La Teoría Crítica, la disciplina marxista que condujo a la actual Teoría Crítica de la Raza, hizo hincapié en la cultura más que en la economía, razón por la cual a veces se la denomina Marxismo Cultural.

En primer lugar, lo que me gustaría que entendieran ustedes, y lo que me gustaría que entendieran sus jefes, es que estamos luchando contra el marxismo. En la Teoría Crítica de la Raza (TCR) nos enfrentamos al marxismo. Y en Black Lives Matter nos enfrentamos al marxismo.

Me parece que debería decir algunas palabras sobre el marxismo, porque es un asunto que ya no se enseña en la escuela y porque la prensa miente sobre él. Politifact dice que el marxismo solo es una manera de analizar “el cambio social a través de una lente económica”.

Eso es una gran mentira. Sí, es cierto que Marx observó la vida a través de una lente económica deformada, pero el marxismo es mucho más que eso.

El marxismo afirma que el gobierno debe planificar la economía y debe ser el propietario de los medios de producción. También decreta que la propiedad privada no debería existir. Además, los comunistas creen que la familia, la base de la sociedad, tampoco es un hecho digno de existencia. Y según Marx, trabajar por un salario es una forma de esclavitud.

Eso también es mentira. De hecho, el marxismo siempre acaba en esclavitud, con el hombre reducido a un autómata que debe rendir cuentas a un gobernante que no las rinde jamás. Una y otra vez acaba en colas del hambre, porque elimina el mecanismo de la formación de los precios en el mercado. Acaba en un doble rasero, porque la disidencia no está permitida cuando el pueblo no puede destituir a quien gobierna. Y en el gulag, para aquellos que no cumplen sus reglas.

Son unas cuantas buenas razones para oponerse al comunismo y constituyen la razón por la que Estados Unidos siempre ha estado a la vanguardia de la lucha contra el comunismo.

Una característica del análisis marxista es que la sociedad está dividida en categorías de opresores y de oprimidos. Contempladas bajo la lente económica del comunismo, estas categorías son el proletariado y la burguesía.

En cambio, la Teoría Crítica, la disciplina marxista que condujo a la actual Teoría Crítica de la Raza, hizo hincapié en la cultura más que en la economía, razón por la cual a veces se la denomina Marxismo Cultural. El proletario no se rebelaba, como había predicho Marx, porque prefería gastar sus energías para convertirse en un burgués. Así que hubo que someter a los integrantes de la clase trabajadora a intensas sesiones de reeducación para transformar esa impertinente y molesta “falsa conciencia”.

Hoy en día podemos comprobarlo en los programas de formación y en los planes de estudio escolares, que imponen estas teorías a niños y adultos. En realidad, no son más que formas de acoso en el lugar de trabajo, así como de abuso infantil. Y son ilegales, como están descubriendo los Estados a lo largo y ancho de Estados Unidos.

Lo que sí que ha cambiado es que ahora el hecho crucial es la raza. Esta nueva rama de la Teoría Crítica, la Teoría de la Raza Crítica, se apropió de ese ideario distorsionado y le añadió el concepto de “Raza”.

La nueva categoría de opresor es desde entonces el hombre blanco, protestante o al menos cristiano, dedicado a oprimir a todos los demás.

Los oprimidos no siempre son los mismos y, de hecho, ahora están sufriendo un proceso de cambio. En los años 60, la categoría de mujeres blancas vio cómo su sufrimiento era análogo al de los negros y así se convirtieron en víctimas. Incluso se habló de “Jane Crow” (por las leyes racistas llamadas “Jim Crow”).

Ahora, en cambio, las mujeres blancas se están convirtiendo en opresoras y “Karens” (un término peyorativo utilizado en Estados Unidos y que representa a un estereotipo de mujer blanca racista o supremacista que utiliza sus “privilegios” para lograr su objetivo a expensas de los demás). Robin DiAngelo, divulgadora de la Teoría Crítica Racial (TRC), dedica un capítulo de su libro -titulado White Fragility (“Fragilidad blanca”)- a lo que denomina “White Women’s Tears” (“Las lágrimas de las mujeres blancas”).

También los judíos, que están entre las personas más victimizadas de la historia de la humanidad, son ahora opresores, y estamos asistiendo a una nueva ola de ataques antisemitas en todo el mundo impulsado por el lenguaje incendiario de BLM y de los progresistas miembros de Squad.

Los norteamericanos de origen asiático también han sido incorporados a las filas de los opresores. Están accediendo a las universidades de élite demasiado deprisa y por si fuera poco valoran el trabajo, la educación y la familia tradicional. Así que se han convertido en “blancos adyacentes”.

De esta forma, quien tiene éxito gracias al trabajo y al esfuerzo personal se convierte en un opresor. ¿A qué se debe esto? ¿Cuál es su causa?

La razón es que la TCR no quiere que tengas éxito. Cuando tienes éxito y no eres un varón blanco protestante, estás demostrando que, después de todo, Estados Unidos no es la zona cero del “racismo sistémico”. Peor aún: cuando tienes éxito, te incorporas al sistema en lugar de derribarlo. Y los defensores de la TCR no quieren que el sistema se perpetúe. Quieren que lo destruyas.

Los defensores de la TCR creen que la Era de los Derechos Civiles fracasó porque no eliminó el sistema que estaba en el poder en Estados Unidos antes de 1964. La Ley de Derechos Civiles eliminó el racismo que imponían las leyes, el racismo de jure, pero no eliminó el racismo de facto que, según la TCR, es omnipresente.

Lo que quieren los seguidores de la TCR es un cambio de régimen. Creen que todo está teñido de racismo: las instituciones, las tradiciones, las normas, incluso el idioma. Hay que proceder a una sustitución general porque la Ley de Derechos Civiles no acabó bien su trabajo. Y ahora, son ellos los que se proponen acabarlo.

Y cada vez están más cerca de conseguirlo. Están invadiendo nuestras aulas, nuestros lugares de trabajo, incluso el Ejército y esto último convierte a la TCR en una amenaza para la seguridad nacional. A los soldados norteamericanos, hombres y mujeres que juran defender la Constitución y a los que se manda al extranjero a defender su país, se les obliga a leer textos que deslegitiman la primera y destruyen su identificación con el segundo.

Es vuestro trabajo, y el trabajo de quienes os dirigen, acabar con la Teoría Crítica de la Raza. Por fortuna, el pueblo norteamericano se está despertando. Estamos asistiendo a una ola creciente de oposición a los conceptos marxistas que se ha intentado imponer a los niños y a sus padres.

La extrema izquierda no esperaba este nivel de resistencia. Está desconcertada. Ahora bien, los que luchen contra todo esto acabarán dándose cuenta de que sus acciones tendrán éxito y su obra se verá recompensada. El pueblo norteamericano tiene demasiado apego a la libertad para acatar este tipo de conceptos.

Artículo original a continuación.

20210705-Mike

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