Angela Merkel se ha marchado. Pero ¿nos hemos librado del “merkelismo”?

Angela Merkel se ha marchado. Pero ¿nos hemos librado del “merkelismo”?

Es cierto que Angela Merkel se ha ido, pero deberíamos preguntarnos si el “merkelismo” se va con ella. La canciller se va, pero será difícil que su sustituto, Olaf Scholz, abandone el “merkelismo”.

En 1998, el canciller demócrata-cristiano Helmut Kohl se presentó por quinta vez a las elecciones parlamentarias alemanas y fue derrotado después de 16 años en el poder. Fue un caso claro y nítido de alternancia en el poder.

Durante la primera sesión del Bundestag después de las elecciones, el canciller saliente, derrotado en las urnas, estrechó la mano de Gerhard Schröder, el ganador socialdemócrata. El pasado 26 de octubre de 2021, 23 años después, también salimos de un período de 16 años en el poder de un canciller de la CDU, pero Angela Merkel fue inteligente al no presentarse a la reelección. No fue ella quien perdió sino su partido, la CDU, incapaz de distanciarse de ella.

El 26 de octubre, día de la sesión constitutiva del nuevo Bundestag, la Canciller ya no ocupaba los escaños del gobierno sino la tribuna de honor. Se limita a gestionar los asuntos del día a día. Como la señora Merkel no volvió a presentarse a diputada, el presidente de la República Federal le otorgó una “carta de fin de mandato”. Y todos los comentaristas subrayaron que en la Cámara de Diputados de Alemania reinó un ambiente de renovación, simbolizado por otro traspaso de poderes, el del demócrata cristiano Wolfgang Schäuble, uno de los veteranos de la Asamblea, a la socialdemócrata Bärbel Bas para asumir la presidencia del Bundestag.

Es cierto que Angela Merkel se ha ido, pero deberíamos preguntarnos si el “merkelismo” se va con ella. La señora Merkel se va, pero será difícil que su sustituto, Olaf Scholz, abandone el “merkelismo”.

En primer lugar, conviene recordar que Olaf Scholz fue ministro de Hacienda y vicecanciller del último gobierno encabezado por Angela Merkel durante tres años y medio. Pasó desapercibido en muchos asuntos, comenzando por las políticas sanitarias “confinatorias” que se pusieron en marcha en nombre de la lucha contra el COVID-19. Es posible argumentar que, de los dos “herederos” de Angela Merkel -la canciller que gobernó doce de sus dieciséis años con el SPD- la personalidad de Olaf Scholz, más decidida, se ha impuesto sobre la del demócrata-cristiano Armin Laschet.

En esencia, el gobierno rojo-amarillo-verde que debería formarse a principios de diciembre, es una estructura que no rompe con la filosofía merkeliana de “al mismo tiempo”, la negativa de la canciller saliente a construir una política de derechas a la que se habría opuesto una política alternativa que habría cristalizado en torno al SPD. Alemania ha estado gobernada, de 2005 a 2009 y más tarde de 2013 a 2021, por gobiernos de coalición CDU/SPD.

Angela Merkel inventó el “al mismo tiempo” de derecha e izquierda antes que Emmanuel Macron. El SPD y los Verdes, históricamente partidos de izquierdas, necesitan para gobernar al FDP, que históricamente es un partido de derechas; pero el lugar natural de este último estaría dentro de una alianza de las derechas, sobre todo por su insistencia en el equilibrio presupuestario y en la inversión industrial. Ni el FDP ni los Verdes podrán estar plenamente satisfechos con las cesiones que deberán asumir en un gobierno tripartito.

El asunto más delicado dentro de la coalición será el gasto presupuestario extraordinario para financiar la transición energética. Es un asunto y un método típicamente merkelianos. Lo que le habría gustado de verdad a Angela Merkel es que los Verdes hubieran ganado las elecciones o al menos hubieran conseguido un resultado que les permitiera gobernar solos con los demócrata-cristianos. Eludir la regla de oro del presupuesto y el Pacto Europeo de Estabilidad (que debería volver a entrar en vigor en 2022, después de los años Covid) con un plan de inversiones excepcionales es una forma de jugar con las reglas sobre la que el FDP (erróneamente) hará la vista gorda. En este caso volveremos a situarnos en ese espacio “ni de derechas ni de izquierdas” que tanto gusta a Angela Merkel. De hecho, durante los gobiernos de Angela Merkel, Alemania fue abandonando gradualmente una visión de una Europa basada en el principio de la subsidiariedad, en el que el respeto por las reglas presupuestarias de Maastricht era el umbral infranqueable.

Por desgracia, cuando se trata de políticas que restringen las libertades civiles en nombre de la lucha contra el Covid, no parece que vaya a cambiar nada, a pesar de la presencia de los liberales en el gobierno. La futura coalición y la CDU/CSU se pusieron de acuerdo el miércoles 27 de octubre, al día siguiente de la constitución del Parlamento, sobre una salida del estado de emergencia… acompañada de la continuidad de la política sanitaria, otro “al mismo tiempo” típicamente merkeliano. Para Angela Merkel, la política sanitaria fue el pretexto para erosionar las prerrogativas de los Länder (responsables de la salud pública) y poner en marcha una centralización que no se produce en Alemania desde hace mucho tiempo.

Es probable que las negociaciones permanentes que se producirán en una coalición tripartita (un hecho sin precedentes) acaben por limitar la efectividad del poder central. Ahora bien, no hay que hacerse ilusiones: los ministros-presidentes de los Länder no tuvieron el valor suficiente para resistirse a la presión centralizadora de Angela Merkel, antigua ciudadana de la RDA. Han participado en el movimiento general que consiste en confiscar parte del poder local y regional para cederlo al nacional y europeo, todo a expensas de la democracia.

Cuando se constituyó el nuevo Bundestag, pudimos observar que se prorrogaba otra característica de la era Merkel, la tendencia a convertir a la AfD (Alternativa para Alemania) en el chivo expiatorio permanente de los debates del Bundestag.

Aun así, hay que reconocer que se ha producido un cambio importante: después de 16 años en el poder, la CDU y la CSU (Unión Social Cristiana de Baviera) están en la oposición y tienen la oportunidad de regenerarse. Bien es verdad que es un camino muy largo, sobre todo si la CDU y la CSU prefieren abuchear a la AfD con todos los demás en vez de preguntarse en qué condiciones esta última podría algún día integrarse en una coalición de gobierno.

Artículo original a continuación.

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