En 1226, en un contexto marcado por la consolidación del poder cristiano en la península y la emergencia del Reino de Castilla, comenzó a construirse la catedral de Toledo. El templo de la antigua capital del Reino Visigodo situó a la ciudad como centro espiritual de Castilla y cuya influencia trascendía a toda España. Además, no es solo una obra maestra del estilo gótico, sino un testimonio material de las modas sucesivas, de la continuidad histórica y de la capacidad de una comunidad para reflejar en sus sillares sus creencias espirituales, sus proyectos políticos y sus inquietudes culturales.
La catedral se construyó sobre la antigua mezquita aljama de Toledo durante el reinado de Fernando III El Santo y con el decisivo impulso del arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, héroe de las Navas de Tolosa. El proyecto estaba destinado a ejemplificar la primacía eclesiástica de Toledo y a equipararla con las grandes sedes episcopales de Europa. Su construcción se extendió durante varios siglos y participaron en ella multitud de maestros de obra, artesanos y artistas, como El Greco, lo que dotó de un patrimonio artístico excepcional al templo. Hoy, la catedral es una afirmación de una herencia que sigue viva y que continúa definiendo la identidad de Toledo y de España misma.
En el octavo centenario del inicio de la construcción de la Catedral Primada de Toledo, la Fundación Disenso publica una nueva Nota. En ella, el historiador y máster en Historia Contemporánea por la Universidad CEU San Pablo, Diego de la Llave García, desgrana el contexto en el que se construyó, su importancia para la Cristiandad y los rasgos artísticos de la catedral gótica.