El 24 de octubre de 1945, casi cuatro meses después de haber sido firmada en San Francisco, entró en vigor la carta fundacional de la Organización de las Naciones Unidas. Acababa así un proceso iniciado en el otoño de 1943, cuando las potencias que saldrían victoriosas de la Segunda Guerra Mundial, es decir, Estados Unidos, Reino Unido, la Unión Soviética, reunidas en Moscú, reconocieron la necesidad de establecer lo antes posible una organización internacional general que sustituyera a la fallida Sociedad de Naciones.
Se creó un privilegio a favor de los cinco miembros permanentes del Consejo, a los que se otorgó derecho de veto
La ONU mantuvo con su predecesora un parecido innegable, tanto en sus objetivos declarados (el mantenimiento de la paz a través de la seguridad colectiva y el fomento de la cooperación entre pueblos), como en su estructura institucional. Entre las novedades que se introdujeron en la ONU, la más llamativa fue la modificación del sistema de toma de decisiones en el Consejo y la Asamblea, que para cuestiones de fondo exigía mayorías cualificadas. Sin embargo, se creó un privilegio a favor de los cinco miembros permanentes del Consejo, a los que se otorgó derecho de veto sobre cualquier decisión de trascendencia política, lo que causó una notable tendencia al bloqueo de la organización.
La Carta de San Francisco también incluyó la prohibición del uso de la fuerza salvo cumplimiento del mandato de Naciones Unidas o en legítima defensa, supeditada a la supervisión del Consejo de Seguridad y reconocía el derecho de autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, el juicio de 80 años de vigencia de dicho documento ha demostrado que la ONU es hoy irrelevante como elemento ordenador de la convivencia internacional y la reciente ausencia de los líderes de Rusia, China o India o las declaraciones críticas de Donald Trump son prueba de ello.
En el 80 aniversario de la entrada en vigor de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, Álvaro Silva Soto, subdirector del Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo, analiza la génesis y la pérdida de vigencia de los objetivos fundacionales de la ONU.