La invasión de Ucrania ha obligado a la Unión Europea a hacer un cambio brusco en sus planes energéticos. El bloque europeo quiere depender cada vez menos de las materias primas rusas, a costa incluso de retrasar la transición energética. Tanto es así que la Comisión Europea ha propuesto recientemente un borrador de plan para hacer que Europa sea independiente de los combustibles fósiles rusos antes de 2030.

La transición energética antes de la guerra en Ucrania tenía un solo objetivo: el medioambiental. Este consistía en liberar a nuestras economías de los combustibles fósiles más contaminantes, como el carbón y el petróleo. Pero hoy, de repente, cambiar nuestra combinación energética también sirve para otro propósito: estar listos para renunciar al gas ruso. Si a corto plazo esta decisión puede llevar a ralentizar la transición recurriendo al carbón para compensar la falta de gas ruso, a medio y largo plazo los efectos dependerán de nuestras próximas decisiones en políticas energéticas.

Para ello, la Comisión ha propuesto crear un plan REPowerEU, que aumente la resiliencia del sistema energético a escala de la UE sobre dos pilares. El primero sería diversificar el suministro de gas mediante mayores importaciones de GNL y gasoductos no procedentes de proveedores rusos, y aumentar el volumen de producción e importación de biometano e hidrógeno renovable. El otro, estaría enfocado a reducir más rápidamente el uso de combustibles fósiles en nuestros hogares, edificios, industrias y sistema energético, impulsando la eficiencia energética, aumentando las energías renovables y la electrificación, y resolviendo los cuellos de botella de las infraestructuras.

Sin embargo, la transición a fuentes renovables llevaría el riesgo de pasar de la dependencia de Rusia a la de China. De un desastre geopolítico a otro.

El dominio de China en la producción de energías solares y eólicas está siendo una realidad desde hace varios años. Además, según la IEA, se espera que la capacidad de electricidad renovable en China aumente en casi un 85%, durante el período 2021-2026, liderada por la energía solar fotovoltaica y eólica. El pronóstico de China se ha revisado al alza con respecto al último año, impulsado por los objetivos de energía renovable recientemente propuestos, diseñados para acelerar el crecimiento de energía no fósil en línea con el objetivo Net Zero del gobierno para 2060.  Los subsidios del gobierno durante la década de 2010 han estimulado la actividad en este sector, llevando muchas empresas occidentales a vender sus negocios a empresas públicas chinas. En este contexto, Europa se ha convertido en un importante destino para los flujos de inversión chinos en el sector de las energías limpias. Según unos análisis de Morgan Stanley, el cambio de ruta de la Unión Europea debido a la, guerra de Ucrania se traducirá en un aumento del 15% en las exportaciones solares chinas en general durante el resto de la década. Las empresas chinas dominan la fabricación solar y representan casi toda la producción mundial en algunos pasos de la cadena de suministro. Casi el 40% de sus exportaciones solares se dirigieron a Europa en 2021, según BloombergNEF. El auge de la instalación en Europa también brindará más oportunidades para los proveedores de equipos eólicos y los fabricantes de turbinas chinos, que se encuentran entre los más grandes del mundo pero que hasta ahora se han centrado en el enorme mercado nacional. En el caso de España, en concreto, China aprovechó desde los años posteriores a la crisis del 2008 para aumentar su presencia en el sector energético.

Saliendo del contexto del nuevo plan REPowerEU, la transición energética llevará también a otros sectores a aumentar su dependencia al mercado chino. Entre los más susceptibles está el mercado de coches eléctricos, donde China controla la cadena de suministro global de baterías, incluido el 80% del refinado de materias primas del mundo y el 60% de la fabricación de componentes de baterías. Según un ranking elaborado por BloombergNEF, China mantendrá su dominio en la cadena de valor de las baterías eléctricas por lo menos hasta el 2025. De hecho, de los cinco minerales de batería que se consideran críticos para las de iones de litio, China controla casi las tres cuartas partes de estos mercados:

  • Cobalto: Especialistas del sector estiman que las refinerías chinas suministran en torno al 85% del cobalto listo para baterías del mundo. La mayor parte de ese mineral proviene de la República Democrática del Congo, donde casi el 70% del sector minero está dominado por empresas chinas.
  • Grafito: Actualmente, China produce del 70 al 80% del grafito del mundo y el 100% del grafito natural utilizado en las baterías de iones de litio. Debido a esta dependencia de China, así como a la importancia del grafito para la economía, tanto la UE como los Estados Unidos han declarado que el grafito es un mineral crítico para el suministro.
  • Litio: China es el tercer mayor productor de este mineral. Desde 2018, las empresas chinas han adquirido más de 5.000 millones de dólares en proyectos de minería de litio en varios países.
  • Manganeso: China es el mayor importador en el mercado mundial de mineral de manganeso y está fortaleciendo su control sobre el sector de alta pureza utilizado en baterías de automóviles eléctricos. Los productores chinos de dicha materia prima se han fusionado en un conglomerado que permite al país influir en los precios y obtener una ventaja competitiva.
  • Níquel: Aunque China no tenga una posición dominante sobre su comercio, diferentes empresas suyas están presentes en los principales mercados de Níquel, como en Indonesia.

Las cuestiones de seguridad en el suministro de las materias primas están presentes en el debate institucional europeo, y, en los últimos años, se han creado instituciones para impulsar una posible autonomía o por lo menos aumentar su diversificación. Por una parte, hay la Alianza Europea de Materias Primas para mejorar la seguridad de suministro, además de diversificar las importaciones de materias primas; por otra, la Alianza Europea de Baterías para debatir los progresos en el desarrollo de la cadena de valor de las baterías en Europa.

Aunque en ambos casos se cela una voluntad por parte de la Unión Europea de conseguir su independencia, las dificultades analizadas a lo largo de este articulo muestran cómo solo una verdadera diversificación de las políticas energéticas permitirá a la Unión Europea de mantener una cierta autonomía en este sector. Apostar completamente por las energías renovables sería un error estratégico para Europa que llevaría a enfrentarse a una crisis parecida a la que ocurra cuando Estados Unidos decida enfrentarse con China en el Pacifico y Europa tenga que apoyar a la alianza atlántica. La Unión Europea necesita una política energética autónoma que pase por mantener acuerdos con países extranjeros impulsando su propio interés económico y político.

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