El declive de la izquierda en Europa (1): Utopías y contra- profecías

El declive de la izquierda en Europa (1): Utopías y contra- profecías

La izquierda reciclada está en decadencia y son responsables de que Europa y su sueño se hayan desviado hacia una, cada vez mayor, distopia.

A finales del siglo pasado, fueron publicadas varias obras políticas de notoria repercusión que vaticinaron lo que ha venido sucediendo hasta la actualidad. Destacan “El choque de civilizaciones” de Samuel P. Huntington, por su acierto o “El fin de la historia” de Fukuyama, por su esperanza. No obstante, otros escritos, como “El sueño europeo” de Jeremy Rifkin, de 2004, erraron en sus predicciones por su tendencia utópica izquierdista y su optimismo iluso.

Aun así, este libro no deja de resultar interesante porque, a su modo, trazó las líneas maestras que ha seguido la izquierda europea en las últimas décadas. Su subtítulo, “Cómo la visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano”, ha resultado ser del todo fallido. Rifkin trató de proponer un “sueño europeo” como nueva utopía que contraponía al caduco “sueño americano”, por entonces representado por el gobierno de George W. Bush. Pero tal “sueño” se fue al traste nada más publicarse la obra de Rifkin, porque se esperaba un tratado de Constitución Europea que nunca llegó, entre otras cosas, porque en el borrador de ese gran acuerdo, la izquierda europea, con Francia a la cabeza, había optado por hacerle el “harakiri” a nuestro continente y su cultura, renunciando a sus fuentes originarias: el cristianismo, el derecho romano, los grandes valores clásicos y los bienes constitutivos de la cristiandad europea.

Había que dar cabida a la multiculturalidad, al acercamiento de Turquía y el mundo islámico, por lo que era preciso inmolar las fuentes clásicas y cristianas, y así borraron toda huella de los fundamentos de nuestra identidad europea.  

Bajo las grandes esperanzas de una nueva constitución liberal, escorada a la izquierda, Rifkin pronosticaba ese “nuevo sueño europeo” y el inicio de una nueva etapa histórica que pondría el acento “en la calidad de vida, la sostenibilidad, la paz y la armonía”. Estamos ante las mismas bases utópicas de la actual Agenda 2030. Una agenda peligrosa, como toda utopía, con la que la guerra de Ucrania parece haber acabado.

Creía Rifkin que tal “sueño europeo” contenía “la elevación del espíritu humano”, que alzaría “la empatía humana”, que liberaría “a la humanidad de la prisión materialista”. Alentaba el viraje de la izquierda, desprestigiada en los 90, tras la caída del muro de Berlín, hacia una “nueva izquierda” que fragmentase su rojo tradicional en atractivos colores: feminismo (morado), ecologismo (verde), LGTB (arcoíris), o incoloros movimientos como el animalista.

El autor sobreestimaba las competencias de la Comisión Europea y el papel de su Parlamento, que tantas veces han sido un fiasco, ofreciendo una lectura optimista, hasta lo ingenuo, de aquella posible «Constitución europea» que nunca fue.

Esta obra de Rifkin no acertó en nada, o, mejor dicho, acertó en casi todo, pero “del revés”: este texto fallido es ilustrativo y se puede leer perfectamente como profecía a la inversa, es decir, todos sus pronósticos se cumplen, pero justo, al contrario. Lo que nos muestra exactamente lo que es una neo utopía y lo que ha sido la izquierda en estos últimos años.

Rifkin, era con todo un teórico, un burgués de sensibilidad socialista, un capitalista liberal y humanista, de tono amable e idealista. Incluso, se le puede conceder algún acierto lúcido, como aquello que afirmaba sobre el «dilema de la inmigración» y a la par el gran «declive demográfico de Europa».

Él mismo se preguntaba, con razón: «¿para qué sirve el sueño europeo, si los europeos mismos no se quieren reproducir y si, por otro lado, la inmigración masiva de regiones cercanas, principalmente de África o Turquía, se ve frenada por grandes temores y reticencias de los propios europeos?». El cuestionamiento era interesante en 2004 y continúa siéndolo en la actualidad.

El invierno demográfico y el envejecimiento de la población han crecido de forma notoria. En particular, en Italia y España, que se mantienen hoy bajo mínimos, sin políticas de ayudas a las familias que nos arrastran a una catástrofe sin precedentes. Vivimos una Europa que envejece con rapidez.

Por otro lado, sostenemos una “gran migración”, ahora más presionada que nunca a causa del conflicto de Ucrania. Desde hace algún tiempo, más indirectamente, por los conflictos de Siria y Oriente Medio y por las tensiones del África subsahariana. Estamos ante un proceso de cambio real de la fisonomía de Europa. Un cambio veloz, profundo y no exento de problemas.

Tras el fracasado “sueño europeo” de Rifkin, la nueva izquierda ha persistido en esas mismas ideas utópicas, llevando a Europa a un decaimiento sin precedentes. Si nos fijamos, estos son sus principales fracasos: derroche presupuestario, con dinero público, en políticas ideológicas de género o LGTB. Una implementación de políticas abiertamente totalitarias que han absorbido un exceso de gasto público. Medidas, por otro lado, que solo favorecen a ciertas élites políticas en abierto detrimento de la libertad y los intereses reales de los ciudadanos.

También, el fomento de fuertes políticas antinatalistas, con la promoción y legalización del aborto. Un abierto suicidio demográfico.

Un pacifismo que ha desmantelado, a lo largos de años, las estructuras de defensa y seguridad europeas, dejándolas en un estado de gran vulnerabilidad. Hace menos de un año, la OTAN se cuestionaba su razón de ser y algunos analistas pronosticaban su desaparición inminente. La situación de la seguridad en Europa nos ha mantenido hasta el presente a expensas de la protección de Estados Unidos, como se ha mostrado ahora.

Políticas ecologistas y medioambientales, que han causado una gran dependencia energética de terceros países ajenos a la Unión, que, como en el caso actual de Rusia (o también Argelia), podrían pasar de ser “enemigos potenciales” a ser “enemigos reales”. Lo que dejaría en sus manos causar en distintas partes de Europa un grave apagón energético.

El abandono del primer sector que arrastra a Europa y España, una vez abandonados los grandes espacios rurales y marítimos, que obligaría a depender de terceros países para abastecerse de productos de primera necesidad: cereales, aceites, agricultura, ganadería y pesca. Hoy estamos en un grave riesgo de carestías e incrementos de precios en los productos más básicos y necesarios.

La izquierda reciclada está en decadencia y son responsables de que Europa y su sueño se hayan desviado hacia una, cada vez mayor, distopia.

La esperanza es que son cada vez más y más los ciudadanos europeos que están despertando del sueño.

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