocas décadas, los españoles sustituyeron casi por completo a los taínos que vivían en la isla? O bien, ¿por qué no identificar a los propios taínos como una cultura colonial de asentamiento, ya que ellos mismos reemplazaron a los guanajatabeyes cuando llegaron de América del Sur un par de siglos antes de que España conquistara Cuba en 1511?

¿Son los anglosajones una cultura de colonos que empujó a los celtas autóctonos hacia el oeste y al norte de las Islas Británicas en el 400? ¿Y los visigodos, que hicieron lo mismo con los celtíberos romanizados de España en la misma época? ¿Y qué podemos llegar a decir del imperio sudanés de Malí en la década de 1250?

Parece que el “Estado colonial de asentamiento”, una expresión que hallamos diseminado en abundancia por el léxico BLM, abarca el mundo entero y su historia de crueles invasiones. Y es una explicación particularmente pobre de la fundación del Estado judío, inmediatamente después del Holocausto, en la histórica tierra del pueblo hebreo.

Cualquiera que haya estudiado el movimiento BLM (y yo mismo voy a publicar un libro sobre este movimiento en septiembre) sabrá que su animadversión se dirige a la cultura occidental, que aspiran a desmantelar, y no a la larga historia de invasiones de la que parecen saber bastante poco.

El corazón de Occidente es el cristianismo y el judaísmo está en el corazón del cristianismo. Jesucristo era un judío practicante, al igual que María, José y probablementetodos los apóstoles, que acudían a orar a la sinagoga con Jesús. Cualquiera que quiera desmantelar de verdad Occidente, “problematizarlo” en la jerga de la Teoría Crítica de la Raza, habrá de empezar por ahí.

Israel no está luchando contra la Autoridad Palestina en Cisjordania. La batalla que está librando Israel hoy en día es contra Hamas. Al tomar partido en contra de Israel, el movimiento BLM se pone del lado de Hamas. Hacer una afirmación como esta ha llegado a ser tan polémico como afirmar que el movimiento BLM es marxista. Y es que la prensa, en su corporativismo, está decidida a amparar al movimiento BLM. Aun así, y pese a todo, ambas afirmaciones son ciertas.  

En rigor, los motivos por los que el movimiento BLM se ha colocado del lado de Hamas tienen poco que ver con el post-colonialismo y mucho más con su deseo de derrocar a Estados Unidos y a todo Occidente.

Documento original disponible en el siguiente enlace:

20210526-Gonzalez-on-Israel-and-BLM

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