El 28 de febrero de 1876, Carlos VII cruzó la frontera hacia Francia por el puente de Arnegui. Su ejército había sido derrotado por los soldados de Alfonso XII y episodios como la caída de Estella, capital carlista del norte, pusieron fin a la Tercera Guerra Carlista (1872-1874). Ese periodo fue de una especial convulsión en España, pues se habían sucedido hasta tres regímenes diferentes: la monarquía de Amadeo I, la inestable I República y la Restauración borbónica. Con los ejércitos de todos estos gobiernos tuvieron que combatir los carlistas.
El carlismo, ese 28 de febrero, acababa con una etapa insurreccional que había durado casi medio siglo. En el nuevo régimen de la Restauración borbónica, al igual que los republicanos, quedó marginado, pero se revitalizó con el agotamiento de la monarquía de Alfonso XIII y el advenimiento de la II República, etapa caracterizada, entre otras cosas, por el espíritu anticlerical y revolucionario de gran parte de la izquierda. De hecho, tras el alzamiento de julio de 1936, el carlismo sorprendió por su vitalidad y participación, pues los Tercios de Requetés desempeñaron un importante papel dentro del Bando nacional.
En el 150 aniversario del final de la Tercera Guerra Carlista, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, el profesor y escritor Javier Barraycoa, autor de obras como Esto no estaba en mi libro de historia del carlismo (Almuzara, 2019), analiza las circunstancias en las que se desarrolló el conflicto y cómo afrontaron los carlistas su derrota dentro del nuevo régimen.