Para poder gobernar con tranquilidad, Castillo necesitará el apoyo de 29 diputados pertenecientes a otros grupos políticos

El pasado miércoles 28 de agosto, Pedro Castillo tomó posesión como nuevo Presidente del Perú. El acontecimiento tuvo lugar en un ambiente marcado por la incertidumbre, fruto de las acusaciones realizadas por varios actores sociales de fraude electoral. Castillo no ha contribuido a tranquilizar la situación, incluyendo en el futuro Gobierno a personas con un pasado (y un presente) asociado a la izquierda más radical. Destacan Héctor Bejar, exguerrillero y un histórico admirador de Fidel Castro; Guido Bellido, otro seguidor de la dictadura cubana, cercano al poder en la sombra que representa Vladimir Cerrón; e Iber Maraví Olarte, en su momento Presidente del Comité de Lucha de la facción magisterial de Sendero Luminoso.

El nuevo Ejecutivo, que todavía no está completo, ha contribuido a elevar los ya dramáticos niveles de desconfianza institucional existentes en el Perú. El discurso de investidura del nuevo Presidente estuvo marcado por los desplantes al Rey de España y a Iván Duque. Lo anterior, probablemente fue resultado de la influencia del castrista y chavista Béjar. Esta situación ha motivado una importante salida de capitales, ha provocado una caída de la bolsa de Lima del 6% y ha situado el dólar en máximos históricos. Se ha generado un ambiente de tensión que sin duda contribuirá a un aumento de la conflictividad social y política. Dicho esto, el escenario que enfrentará el nuevo Presidente de la República no es para nada sencillo. Perú se encuentra en una situación muy problemática resultado de la pandemia provocada por el COVID 19. En estos momentos y con 183.000 fallecidos es el país a nivel global con más muertos con relación a su población.

La crisis sanitaria exige medidas a corto plazo, y no parece que el nuevo Gobierno disfrute de la capacidad para responder a las demandas ciudadanos. Sin embargo, unido a la pandemia, se encuentra el complejo escenario político que se vive en el país. El Congreso peruano está muy fragmentado en estos momentos, con nueve grupos parlamentarios representados en la cámara. Perú Libre fue la opción más votada, pero sus 37 escaños están muy lejos de la mayoría absoluta, ubicada en 66 diputados. Para poder gobernar con tranquilidad, Castillo necesitará el apoyo de 29 diputados pertenecientes a otros grupos políticos. Más, si lo que busca es como ha prometido una reforma constitucional. No es ningún secreto que líderes como Veronika Mendoza, de Juntos por el Perú, ha dado su apoyo al Presidente Castillo. Pero aun así, la agenda del líder comunista se encuentra muy encorsetada resultado del mapa electoral fruto de las elecciones del pasado 11 de abril. Castillo necesitará el apoyo de líderes más moderados como César Acuña. Y quizás eso no llegue a tener lugar si el Ejecutivo avanza en su radicalismo.

Esto último es de gran relevancia. Unido al problema sanitario y al institucional, Pedro Castillo debe poner orden al interior de la organización que lidera. Se percibe una lucha entre facciones que sin duda generará problemas de todo tipo en el funcionamiento y en la estabilidad del Ejecutivo. Son muchas las familias y las sensibilidades que posee la organización. Lo anterior, la batalla por el poder dentro de Perú Libre, puede llegar a convertirse en el mayor de los problemas políticos del nuevo Presidente.

En estos momentos, es la facción radical liderada por el dueño del partido, Vladimir Cerrón, la que domina la organización y controla al propio Presidente. Lo anterior se puede afirmar al ver los nombramientos llevados a cabo durante la semana pasada. Si dicha facción gana fuerza y controla definitivamente el poder, las coaliciones al interior del Congreso serán más costosas (en términos políticos) y la deriva autoritaria que sufrirá el Perú será inevitable. Para muchos de ellos, Fidel es un líder que imitar y Maduro un estadista que ha marcado el camino por el cual transitar. Esa será definitivamente la agenda. Ojalá la fragmentación legislativa y el inevitable pluralismo de facciones que existe al interior de Perú Libre sirvan para frenar, por lo menos temporalmente, el camino a la dictadura que desea la cara más radical de la izquierda peruana.

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