El señor Borrell pretende que los venezolanos aceptemos lo que Europa jamás aceptaría para sí misma en sus países, porque jamás permitirían que los criminales avanzaran tanto

Si hay un nombre que los venezolanos hemos aprendido a conocer en tiempos recientes es el de Josep Borrell. Su participación en el gobierno socialista de Pedro Sánchez como Ministro de Asuntos Exteriores y ahora su rol en la Unión Europea como Alto Representante para Asuntos Exteriores, así como cercanía con el Expresidente de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, han dado suficientes indicios de su proceder, muy preocupante por demás.

Borrell ha sido un férreo opositor a la política de sanciones contra regímenes como el de Venezuela o el de Cuba. En general, ha criticado la línea dura de sanciones en la región y, por el contrario, apuesta por una “salida democrática, pacífica y negociada” en el caso venezolano y otros más, haciéndole coro al señor Rodríguez Zapatero quien ha fungido como principal lavacaras y agente del régimen criminal del país sudamericano. Así, el señor Borrell apuesta a darle tratamiento político a quienes son criminales, siendo condescendiente y amable con un régimen corrupto e ilegítimo que ha cometido crímenes de lesa humanidad y que no tiene ningún tipo de escrúpulos.

El máximo representante de la diplomacia europea contribuye, pues, con el grupo de cómplices del régimen que está urgido por darle legitimidad y por blanquearle sus crímenes, haciendo creer que es posible una salida democrática a una situación que, desde hace mucho, dejó de ser política. Borrell pretende usar su investidura dentro de la institucionalidad europea para decir que Europa avala su proceder, mientras a escondidas y de forma recurrente busca hacer guiños a los enemigos de la democracia en América Latina.

Y es que Borrell, antes que funcionario sin posición política, es una ficha de la izquierda global para prestarse a los juegos que regímenes autoritarios y criminales llevan a cabo. Sus tímidas posiciones hacia Cuba, Nicaragua y Venezuela son la más clara expresión de que no está en sus intenciones que esos regímenes lleguen a su fin, sino que puedan seguir ejerciendo el poder al costo que sea. Todo esto, dando a entender que “Europa lo apoya”, mientras muchos países europeos, con posiciones firmes, guardan silencio y dejan que Borrell los arrope desde la complicidad de su cargo.

Borrell aplica guantes de seda porque se trata de sus amigos. No escatima en usar todo su poder a favor de regímenes con probada conducta criminal, olvidando que cada día que pasa es una condena para los venezolanos y en general para todos quienes luchamos contra esos regímenes. En ese afán, ahora el Alto Representante decide enviar una misión técnica exploratoria para ver si es posible que la Unión Europea envíe una misión de observación electoral a la farsa convocada para el régimen en noviembre próximo.

Borrell se vale de sus satélites y aliados en Venezuela, en el régimen y en la “oposición” representada por Henrique Capriles y sus secuaces, para decir que ha habido avances significativos que podrían, ahora sí, hacer que la UE vea esa farsa electoral. Sí, avances significativos en un país donde nada ha cambiado, donde se sigue persiguiendo y apresando, donde sólo se han maquillado prácticas que siguen en esencia dándose y donde el drama humano no se detiene un segundo. Así hacen que exiliados regresen como si nada, después de “huir” de la dictadura, para ser candidatos, desprestigiando algo tan serio y doloroso como el exilio. Como eso, lo hacen con todo en lo que los falsos opositores estén dispuestos a hacerle comparsa al régimen criminal. Borrell, como Zapatero, es corresponsable de ello.

El objetivo es decir que Europa apoya esa farsa que, entre otras, ayuda a desmontar todo lo que ha hecho que hoy el régimen sea visto por el mundo como criminal, corrupto e ilegítimo. ¿Cómo pueden decir eso del régimen si convoca elecciones con presencia de la UE? ¿Cómo es que en Venezuela hay ilegitimidad si se reconoce a un régimen que convoca elecciones y que simula que todo está bien, a pesar de que sigue torturando y matando?  Nadie entendería cómo se podría revocar a un régimen que se supone que es ilegítimo y que no es reconocido, salvo porque Borrell está desesperado por llamarle presidente al tirano y democracia al régimen criminal.

Sería bueno que esa misión técnica que llegó a Venezuela y que estará por varias semanas “evaluando” las condiciones, se fijara en lo que hay alrededor de las máquinas y centros electorales, en lugar de analizar el sistema de votación. Debería hacerlo, porque de nada sirve tener una máquina que, aparentemente, permite “elegir”, aunque no sea así, cuando la gente se muere de mengua y no puede siquiera conseguir lo mínimo para subsistir. Debería esa misión técnica ir a la zona fronteriza del país e intentar explicar como un “avance significativo” de una auditoria técnica servirá para que la gente vaya a votar con la guerrilla colombiana o algún otro grupo criminal asediando, o quizás intentar decirle al país como alguien, desde “La Tumba” siendo torturado, podrá ejercer un derecho que ahora “es más nítido que antes”. Así, el régimen ha emprendido una serie de concesiones cosméticas que no lo hacen moverse ni un milímetro en su proceder, pero que son vistas por el mundo, gracias a Borrell y sus maniobras, como “avances significativos”. Concediendo nada, desmontan todo lo que los ha acusado de criminales, corruptos e ilegítimos.

El señor Borrell podrá pretender borrar lo humano con lo técnico, pero se encontrará con venezolanos que no vamos a permitir ningún juego normalizador ni lavacaras. Esa misión se encontrará con la verdad, que no es la de las auditorias maquilladas ni la de los falsos avances, sino la de la miseria y la frustración de un país que hace mucho no puede elegir y que no elegirá hasta que régimen se vaya.

De ahí que la voz de los valientes defensores de la democracia en el Parlamento Europeo sirva de contrapeso a las intenciones del Alto Representante y sus cómplices. Los países de Europa deben hacer lo propio y negarse a las gestiones que pretenden decir que todo está bien en Venezuela, o al menos mejorando, mientras todo sigue igual que antes y hasta peor. El señor Borrell pretende que los venezolanos aceptemos lo que Europa jamás aceptaría para sí misma en sus países, porque jamás permitirían que los criminales avanzaran tanto. No se puede esperar nada de Borrell, cuando en sus narices el tirano bielorruso Lukashenko hizo lo que hizo en la propia Europa, teniendo una respuesta tan tibia como la de quien ve un amigo en lugar de una amenaza. Ese es Borrell y así es su proceder.

Borrell invita a que Europa acompañe un proceso fraudulento, haciendo que muchos se vayan por ese abismo bajo la excusa de que el régimen está cambiando, está abriéndose y está rectificando. Lo paradójico es que ese mismo Borrell y la UE, cuando algún opositor sea apresado, guardará silencio o, si acaso, emitirá un comunicado. Borrell invita a ser parte del juego con los criminales, pero cuando los criminales traicionan, luego no hace nada para salvar a quienes él invitó a jugar. Se lava las manos y nos deja a la deriva, aún cuando él fue cómplice de ese proceder.

Por esa razón nos negamos y le diremos mil veces no a sus gestiones apaciguadoras. Borrell es la complicidad disfrazada de Europa. Como ya he dicho, si Europa quiere ayudarnos, debe ser menos Borrell.

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