Las ideologías totalitarias (socialismo-comunismo; fascismo; nacionalsocialismo) han sido un producto propiamente europeo: pensado, creado y desarrollado en Europa a través de organizaciones transnacionales.

Las ideologías totalitarias (socialismo-comunismo; fascismo; nacionalsocialismo) han sido un producto propiamente europeo: pensado, creado y desarrollado en Europa a través de organizaciones transnacionales.

El socialismo – comunismo aprovechó los movimientos de masas de la convulsa Europa que salía de la primera Gran Guerra para triunfar en Rusia, intentarlo en Alemania y expandirse a través de la tercera Internacional (o Comintern). El fascismo surgió de las mismas cenizas, creado por un socialista desencantado (Mussolini) que embaucó a la Italia de entreguerras y triunfó. Con mayor pureza ideológica el nacionalsocialismo de Hitler se apoderó de Alemania y desde ella inició una guerra imponiéndose en todos los territorios anexionados y ocupados por el tercer Reich, a través del terror y la propaganda. Ahora estamos ante una nueva oleada ideológica, nos encontramos en una versión 2.0 de la implantación totalitaria: el Generismo o ideología de género que se alza nuevamente a un nivel transnacional, sorprendentemente auspiciado por las políticas de la Unión Europea que nos impone sus leyes y modelos formativos a todos sus países miembros.

La imposición ideológica “generista” se asemeja mucho a la anterior “nazificación” y a la “sovietización” europea. El ejemplo lo tenemos en la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, quien con tono de grave amenaza ha lanzado una batería de medidas para penalizar al Gobierno húngaro de Viktor Orbán forzándole a modificar su ley sobre de protección de la infancia por ir contra los “valores europeos”. Del mismo modo se ha presionado al gobierno de Polonia anteriormente. Si atendemos a la ley de Hungría, no solo es una ley legítima de un estado nacional, que debe ser respetado, sino que su objeto es la protección del menor frente a delitos como la pedofilia a través de medidas que van dirigidas a controlar el acceso de los menores de edad a contenidos de pornografía y limitar el adoctrinamiento LGTBI, impidiendo su propaganda “generista” en las escuelas y, así mismo, la difusión de contenidos sexuales en horarios infantiles. Esto ha desatado las iras de la Comisión Europea.

Como contrapunto, sin embargo, he visto estos días en Berlín una publicidad de la Central Federal para la Formación Sanitaria (Bundeszentrale für gesundheitliche Aufklärung -BZgA-) con la siguiente información:

Recomendación de estándares para la formación sexual con la profundización en los siguientes temas:

De 0 a 4 años: masturbación en la niñez temprana.

De 4 a 6 años: autosatisfacción, homosexualidad.

De 6 a 9 años: transito de género, prevención y lujuria.

De 9 a 12 años: orientación de genero.

De 12 a 15 años; todo sobre el tema “sexo”.

Esta propaganda debe ser lo que Ursula von der Leyen, destacada política de la derecha liberal alemana (CDU) considera como “valores europeos” sin percibir que tales recomendaciones no son más que medidas e imposiciones de “nazificación-sovietización generista” que crecen se propagan y se imponen bajo su amparo.

Es sorprendente que la derecha demo liberal no perciba el peligro totalitario del Generismo que ha suplido el vacío dejado por el hundimiento de la ideología marxista (trasnochada desde los acontecimientos que en 1989). El arcoíris es rojo por dentro con estrella de cinco puntas y hoz y martillo cosido a su tela, también el violeta es rojo en su reverso, pues las vacías expectativas marxistas y sus dogmas han sido sustituidas por el Generismo. Ideología de perfil bajo con su cientifismo de extraña mezcla entre creencia fanática y pseudo-ciencia, por supuesto, opuesto radicalmente a la ciencia auténtica y natural: a la biología.

La vieja lucha de clases transfigurada y refractada en arco iris, de ahí que insista en “nazificación” o “sovietización” de imponer leyes y pautas acompañadas de coerción legal y penalización para acallar al disidente de su argumentario irracional e impositivo, porque solo a través de la propaganda y la represión se puede silenciar a la razón y al buen sentido. 

La Alemania tan bien dibujada por Hans Fallada en su novela Solo en Berlín es la atmósfera social a la que no quieren llevar los “generistas” y sus cómplices demo liberales en muy poco tiempo.

Sólo si la gente buena y sencilla, aquellos quienes “el buen sentido” les suscite la sorpresa, la perplejidad, la preocupación y, más allá, la resistencia para confrontarse contra esta corrupción ideológica, haremos que aun no sea demasiado tarde, recuperamos aquello de Edmund Burke de: «para que mal triunfe, sólo es necesario que los buenos no hagan nada».

¿Acaso la Unión Europea sea la nueva “tercera Internacional” o el nuevo “tercer Reich” que impone y amplifica la progresión del nuevo totalitarismo “generista” para el adoctrinamiento de los niños bajo un fanatismo pansexualista?

Escandalizarse e indignarse y no ver más que corrupción en la pretensión de hablar a “niños de los 0 a los 4 años de masturbación” “de “6 años de más masturbación y homosexualidad”, y así progresivamente, es la más natural. Pero la ideología tiene un fin primordial: la desnaturalización. Porque lo peor de esta política neo-totalitaria (cierto que no hay ni racismo, ni lucha de clases) es que hay un elemento mucho mas siniestro y peligroso: Una auténtica “nazificación o sovietización ideológica” de la infancia en su vida íntima, en lo más privado y personal. Hay, además, un afán de usurpar a los padres la potestad de formar en conciencia a sus hijos y de arranca el principio de subsidiariedad de la sociedad entera. Nunca las leyes y las políticas se habían atrevido a tanto inmiscuyéndose en la intimidad y privacidad de los niños y los jóvenes. para imponer su distopía de “desnaturaliza el sexo” extirpándolo de su mundo propio, que el ámbito afectivo, psicológico y moral, con vistas a politizarlo.

La fuerza de toda ideología reside en crear un conflicto mayúsculo y para ello encuentra siempre una víctima con quien vincular emocionalmente al ideologizado y un opresor y culpable. La víctima ha de ser un oprimido de largo recorrido, que ya no es la clase trabajadora (del comunismo) ni si quiera la mujer (feminismo) sino algo más abstracto y amplio:  una feminidad holista en todas sus formas, orientaciones, posibilidades y tendencias “performativas” (algo así como posibilidades de cambio. Tal feminidad, que va desde la mujer hasta lo queer, es una víctima que ha sido terrible e inmemorialmente avasallada y vejada por el dominio patriarcal y machista, ahora el opresor es un machismo en sentido amplio y abstracto (que comprende el patriarcado, la heterosexualidad como normalidad, la moral religiosa judeocristiana). Un gran culpable de la subyugación y alienación de lo femenino, lo gay, lo queer, etc. Así, si se conocen las leyes de formación del género, para liberar a quienes sufren discriminación y desigualdad es necesario revertir (revolución radical) a través de la transvaloración de normas, leyes y parámetros culturales para tomarse revancha de aquella opresión inconmensurable.

¿Estamos o no, señores demo liberales de derechas, ante una ideología con fines totalitarios? ¿A dónde nos quieren ustedes llevar? ¿Qué futuro les espera a nuestros hijos y nietos bajo este tipo de imposiciones de género que afectan a su intimidad más profunda, estados de conciencia y relación con su propio cuerpo?

Sin gobiernos como el de Hungría, Polonia, Eslovaquia o República Checa y conservadores que, en España, en Alemania, en Francia, en Italia, buscamos otra dirección de Unión Europea, viendo que la actual dirección nos arrastra al lodo ideológico, de modo muy semejante a como la Sociedad de Naciones, de entreguerras perdida en sus frivolidades (maravillosamente descritas por Albert Cohen en su novela Bella del Señor) arrastró a Europa a una deriva que llevó al peor de sus conflictos.

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