El 8 de septiembre de 1925, a las 11:40 de la mañana, la VI y VII bandera del Tercio desembarcaron en la playa de la Cebadilla. Tras pasar 44 a bordo de las barcazas, los soldados españoles se lanzaron, con el agua al cuello, a 50 metros de la playa, sufriendo el asedio y los disparos de un exaltado enemigo. Comandados por el coronel Franco y al grito de «¡Legionarios a luchar, legionarios a morir!», los legionarios pusieron el pie en la playa e iniciaron el primer desembarco aeronaval exitoso de la historia. Había comenzado el desembarco de Alhucemas.
La operación fue realizada en cooperación con Francia, aunque el peso recayó en España, que aportó 99 aviones y 3 hidroaviones, 79 navíos y 18 500 de sus mejores efectivos de La Legión, Regulares y harcas indígenas aliadas. El mando unificado recayó en el general Miguel Primo de Rivera, que culminó con éxito una operación que se extendió hasta principios de octubre con la toma de Axdir, donde el líder rifeño Abd el-Krim había establecido su capital, y que terminó con la pacificación del Protectorado de Marruecos en 1927, cuando el último líder rebelde se rindió al general Sanjurjo.
“Un nuevo ejemplo de sumisión a Marruecos”
En el centenario de una operación militar que sirvió de ejemplo para posteriores como el desembarco de Normandía, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, el historiador Juan Manuel Sayago narra cómo se gestó la operación y el silencio al que el Ejecutivo de Pedro Sánchez la ha condenado en un nuevo ejemplo de sumisión a Marruecos.