Ante los dictadores sólo hay una respuesta: la defensa de la libertad. Se enfadarán mucho más. La Carta de Madrid es una herramienta de denuncia y un espacio de cooperación para garantizar un futuro mejor para los nuestros.

Rafael Correa es uno de los líderes del llamado Socialismo del Siglo XXI. Junto a Hugo Chávez, Evo Morales o Daniel Ortega, lideró en la primera década del siglo un movimiento que fue capaz de conquistar el poder en varios países, provocando una evidente erosión de la democracia liberal en la región.

La agenda que estos líderes tenían, y todavía tienen en mente, es la captura y concentración del poder en el ejecutivo, evolucionando de manera lenta pero continua hacia el autoritarismo; eliminando con ello cualquier viso de oposición política y de pluralismo al interior de la sociedad.

La hoja de ruta se planificó en las reuniones y talleres que, desde el inicio de la década de los noventa y con la ayuda de la dictadura cubana, han tenido lugar en el Foro de Sao Paulo, un órgano de cooperación multilateral de extrema izquierda.

Una vez se toma el poder, es imperativo promover una reforma constitucional. Todo, con objeto de fortalecer el poder ejecutivo, limitando con ello la acción de los poderes legislativo y judicial. De hecho, la estrategia busca también capturar el poder judicial para hacer política desde los tribunales, utilizando las cortes para perseguir a los adversarios políticos que puedan poner en riesgo la actividad gubernamental y la agenda izquierdista (y depredadora) que se desea poner en práctica.

Pero el asalto no acaba ahí. Queda la sociedad civil. Desafortunadamente, en los países marcados por el Socialismo del Siglo XXI, la sociedad civil es débil. De hecho, difícilmente puede existir como tal, pues el Estado apresa o elimina cualquier tipo de organización que pueda poner en tela de juicio sus actuaciones.

Rafael Correa fue capaz de llevar a cabo todo esto: modificó la Constitución, capturó temporalmente la Justicia, promovió leyes mordaza con el fin de limitar la libertad de expresión y perseguir a sus adversarios y debilitó toda organización de la sociedad civil que no fuese partícipe de su agenda política. Aún así, se le pudo vencer, contribuyendo a una mejora de la calidad democrática en Ecuador.

Es por esto, porque se les puede vencer, que Rafael Correa ha mostrado su enfado la pasada semana, cuando varios líderes políticos del Ecuador se posicionaron como firmantes de la Carta de Madrid. La carta es un documento que pretende incluir a todos los demócratas, presentando un acuerdo de mínimos que rechaza abiertamente el comunismo y las narcodictaduras que han condenado a tantas personas a la pobreza en Iberoamérica. Se enfadan porque saben que pueden perder. Se enfadan porque saben que están perdiendo.

Aquellos que creemos en la separación de poderes y en el Estado de Derecho somos más. Y por eso no quieren que nos asociemos, no quieren que hablemos entre nosotros, no quieren que nos organicemos para defender y promover democracias de calidad comprometidas con la defensa de las libertades y la estructura de derechos de las personas. Ante los dictadores sólo hay una respuesta: la defensa de la libertad. Se enfadarán mucho más. La Carta de Madrid es una herramienta de denuncia y un espacio de cooperación para garantizar un futuro mejor para los nuestros.

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