¿Cuando se demuestre que su muerte fue un asesinato antisemítico, confesarán las élites políticas y mediáticas de Francia haber encubierto el caso?

El antisemitismo podría estar mostrando su cara más asesina en Francia de nuevo. En la noche del 16 de febrero, Jérémy Cohen—francés de 30 años, discapacitado y de confesión judía—recibió una brutal paliza por parte de una turba multiétnica de jóvenes en las inmediaciones de la estación de tren de Bobigny, en el célebremente inseguro departamento de Seine Saint-Denis, al noreste de París, donde el riesgo de ser sometida a este tipo de violencia ha diezmado la comunidad judía hasta su cuasi-extinción. Una vez de pie y tambaleándose en su intento de huir de la escena, Cohen fue atropellado por un tranvía que se acercaba a la estación a 35 kilómetros por hora y murió unas horas después por lesión cránea. Los momentos previos al impacto fueron grabados por vecinos desde un bloque aledaño y hechos virales en Twitter, aunque la mayoría de medios no judíos, contra la petición de la familia Cohen, se abstuvieron de cubrir el incidente hasta el pasado lunes. ¿La probable razón? Francia acude este domingo a la primera vuelta de sus comicios presidenciales y divulgar el caso Cohen habría reforzado la posibilidad de que Éric Zemmour o Marine Le Pen, ambos críticos con la inmigración de masa, se cualifiquen para la segunda vuelta. Sus rivales en el gobierno y en los medios tienen mucho que explicar.

La muerte de un judío francés como probable consecuencia de una agresión antisemítica no es en sí nada nuevo. En los últimos 16 años, los asesinatos de este carácter han recurrido en Francia una vez cada 2.5 años de media, sin contar la profusión de insultos, provocaciones y otras formas de intimidación que la mayoría de judíos franceses expresan sufrir a menudo, según un estudio reciente del think-tank FONDAPOL y el American Jewish Committee (AJC). En 2006, una turba de 20 jóvenes secuestró, torturó y asesinó a Ilan Halimi, un judío de 24 años a quien esperaban extorsionar una fortuna. En 2012, una matanza terrorista afuera de una escuela judía en Toulouse se saldó con la muerte de tres niños. En 2015, otro terrorista secuestró a 17 rehenes en un supermercado kosher de París, matando a cuatro de ellos antes de ser abatido. En 2017, un inmigrante maliense asaltó el apartamento de Sarah Halimi, una anciana ortodoxa, y la mató a cuchilladas sin por ello ser declarado criminalmente responsable ya que mató bajo los efectos del cannabis. En el mismo barrio parisino, la superviviente del Holocausto Mireille Knoll fue similarmente asesinada en 2018. Pero el caso Cohen es particular por una razón—está eclosionando en el debate público a pocos días de unos comicios en los que dos candidatos de la denominada “extrema derecha” tienen altas probabilidades de cualificarse para la segunda vuelta.

El caso irrumpe de forma tardía—más de un mes y medio—en la agenda mediática por dos plausibles razones. La primera concierne el procedimiento judicial: hasta la semana pasada, el fiscal a cargo del caso se había centrado en el escenario de homicidio involuntario por el conductor del tranvía, desconectado de la paliza que el vídeo revela tuvo lugar tan sólo unos momentos antes, eludiendo pues el papel que pudo jugar el antisemitismo en la muerte de Cohen. En una conferencia de prensa el lunes, el fiscal, Eric Mathias, abrió una segunda investigación sobre la secuencia en su totalidad, llamando a que nuevos testigos ayudaran a identificar a los autores de la paliza. Por ahora, la única pista que apunta al carácter antisemítico de la agresión es una kippah encontrada a escasos pasos del lugar, que con probabilidad pero sin certeza fue portada por Cohen esa noche. La segunda razón por que se encubriera el caso puede parecer sensacionalista, pero ha de ser contemplada con urgencia. Mientras que la familia Cohen suplicaba a legisladores, policía y medios para que emergiera la verdad sobre la muerte del joven, el caso fue objeto de un ensordecedor silencio mediático hasta esta semana, cuando la posible incidencia del antisemitismo hizo imposible mirar para otro lado. ¿Está este encubrimiento premeditado relacionado con el proceso electoral que se abre este domingo?

La presunción, acaso amparada por editores de noticias, presentadores y el equipo del fiscal, de que un caso de esta naturaleza fuera a potenciar las posibilidades de que Zemmour o Le Pen pasaran a la segunda vuelta parece confirmarse a la vista del efecto que el caso está empezando a tener sobre la campaña. Habiendo escrito a todos los candidatos presidenciales poco después de la muerte de su hijo, el padre de Cohen se reunió anteayer con Zemmour en la sede de su campaña para agradecerle su empeño en convertir el caso Cohen en noticia nacional. Zemmour, quien también es judío pero se ha erigido en paladín de la asimilación a la identidad francesa, lleva tiempo alertando de la intersección entre la inmigración masiva y la proliferación del antisemitismo islámico. Tanto él como Le Pen, quien tiene una relación más compleja con la comunidad judía dados ciertos comentarios de su padre sobre el Holocausto pero que también ambiciona el voto de esa comunidad, han twiteado sobre la posibilidad de que la muerte de Cohen se trate de un asesinato antisemítico, y de que su irrupción tardía en el ciclo de noticias sea premeditada. También apunta a la posibilidad de tal encubrimiento deliberado la experiencia de unas elecciones pasadas, las del 2002, en las que el paso de Jean-Marie Le Pen a la segunda vuelta se apoyó sin duda en el llamado caso “Papy Voise”, en el que un jubilado de Orléans fue salvajemente apaleado y su casa incendiada por dos vándalos de procedencia inmigrante.

Como poco, la brutal agresión a un judío discapacitado grabada por los vecinos tuvo que convertirse en titular nacional en el momento en que empezó a circular el vídeo. A estas alturas, descartar la posibilidad de un encubrimiento premeditado sería ingenuo.

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