Jorge Martín Frías: “Hay una realidad a la que no quieren mirar: la inmigración, la sobrerregulación y todas sus derivadas”

El director de la Fundación Disenso y eurodiputado de VOX denuncia en El Adelantado de Segovia la telaraña normativa de la Unión Europea, defiende la derogación del Pacto Verde y rechaza el acuerdo con Mercosur por sus efectos en el campo español.

Reproducimos la entrevista realizada a Jorge Martín Frías y publicada originalmente en El Adelantado de Segovia, con fines informativos y de referencia. Todos los derechos sobre el contenido corresponden a sus respectivos autores y al medio que la publicó originalmente. La entrevista original puede consultarse en el siguiente enlace.

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Jorge Martín Frías dirige desde 2020 la Fundación Disenso, el laboratorio de ideas de Vox, y es eurodiputado del partido desde 2024, integrado en Patriotas por Europa, la tercera fuerza del Parlamento Europeo. Antiguo jefe de formación de FAES y procedente del Partido Popular, sitúa el exceso de regulación como uno de los grandes males de la Unión Europea. En esta entrevista defiende la derogación del Pacto Verde, el rechazo al acuerdo con Mercosur, que considera letal para la agricultura de Castilla y León y del resto de España, y reivindica la batalla cultural que, sostiene, libra Disenso dentro y fuera del país.

Usted se formó políticamente en el entorno del Partido Popular, sobre todo en FAES, y hoy dirige la fundación de Vox y es eurodiputado del partido. ¿Qué le llevó a ese cambio?

Más que un cambio, por mi parte hay una evolución. Me veo reflejado en el liderazgo de Santiago Abascal y en el ideario de Vox: en sus ideas, en el diagnóstico que hace de la situación de España y del ámbito internacional, y también en su espíritu de cambiar las cosas, en su respeto por la verdad y en su empeño por la coherencia.

En esa trayectoria menciona a menudo la defensa de la verdad y la llamada batalla cultural. ¿Qué entiende por ese concepto y en qué frentes cree que hay que librarla en España?

La batalla cultural es muy importante porque parte de una idea: precede incluso a la propia política. Es el ámbito cultural, en su sentido más amplio, el que marca después el campo de juego político. Si antes no se hace una labor de fondo, luego es muy difícil tomar según qué decisiones, y lo hemos visto también a la inversa: gobiernos anteriores, socialistas pero también del Partido Popular, que despreciaron las ideas y no entendieron lo que estaba en juego; cuando llegaron al poder, por desinterés o por dejadez, les dio igual mantener las políticas de la izquierda, porque no comprendían la importancia de cambiarlas. Por eso es tan importante lo cultural. Me refiero, por ejemplo, a hacer frente a la leyenda negra sobre la historia de España y su labor en el mundo, que es la mayor gesta civilizadora. Y me refiero a reabrir debates que las élites, políticas y económicas —porque muchas veces ha habido una confluencia entre ellas—, daban por cerrados: desde la igualdad de género hasta el orden internacional.

¿A qué se refiere con el orden internacional?

A que se ha aceptado con total normalidad que determinadas instituciones internacionales actúen contra sus propias cartas fundacionales y contra los intereses de los Estados que las financian. Ahora se cumplen casi veinticinco años de la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio. Cuando se produjo era el sentir de los tiempos: con el fin de la historia de Fukuyama se pensaba que, triunfada la democracia liberal, el libre comercio terminaría democratizando al resto de países. No ha ocurrido; al contrario, países como China no solo se han beneficiado de esos organismos, sino que en algunos casos los han cooptado. Y lo mismo sucede con otra serie de instituciones.

Dirige Disenso desde 2020 y es eurodiputado desde 2024. ¿Cómo compatibiliza ambas responsabilidades?

Con mucho sacrificio, sacando tiempo de todas partes y, sobre todo, a costa del tiempo personal y familiar. La fundación ya tiene cinco años y un equipo consolidado. Hemos conseguido internacionalizar Disenso, que hoy tiene mucha influencia en toda Iberoamérica; me atrevo a decir que es el think tank de habla hispana con más influencia. Compagino como puedo entre Bruselas, Estrasburgo y Madrid, pero la labor de Disenso está siempre presente en lo que hago, porque está muy vinculada a lo europeo.

¿Cuál diría que es hoy la actividad principal de la fundación?

No se puede reducir a una sola palabra. En primer lugar, estudiar y profundizar en las ideas y en los debates del momento. En segundo lugar, pensar a largo plazo el papel de España en el mundo —a ello responde buena parte de la labor que hemos hecho— y fraguar alianzas internacionales basadas en la confianza. Y en tercer lugar, ofrecer una alternativa y una respuesta frente a la hegemonía cultural que ha dominado los últimos años, no solo en España sino en todo Occidente, marcada por las ideas de la izquierda, que se introdujeron a través de las universidades en Estados Unidos, en Francia y también aquí. Esa izquierda no ha tenido enfrente una respuesta cultural coordinada, con vocación de continuidad y sin miedo a la confrontación. Es una labor que requiere mucho tiempo y mucha voluntad, porque queda mucho por hacer.

VOX se opone al Pacto Verde. ¿Qué medidas concretas pide derogar y con qué aliados cuenta en el Parlamento Europeo?

Hemos querido derogar el Pacto Verde y en eso hay unanimidad dentro del grupo de Patriotas, y también con los Conservadores y Reformistas y con los soberanistas. El Pacto Verde ha demostrado ser un problema para la economía: es ingeniería social, no responde a la realidad, sino a una ideología, y no está al servicio de los intereses de los ciudadanos. Toda la regulación que ha traído ha empobrecido a mucha gente, y no solo al campo: obliga al ciudadano de a pie a asumir gastos que ahora mismo no puede afrontar. Simplificándolo mucho, es un pacto pensado para quien se lo puede permitir; parte de unos presupuestos que no se cumplen y, al empobrecer a todos los sectores económicos, acaba empobreciendo al conjunto de los ciudadanos, y muy especialmente a las clases medias y populares. En buena medida no responde a la realidad de los problemas de la gente

Otro de sus frentes es la oposición al acuerdo con Mercosur, algo especialmente sensible para la agricultura de Castilla y León y de Segovia. ¿Qué efecto tendría para el agricultor?

Mercosur es letal para el agricultor. Lo que ese acuerdo permite, tolera y favorece es la entrada de productos que no cumplen la misma normativa que se exige a nuestros agricultores, y eso genera una desventaja competitiva: no se puede competir en igualdad de condiciones. La Comisión Europea aplica regulaciones asfixiantes a nuestros productores, pero no a los externos. Para países como Argentina, Paraguay o Brasil es un acuerdo fantástico; para naciones como España o Francia, que tienen un campo muy importante, es matarlo lentamente.

Afirmó que Europa ha alcanzado tal grado de regulación que un empresario necesitaría un departamento jurídico de veinticinco abogados para operar. ¿Qué ha hecho usted al respecto como eurodiputado?

Hemos impulsado un informe —el informe Frías— con el que, por primera vez, el grupo de Patriotas logró reunir a otros grupos que coincidían en que hay que simplificar la normativa con carácter urgente. Ni siquiera la propia Comisión Europea sabe cuántas normas ha creado; se lo hemos preguntado y, dos años después, seguimos sin respuesta. La señora Von der Leyen dijo en su discurso de apertura de mandato, en 2024, que reduciría la normativa un 35 % para las pymes y un 25 % para las grandes empresas. Nosotros preguntamos si era el 25 o el 35 % respecto a qué volumen total de normativa. Han pasado dos años y la Comisión aún no ha sido capaz de responder cuánta normativa tiene vigente. Eso da idea de la telaraña que han llegado a crear: no son capaces ni de cuantificarla.

Patriotas ha quedado fuera del reparto de cargos internos por el cordón sanitario del Partido Popular Europeo, los socialistas y los liberales. ¿Cómo afecta a Vox esa exclusión?

En Europa se aplica un cordón sanitario que ha llegado a dar una vicepresidencia en el ámbito de los derechos humanos a Isabel Serra, de Podemos, con tal de que no la ocupara un representante de Patriotas, pese a que ella ha visitado Cuba, igual que su compañera Irene Montero. Lo mismo ha ocurrido con vicepresidencias del propio Parlamento, para las que han preferido a gente de la Francia Insumisa. Es verdad que el Partido Popular Europeo es muy amplio y uno no sabe bien quién es: dentro de sus propias familias, Forza Italia gobierna en Italia con Giorgia Meloni y con la Liga, que está en Patriotas; y Vox tiene ahora mismo cuatro gobiernos regionales en coalición con el Partido Popular. Resulta paradójico que a escala nacional o local haya entendimientos —en España ha costado mucho, pero se ha logrado, sabiendo cada uno quién es y cuáles son sus límites— y que ese mismo entendimiento cueste tanto más en Bruselas. Cada formación aplica sus políticas en función del apoyo que ha recibido en las urnas; por eso, quien quiera más prioridad nacional y menos regulación, lo que tiene que hacer es votar más a Vox. Aun con el cordón, en el Parlamento Europeo hemos sacado adelante cosas importantes a través de lo que se ha llamado la mayoría Venezuela, y hoy podría darse la vuelta al calcetín: hay números para aprobar proyectos con el Partido Popular Europeo, Patriotas, los Conservadores y los soberanistas, y romper el consenso que todavía mantienen populares, socialistas, verdes y liberales, cuyas políticas han fracasado.

Hay una realidad a la que no quieren mirar: la inmigración, la sobrerregulación y todas sus derivadas, que afectan a la vivienda, a los servicios públicos o a la posibilidad de que un emprendedor crezca. Los ciudadanos lo expresan una y otra vez en las urnas: lo estamos viendo en Alemania, donde en un land como Mecklemburgo-Antepomerania la CDU ha quedado fuera por primera vez en su historia, o en Sajonia-Anhalt, donde ha obtenido en torno al 7 %. Como decía Tácito, cuanto más corrupto es el Estado, más leyes tiene.

¿Patriotas es la tercera fuerza del Parlamento Europeo, con 84 eurodiputados. Vox abandonó el grupo de los Conservadores y Reformistas, con Giorgia Meloni, para fundarlo junto a partidos como los de Le Pen y Orbán. ¿Qué ganó Vox con ese movimiento?

Aunque Vox salió de los Conservadores y Reformistas, mantiene muy buena relación con ese grupo, y Santiago Abascal tiene una relación muy fluida, política y personal, con Giorgia Meloni. No se trata tanto de que haya ganado Vox, sino de que ha ganado el conjunto de las fuerzas que compartimos unos mínimos. Donde antes había unos setenta diputados, y hablo de memoria, hoy los dos grandes grupos suman más de ciento sesenta. Abascal siempre ha defendido la necesidad de construir un gran grupo que lo una todo, y en esa aspiración se ha trabajado: existen ya mayorías que antes no eran posibles. Patriotas representa a millones de europeos a los que, por principio democrático y por respeto al pluralismo, no se puede silenciar ni tratar como apestados, sobre todo cuando la realidad nos está dando la razón. Sus inquietudes son tan legítimas como las de cualquier otro grupo político y merecen expresarse y ser respetadas. No hay hoy ningún ciudadano que no perciba un problema en la sobrerregulación, en la inmigración o en la necesidad de reordenarlo todo.

Si tuviera que resumir el proyecto de Unión Europea que defiende Vox frente al de la Comisión de Von der Leyen, ¿cuál sería?

Un proyecto en el que los Estados cooperen libremente y en el que la Unión esté al servicio de los Estados, y no los Estados al servicio de la Unión; una vuelta a los principios fundacionales. Recuerdo el discurso de Margaret Thatcher en Brujas: Europa es Italia, es España; hay una identidad que no se puede disolver. Mientras la Unión Soviética desaparecía, entre otras cosas por un exceso de centralización, no tenía sentido que la Comisión empezara a querer centralizarlo y homogeneizarlo todo. En cualquier caso, quiero que quede claro: Vox no quiere salir de la Unión Europea ni nada por el estilo.

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