Lo que surge en esta encuesta, acoplado con las tendencias políticas de los países europeos, es por tanto una derechización en profundidad, general en todas las edades y los sectores sociales, y que va acompañada de nuevas prioridades

Si se contempla en términos muy generales el panorama político europeo, parece haber un equilibrio entre países gobernados por la derecha y el centro derecha y los que disfrutan -vamos a utilizar una palabra de moda, bien merecida en este caso- de un gobierno de izquierda o de centro izquierda. La percepción es un poco engañosa. Para limitarnos solo a los grandes países, comparables de una manera u otra con España, resulta que en Gran Bretaña gobierna la derecha, en Alemania una coalición de centro derecha, en Italia otra coalición nacional que integra a la Liga, mientras que sólo en Francia gobierna un centro izquierda… en plena crisis existencial. En Hungría y Polonia gobierna la derecha. (En Suecia sí que gobierna la izquierda, pero los conservadores han llegado a un acuerdo con la derecha populista, sin la cual saben que no llegarán a gobernar).

La realidad política encubre otro hecho, quizás más interesante aún, que se manifiesta en el avance de los valores de la derecha entre la población europea. En nuestro país, la apoteosis regeneracionista del 15-M, el surgimiento de partidos peronistas y la podemización del PSOE, junto con su alianza con los separatistas y los filoetarras, así como la evolución del PP hacia un partido desideologizado de cuadros, llevaron a pensar que estábamos ante una nueva oleada de izquierdas que iba a convertir nuestro país -otra vez- en un laboratorio para la inmediata izquierdización de Europa. Las recientes elecciones autonómicas desmienten esta ilusión. Y colocan a España en línea con lo que está ocurriendo en el resto de los países europeos.

En cuanto a esto último, una encuesta reciente de Fondapol, un think tank francés liberal, ha estudiado los valores políticos prevalentes en la población en cuatro países europeos: Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia.

Las cifras más significativas son las de autoposicionamiento: 44% de los italianos se sitúan a la derecha (31% a la izquierda); 40% de los británicos (25% a la izquierda), 38% de los franceses (24% a la izquierda) y 36% de los alemanes (26% a la izquierda). Y en contra de lo que se podría pensar, son los jóvenes los que, en su mayoría, se inclinan por opciones y valores de derechas: un 41% de los jóvenes de entre 18-24 años y otro tanto de entre los  25-34 años se posicionan entre 6 y 10 en la escala de autovaloración ideológica, lo que es más que la posición de los que tienen más de 65 años (un 40%) y bastante más que los de entre 50-64 años (36%).

El interés del estudio aumenta por el desglose que realiza en cuanto a los valores y las opciones vitales que sostienen estas opciones.

Sobresale, en primer lugar, la marcada preferencia por el liberalismo económico. Más de la mitad de los encuestados (54%) responden que a la hora de hacer frente a las dificultades económicas, es mejor que se dé confianza y libertad a las empresas, una opción por la que se inclinan todas las edades y todos los niveles educativos. La opción la comparten uno de cada dos encuestados que se sitúan en la izquierda. (De forma muy interesante, el tamaño de las empresas influye decisivamente en la confianza que suscitan, aunque la crisis del covid parece estar cambiando estas actitudes, con algo más de confianza hacia las grandes empresas).

Un asunto candente es el de la posible oposición entre el respeto al medio ambiente y el crecimiento económico. Pues bien, aquí el 76 por ciento de los encuestados se aleja de cualquier política ecologista represiva y está convencido de que es  posible reconciliar crecimiento y sostenibilidad. Al revés de lo que se podría pensar, la tesis del “decrecimiento” pierde apoyos con la pandemia y atrae a poca gente (en Italia, un 13%). Y sobre el capitalismo, un 56% es partidario de algunas reformas y un 14% prefiere que no se reforme el capitalismo en modo alguno, mientras que un 26% de los interrogados son partidarios de reformas en profundidad.

Un valor en alza es el individualismo, definido como el reconocimiento de “la capacidad de cada cual para cambiar la sociedad o escoger su propia vida”. Puede ser un signo de desconfianza hacia el Estado, o una afirmación de la autonomía. Tal vez refuerce esta última hipótesis la apuesta general por el esfuerzo individual: en 67% de los encuestados piensan que se sale adelante si uno se esfuerza (siendo más numerosos los que se sitúan a la derecha -un 71%- que los de la izquierda – 58%-).

Un aspecto crucial de la encuesta es la posición de los encuestados ante la inmigración, que suscita una profunda inquietud: un 60% están de acuerdo con la afirmación de que hay demasiados inmigrantes en su país, contra un 36%. La preocupación es general en todos los sectores sociales, y aunque los jóvenes de entre 18 y 24 son los que están más en desacuerdo con esta posición, un 46 % también manifiesta su inquietud. Como es lógico, los encuestados expresan su rechazo ante cualquier posible apertura de las fronteras. Y como era de esperar, el islam suscita una fuerte preocupación general, probablemente incrementada por la dificultad de muchos partidos para adoptar posiciones claras al respecto de algunos de los problemas que plantea, como lo ocurrido recientemente con una candidata del partido de Macron.

Lo que surge en esta encuesta, acoplado con las tendencias políticas de los países europeos, es por tanto una derechización en profundidad, general en todas las edades y los sectores sociales, y que va acompañada de nuevas prioridades en cuanto a los valores: individualismo y autonomía, liberalismo económico, confianza en el esfuerzo, defensa de la identidad propia. Con algunos matices, no resulta difícil intuir que también la sociedad española se va aproximando a estos parámetros, quizás más deprisa de lo que lo ocurrido en años recientes inducía a pensar.  En cualquier caso, los jóvenes -en este caso la llamada “generación Z”- parecen haberse rebelado de nuevo contra el progresismo y el centrismo centrado. Todo un síntoma de lo que está ocurriendo y lo que está por venir.

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