¿Los tiranos escuchan a sus consejeros? El caso de Putin y de Sadam

¿Los tiranos escuchan a sus consejeros? El caso de Putin y de Sadam

Tres días antes de ordenar la invasión de Ucrania, el presidente ruso Vladimir Putin reunió a los miembros de su consejo de seguridad en la que preguntó, de forma televisada, si aprobaban el plan que consistía en dar la independencia a territorios del este de Ucrania. Todos aceptaron.

Tres días antes de ordenar la invasión de Ucrania, el presidente ruso Vladimir Putin reunió a los miembros de su consejo de seguridad para una farsa televisada. Durante la emisión, preguntó a cada uno de ellos si aprobaba su plan que consistía en reconocer la independencia de dos territorios al este de Ucrania. Aunque sentían cierta vergüenza y a veces dudaban, todos se inclinaron diligentemente ante el ser supremo.

Sin embargo, no siempre las cosas ocurren del mismo modo cuando un dictador absoluto y brutal se reúne con sus consejeros para hablar de un encuentro importante, en particular si el encuentro se desarrolla en privado. En tal caso, es posible que lleguen a decir lo que piensan y tengan capacidad de influir en la decisión.

Lo sabemos porque existe una extraña grabación de un encuentro de este tipo, algo poco habitual. La reunión tuvo lugar en julio de 1986 en Bagdad, bajo los auspicios de Sadam Hussein, el hombre fuerte de Iraq. Amatzia Baram y Ban al-Maliki lo recogen en un artículo reciente de Journal of the Middle East and Africa titulado “Speaking Truth to Power in a Dictatorship: Secular Ideology versus Islamic Realpolitik—A Fierce Dispute in Saddām’s Iraq”. [Decirle la verdad al poder en una dictadura: ideología laica contra Realpolitik islámica. Un enfrentamiento dialéctico en el Iraq de Sadam]. Ningún régimen de Oriente Medio, señalan, “nos ha dejado un documento tan detallado e intenso sobre un debate fundamental en el corazón mismo de un régimen gobernante y sobre un asunto tan crucial”.

En aquel punto de la era de Sadam, explican los autores, “los debates entre los principales líderes todavía se desarrollaban de una forma bastante libre”. Como resultado, “los miembros de alto rango del partido aún podían decirle la verdad al poder, siempre que fuera a puerta cerrada”. El debate ilustra, como escriben Baram y Maliki, la tensión entre la ideología y la práctica en un régimen dictatorial centrado en la propaganda ideológica, así como el sorprendente grado de libertad de expresión que existía”.

La reunión abordaba un asunto fundamental. El partido Baaz, en cuyo nombre gobernaba Sadam, insistía en la necesidad de mantener la laicidad en la vida pública. Pero, en 1986, el islamismo ya había ganado tanto terreno que Sadam comprendió que era de vital importancia iniciar un diálogo con los Hermanos Musulmanes (HH.MM.) en Egipto y Sudán. Convocó una reunión de hora y media de duración para que sus consejeros respaldaran este cambio. La presencia del anciano Michel Aflaq, cofundador cristiano del partido Baaz, provocó que el intercambio de pareceres cobrara tintes aún más delicados. Como era de esperar, Aflaq, que gozaba de poder nominal y de un gran prestigio, quería que la laicidad siguiera siendo dominante.

El momento más dramático de la reunión se produjo después de que Sadam explicara su propuesta de iniciativa en relación con los HH.MM. En ese momento, el cristiano Tariq Aziz, su ministro de Relaciones Exteriores, se unió al debate. Aziz había escuchado los argumentos que respaldaban los de Sadam, pero ignoraba que era el mismo Sadam el que había propuesto el diálogo. Así que se lanzó a ciegas a una diatriba de 14 minutos en la que expuso su desacuerdo con la propuesta. Para dar mayor fuerza a su argumento, sacó a relucir el arma retórica definitiva, unas palabras del propio Sadam: El camarada Sadam había dicho claramente que…”.

Los autores afirman: 

“Excepto por una breve interrupción de cuatro segundos, nadie dijo una palabra mientras él seguía hablando. Los participantes se quedaron inmovilizados, entre la incredulidad y el miedo, al darse cuenta de que Aziz no sabía que estaba atacando al jefe. También eran conscientes del sutil sentido del honor de Sadam: oponerse a él en un foro de estas características era, como poco, arriesgado… Aziz podría cometer en cualquier momento un error peligroso. ¿Hasta dónde iba a llegar?”

De forma sorprendente, Sadam no respondió al desacuerdo contraatacando sobre Aziz, sino poniéndose de su lado y de sus dos aliados, uno de ellos Aflaq. Tal y como explican Baram y Maliki: “Al final, los tres opositores obligaron a Sadam a ceder. […] El hecho de que Aziz criticara su propuesta con tanta ferocidad hizo comprender a Sadam que la reunión había entrado en una fase potencialmente peligrosa. Comprendió que, si no actuaba con rapidez, sus compañeros podrían sospechar que estaba a punto de abandonar los principios fundamentales del Baaz”. Desconcertado, plegó velas, aceptó las críticas de Aziz y retrocedió en cuanto a la idea de un diálogo con los HH.MM.

Tres años después, cuando los HH.MM. tomaron el poder en Sudán, Sadam los apoyó. La concesión de 1986 resultó efímera. Aun así, el hecho de que sus subordinados ejercieran tanta influencia sobre él demuestra que a veces, un déspota presta atención a sus consejeros. La grabación revela a un Sadam “muy diferente a la imagen generalizada de un tirano intratable, incapaz de tolerar la más mínima disidencia y que toma sus decisiones de manera arbitraria y unilateral”.

Volviendo a nuestros días, es posible que el montaje televisado de Putin estuviera precedido de un debate en privado tan abierto como aquel sobre la política de Ucrania. No sabemos si Putin está tan aislado y es tan caprichoso como parece. Puede que solo sea el jefe de la manada.

Puede descargar el artículo original a través del siguiente enlace:

Do-Tyrants-Heed-Their-Minions-Putin-and-Saddam-1

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