El 17 de enero de 1996, un comando de ETA secuestró en Burgos al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Comenzó así un cautiverio de 532 días, el secuestro más largo de la banda terrorista, en condiciones de especial crueldad. Durante ese tiempo, permaneció en un oscuro agujero de dos metros por tres y 1,80 de altura, calado por la humedad del río Deva y oculto bajo una máquina pesada en una nave industrial de Mondragón, en Guipúzcoa. Aquellos largos meses sufrió un calvario: nunca salió de ese minúsculo zulo sin ventanas, en el que no podía dar más de tres pasos y en el que se alimentaba sólo con frutas, verduras y agua.
Se cumple el 30.º aniversario de su liberación, que supuso una auténtica conmoción nacional. En esta fecha, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, el periodista e historiador José Javier Esparza narra el secuestro y calvario de Ortega Lara. También cómo se convirtió en una de las figuras representativas de la lucha contra el terrorismo de ETA y su destacado papel en la fundación de VOX en 2014. Hoy, Ortega Lara, sigue siendo el rostro de la resistencia frente al terror.