¿Qué relación puede existir entre el acervo doctrinario de Maritain, padre de la DC, y el comunismo que destruye la esfera pública y reduce al humano a un haz de reacciones, despojándolo de toda singularidad, historia y capacidad de acción individual o grupal?

Chile es, probablemente, el único país del mundo occidental donde la democracia cristiana (DC) pacta y negocia con los comunistas. ¿A qué se debe la reticencia en otras partes del globo? A que el mensaje de amor al prójimo, constitutivo de las vísceras de todo partido político que se diga cristiano, contradice de fondo la impotencia marxista que cobra vida en democracia. Con “impotencia marxista” me refiero a la incapacidad de los partidos del martillo y la hoz por lograr la adhesión mayoritaria del voto. Es muy posible que Marx haya estado al tanto del carácter minoritario de una fuerza que nace del odio, el resentimiento y la envidia. De ahí que decidiera proponer la revolución violenta como medio para la obtener del poder. Ese es uno de los aspectos centrales que impiden un pacto entre quienes siguen a Jesús a través de Jacques Maritain y los siempre bien dispuestos a asesinar a millones de personas en nombre del progreso, la razón y el bien de la humanidad.

Otro aspecto a considerar es la noción de bien común de propuesta por Maritain en su obra El hombre y el Estado. Ésta excede el mero existir del individuo con otros, entendido como el disfrute de un bienestar material, las coordinaciones de las actividades productivas y de aquellas que dicen relación con el Estado. Éstas últimas constituyen una esfera en que la existencia humana se desarrolla y constituye en relación a otros. Es entonces cuando la existencia humana cobra sentido y los individuos dejan de ser una entidad simplemente biológica, sujetos únicamente reactivos ante los deseos y necesidades individuales. Así, el bien que es común a todos en el cuerpo político, sólo puede traspasar la esfera del mero existir individual a la vida si considera la experiencia histórica común, “la integración sociológica de la conciencia cívica total, las virtudes políticas, el sentido del derecho, la libertad de todas las actividades […], el esplendor espiritual, la sabiduría hereditaria que opera inconscientemente, la rectitud moral, la justicia, la amistad, la felicidad, la virtud y el heroísmo en las vidas individuales de los miembros integrantes del cuerpo político”. ¿Qué relación puede existir entre el acervo doctrinario de Maritain, padre de la DC, y el comunismo que destruye la esfera pública y reduce al humano a un haz de reacciones, despojándolo de toda singularidad, historia y capacidad de acción individual o grupal?

Si queremos hablar de la historia política de Chile, tendríamos que intentar resolver tamaño enigma. Y es que sus momentos totalitarios tienen el sello de una DC que se traiciona a sí misma, abandona su espíritu y pacta con los comunistas. En términos que exceden al pacto descrito por Max Weber, entrega su alma al diablo. Lo que sucede de ahí en adelante es un fenómeno coherente con el pacto suscrito: los demócratacristianos se transforman en títeres, sumisos al poder que detentan sus correligionarios comunistas. Ello no ha de extrañarnos si consideramos el tipo de psiquis que los caracteriza. Hablamos de personas de fe que se alimentan de doctrinas religiosas, tienen fuertemente exacerbado el instinto de rebaño y suelen desarrollar su intelecto por sobre el promedio.

Como si fuera un espejo que muestra el reverso psíquico del demócratacristiano, el marxista, en lugar de comunidad, nos habla de colectivo; reemplaza a Jesús por la ley de la historia y al milagro del bien común que resulta de la interacción de individuos en la esfera pública por la redención de la sangre burguesa. No olvidemos que la palabra “milagro” es frecuente en los textos que describían de las maravillas de la Rusia revolucionaria.

A partir de la observación de la psiquis de nuestros dos tipos de zoon politikón (animales políticos) hemos llegado a la resolución del enigma. A la pregunta de por qué en Chile la DC pacta con el comunismo e, incluso, sirve de residencia a comunistas encubiertos, la respuesta nos conduce directamente a reconocer la fragilidad de un tipo de psiquis religiosa, incapaz de evitar la manipulación. ¿Cuál es la hebra que el marxismo titiritero sabe estirar y encoger de los demócratacristianos? La culpa; es ahí donde reside la gran diferencia entre quienes promueven la destrucción de la vida humana, justificando con alegría y sin remordimientos el horror que avanza su utopía y cristianos culposos, incapaces de resistir la tentación que constituye el placebo psicológico de la quimera marxista.

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