Un nuevo libro aboga por permitir que las mujeres vayan con el cuerpo totalmente cubierto en lugares públicos, como si vistieran tiendas de campaña, lo que a veces se llama, erróneamente, velos. Raphael Cohen-Almagor, que se autodenomina poeta y “activista por la paz y los derechos humanos”, además de profesor de la Universidad de Hull (Reino Unido), da varias razones para esta sorprendente conclusión. Entre ellas están las siguientes:

Por principio, la prohibición del burka y el niqab es una equivocación, además de resultar contraproducente y ser una demostración de intolerancia. No respeta la libertad de culto, que es un derecho humano básico. Socava la representación del colectivo de las mujeres a las que pretende emancipar. (…) Ofende la dignidad de las mujeres que eligen llevar voluntariamente esta prenda por motivos religiosos. Dificulta la representación del colectivo de las mujeres a las que pretende emancipar. (…) La prohibición, diseñada para liberar a las mujeres, viene a aumentar su aislamiento”.

Cohen-Almagor dedica gran parte de The Republic, Secularism and Security: France versus the Burqa and the Niqab (Cham, Suiza: Springer, 2022) para refutar los argumentos que se escuchan en Francia sobre la prohibición de llevar burkas y niqabs en público: estas prendas oprimen a las mujeres y perjudican su dignidad, desafían la identidad y la unidad de Francia, resultan ofensivas, provocan privación sensorial y deficiencia de vitamina D, y acaban por socavar la seguridad y el orden público.

Sobre este último asunto, Cohen-Almagor me usa como antagonista:

“Daniel Pipes (2018) recopiló incidentes en los que se usaron niqabs y burkas para realizar actos terroristas. Argumenta que ambas prendas deberían estar prohibidas por motivos de seguridad. Sin embargo, hay muchas cosas que se usan y de las se abusa, pero, aun así, no están prohibidas en las democracias. Los libros de química se utilizan a menudo para fines excelentes y productivos, pero a veces también sirven para fabricar bombas terroristas. Los cascos de moto se utilizan para proteger vidas humanas, pero a veces se llevan para robar bancos y con fines antisociales. Los cuchillos juegan un papel esencial en la cocina y en la mesa, pero también se usan para asesinar. Internet contiene los mejores productos de la humanidad, pero también utilizan Internet terroristas, criminales y difamadores dedicados a propagar odio. El teléfono conecta a familiares y amigos, pero también se abusa de él para tramar delitos. El hecho de que una prenda de vestir se use de forma correcta e incorrecta no justifica su prohibición”.

Mi respuesta es la siguiente: por supuesto. Se pueden utilizar mal los libros de química, los cascos de moto, los cuchillos, internet y el teléfono. De hecho, todos los alimentos y bebidas, todo tipo de ropa, todos los medios de comunicación y transporte, todas las estructuras, todos los avances tecnológicos, etc. ad nauseam, pueden utilizarse mal. Además, uno puede pasear o dormir antes de realizar buenas o malas acciones. Al final, todas las cosas y todas las acciones tienen un uso dual, lo que significa que tienen propósitos potencialmente benignos o malignos. La lógica aparentemente inteligente de Cohen-Almagor es solo una muestra de trivialidad.

De hecho, los burkas y los niqabs pueden usarse para propósitos benignos: para ayudar a una supermodelo a escabullirse de los paparazzi, tener una cita con un amante, recuperar a un niño secuestrado, evitar una persecución, no contraer un virus, capturar a un sospechoso buscado por la policía, huir de un país opresor o escapar de un asesino…

Ahora bien, estos usos positivos poco habituales no son comparables a la ingente cantidad de usos negativos. Por ejemplo, en Filadelfia, la ciudad en la que vivo, delincuentes que usan burkas y niqabs como accesorios, han intervenido en al menos 34 incidentes en nueve años, casi uno cada tres meses. Estos incidentes incluyen robos con violencia a varios bancos, a una joyería, a una inmobiliaria, a un spa, a una farmacia, a una tienda de comestibles, a una tienda de todo a cien y hasta una armería. También se cuenta el secuestro y la violación de una niña de cinco años, así como el asesinato de un policía.

Además, las familias usan estas prendas que lo abarcan todo para oprimir a las mujeres, y los yihadistas las utilizan para participar en operaciones violentas. Por último, son perjudiciales para la salud porque recibir una cantidad insuficiente de luz solar “resulta en deficiencia de vitamina D, que puede provocar piernas arqueadas e inflamación de muñecas y tobillos, dolor muscular y óseo, fracturas pélvicas durante el parto, demencia, raquitismo, osteomalacia y hasta esclerosis múltiple. También producen erupciones cutáneas, dolores de cabeza y enfermedades respiratorias, e incluso llegan a producir estrangulación. Los bebés sufren convulsiones, retraso en el crecimiento y debilidad muscular y fracturas.”

Por último, es importante señalar que el burka y el niqab son una opción y no prendas que exigen los dictados del islam. Así lo indican las mujeres que los llevan voluntariamente, cada vez menos numerosas.

Puede que el burka y el niqab no sean drogas duras, ametralladoras o explosivos, pero, al igual que estos, ponen en peligro el bien público al ocultar la identidad de quienes los llevan. El sentido común exige que estas prendas estén prohibidas en lugares públicos.

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