El 19 de noviembre de 1850, la reina Isabel II inauguró el Teatro Real. Erigir el Real fue un empeño personal de la Reina, que buscaba poner en valor en España la ópera, arte de la que era gran aficionada. Este se enmarcaba en un profundo sentimiento cultural de la soberana, pues gracias a su acción mantuvo las colecciones reales de pintura del Museo del Prado ya que un Fernando VII sin el menor sentido de Estado las había dividido en su herencia. Isabel II las compró a su madre y a su hermana, dejando un legado patrimonial a España que hoy es una de las insignias del país.
José María Marco analiza la historia del Real y la deriva cultural que ha tenido en los últimos años
El Real ocupa desde entonces un lugar estratégico, frente al Palacio de Oriente. Desde que en él se representó, en su función de gala, La favorita, ópera de Donizetti, por su escenario pasaron los grandes divos, las obras de moda y compositores de primera fila como Rossini o Verdi, convirtiéndose en el templo de la ópera italiana, favorita del público español. Sin embargo, el Teatro Real fue clausurado en 1925 y el edificio convertido en un polvorín por los republicanos durante la Guerra Civil española. Así, el Real no volvió a abrir sus puertas hasta 1966, pero sin un proyecto cultural consistente y meditado. Desde entonces, y bajo el patrocinio de la Corona y del Estado, el de las instituciones locales madrileñas dirigidas por el Partido Popular, el Teatro Real se ha convertido en el buque insignia de la cultura oficial, cada vez más elitista, más woke, más decadente.
En el 175 aniversario de la inauguración del Teatro Real, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, el profesor y escritor José María Marco analiza la historia del Real y la deriva cultural que ha tenido en los últimos años.