Los estados iberoamericanos no generan confianza nacional ni internacional y ese es el mayor problema que tiene esta parte del mundo

La Iberosfera pasa por malos momentos. La crisis de la COVID -19 ha tocado muchas de las economías en la región y las tensiones políticas no han dejado de crecer. Lo anterior ha generado un clima de inestabilidad que puede provocar derivas autoritarias (de hecho, lo está haciendo) en un gran número de países.

En otro artículo citábamos el prestigioso índice V-Dem. A día de hoy, el laberinto iberoamericano sigue siendo confuso. La mayoría de naciones se encuentran en tierra de nadie. Costa Rica y Uruguay son los únicos países considerados democracias plenas. El autoritarismo se percibe con claridad en Venezuela y Nicaragua, naciones capturadas por el Socialismo de Siglo XXI. Las elecciones que han tenido lugar este año nos dejan resultados inciertos (a excepción de lo sucedido en Ecuador) que no favorecen un entorno estable en la región. Y lo anterior puede contribuir a complicar más la situación.

Los estados iberoamericanos no generan confianza nacional ni internacional. Y ese es el mayor problema que tiene esta parte del mundo. Los datos presentados por Corporación Latinobarómetro son claros al respecto. El mayor reto que tiene la Iberosfera es la generación de confianza, pues sin ella es imposible adquirir legitimidad interna (apoyo ciudadano a la causa democrática) y certeza a nivel internacional con objeto de mejorar las cifras de inversión extranjera directa.

No parece que los disturbios que han tenido lugar en Chile o Colombia, o el nuevo gobierno que se ha instalado en Perú, contribuyan a la estabilidad nacional y regional. Todo lo contrario, acrecientan un problema que ya era evidente antes de la crisis del COVID -19. Chile, por ejemplo, ha retrocedido 15 puestos en el Índice Economic Freedom of the World producido desde el Fraser institute. Perú se encuentra en manos de comunistas y senderistas radicales que buscan una reforma constitucional. La misma destruirá con total seguridad el camino hacia la prosperidad por el que discurría el país andino. Colombia enfrenta el próximo año unas elecciones que sin duda determinarán el compromiso que con la democracia tiene este país.

Las élites políticas deberían tener presente que el objetivo principal de aquellos que defienden la democracia, la libertad y el Estado de Derecho debe ser la generación de confianza. El reto es grande porque el problema viene de antes. Las cifras de confianza institucional y personal ya eran decepcionantes (y preocupantes) en el año 2018. Lo anterior se traduce en un bajo apoyo a la democracia y en unos elevados niveles de descontento ciudadano con el desempeño de la misma. El informe producido por el Latin American Public Opinion Project, publicado desde la Universidad de Vanderbilt presentaba un escenario complejo en el año 2019. El gráfico número 1 muestra las cifras de apoyo a la democracia. Como se puede observar, los países más comprometidos con su defensa son Uruguay, Costa Rica y Argentina.


Gráfico 1. Apoyo a la democracia.

Fuente: Zechmeister, Elizabeth J., y Noam Lupu (Eds.). 2019. El pulso de la democracia. Nashville, TN: LAPOP. P. 12.


Los niveles de apoyo son muy reducidos en la mayor parte de naciones de la Iberosfera. Estas cifras son resultado de la baja satisfacción que la ciudadanía tiene con la evolución de la democracia liberal. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que más de la mitad de los ciudadanos en la Iberosfera no están satisfechos con el desempeño de sus democracias. Y lo anterior está claramente justificado.

El fracaso económico, la corrupción y los problemas de representación, la opacidad existente en las administraciones públicas iberoamericanas, etc., están destrozando la confianza ciudadana. Y esto, la pérdida de confianza a lo largo del tiempo, tiene consecuencias. El autoritarismo avanza en Nicaragua, en El Salvador, en Honduras. Y dicho autoritarismo adquiere formas diversas y complejas de estudiar. En el primero de los países, la dictadura es de marcado carácter izquierdista. Un proyecto típico, hijo del Foro de Sao Paulo.

En El Salvador, sin embargo, Nayyib Bukele está desarrollando una nueva forma de autoritarismo. El líder salvadoreño no evita su presencia pública. Tampoco su protagonismo en las redes sociales. Bukele, que proviene aunque muchos no lo quieran reconocer del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) transita hacia el autoritarismo utilizando las nuevas tecnologías y aprovechando su imagen como expresión de la «nueva política» . El caso hondureño requiere de otro calificativo, por las conexiones que el gobierno de marcado carácter conservador tiene con el narcotráfico.

Las élites del resto de países deben decidir a dónde quieren conducir a sus naciones. ¿Desean el estancamiento económico y el autoritarismo? ¿Apuestan por la defensa de la democracia liberal como Uruguay? El futuro de la región depende de este tipo de decisiones. Solo así, comprometidos con el Estado de Derecho y la libertad, y presentando una batalla frontal contra los liberticidas se puede recuperar la confianza nacional e internacional e iniciar el camino hacia desarrollo que tanto ansían las personas que habitan en la Iberosfera.

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