Putin ha jugado su carta para aumentar su presencia en Europa del Este y potenciar la presencia de Rusia tanto en Europa como en el resto del globo. Se ha quedado solo. Solo en Europa, solo en América y muy debilitado tanto en África como en la propia Asia

Rusia ha invadido Ucrania hace ya más de una semana. La agresión ha sido justificada con base en la “desnazificación” del país. Al margen de estas motivaciones, estrictamente retóricas, subyacen una serie de reivindicaciones territoriales injustificables a todas luces. 

Putin y su gobierno desean: (i) Por un lado y en primer lugar, el reconocimiento del Donbas como territorio independiente afín a Rusia. (ii) el reconocimiento de una Crimea parte de Rusia. (iii) por último pero no menos importante, impedir la adhesión de Ucrania a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y a la Unión Europea (UE). Las tres reivindicaciones, como puede suponer el lector, afectan gravemente a la soberanía de Ucrania, independiente desde agosto del año 1991. 

Resultado de todo lo anterior, este conflicto está poniendo en juego la estabilidad europea y global. Él mismo ha sufrido el rechazo, casi unánime, de la mayor parte de países en la Organización de Naciones Unidas (ONU). Dicho esto, las abstenciones y los votos a favor de Rusia registrados el pasado 2 de marzo nos hablan del mapa de aliados que esta potencia posee en la actualidad y su capacidad de influencia. Comparando esta invasión con otros hechos registrados en su historia reciente, podemos afirmar que Rusia está cada vez más sola. También, que su capacidad de influencia está decayendo, fortaleciendo con ello tanto a la OTAN como a la UE.

Cuando vemos los resultados de la votación y los comparamos con otros periodos históricos, observamos con claridad esta pérdida de influencia de Rusia. Un claro ejemplo se produce en el espacio iberoamericano. Los países que votaron a favor de Rusia y contra la resolución de la ONU la pasada semana fueron cinco: Rusia, Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea. Ninguno ubicado en Iberoamérica. Además de estos votos favorables a Putin, se produjeron 35 abstenciones. Algunas, resultado del voto. Otras, por ausencia. En dicha lista se encuentran países como Bolivia, Cuba, El Salvador, Nicaragua o Venezuela, que decidió no asistir a la sesión. Estos votos son buena muestra de los aliados históricos que Rusia tiene en territorio iberoamericano.

Vladimir Putin ha cometido un grave error al pensar que Ucrania sería un territorio fácil de ocupar, sumiso. Probablemente, el líder autoritario pensaba que se repetiría la situación que tuvo lugar en el año 2008 en Georgia y en el año 2014 en Crimea. En uno, el conflicto duró nueve días. Crimea se ocupó en apenas un mes (veintitrés días). No será así en el caso de Ucrania, donde los niveles de violencia no dejan de crecer. Putin se ha encontrado un país consciente de sus riesgos y dispuesto a luchar hasta el final por su libertad, por sus instituciones y por su capacidad para decidir sobre su futuro. Y lo anterior ha provocado un cambio en los comportamientos de los distintos estados. Reacciones que antes no tuvieron lugar.

En al año 2014, Naciones Unidas realizó un procedimiento similar al de la semana pasada. En ese momento, los países que componen la Iberosfera se comportaron de manera distinta, apoyando a Rusia explícita o veladamente. Si observamos las votaciones se comprueba con claridad la tendencia. El 27 de marzo del 2014, las Naciones Unidas adoptaban una resolución con motivo de la invasión rusa de Crimea que llevaba por título “integridad territorial de Ucrania”. En aquella fecha, los países de Europa Occidental y los Estados Unidos también se posicionaron claramente contra Rusia. Sin embargo, en el territorio iberoamericano, los votos fueron más diversos. A favor de Rusia votaron la Bolivia gobernada por Evo Morales, la Venezuela de Maduro, Nicaragua y Cuba, la dictadura más longeva en territorio iberoamericano. Además, la resolución contó con las abstenciones de Argentina, Brasil, Ecuador, El Salvador y Uruguay.

En la situación actual, ningún país iberoamericano ha votado apoyando a Rusia. En el año 2014, fueron  cuatro. En la actualidad, se han abstenido cinco países de la Iberosfera, todos socios históricos de Rusia. En el 2014, el número de abstenciones fue también de cinco. Si sumamos los votos favorables a Rusia y las abstenciones podemos decir que en el año 2014 nueve países iberoamericanos (la mitad del continente, el 50%) apoyaban a Putin y sus medidas respecto a Crimea. Esa cifra ha caído en la actualidad a cinco (menos del 30%), siendo todos abstencionistas y ninguno dando apoyo explícito a Moscú.

Lo anterior muestra un cambio de rumbo. El debate respecto a Rusia está motivado estrictamente por posiciones favorables al autoritarismo y contra la democracia liberal. Solamente hay que ver qué países se han abstenido esta vez. No tiene que ver con el comercio, pues sus principales socios comerciales han votado contra Rusia. Brasil, México, Perú, Colombia y Argentina son, además de Venezuela, los países que tienen más relaciones económicas con Rusia. Todos (a excepción de Venezuela que se ha abstenido) han rechazado explícitamente las posiciones defendidas desde Moscú. Putin ha jugado su carta para aumentar su presencia en Europa del Este y potenciar la presencia de Rusia tanto en Europa como en el resto del globo. Se ha quedado solo. Solo en Europa, solo en América y muy debilitado tanto en África como en la propia Asia. La crisis está demostrando la debilidad diplomática del personaje y su equipo, además del peligro que representa este tirano para el mundo libre.

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