Tras ganar las elecciones de diciembre de 2005, Evo Morales, líder del partido Movimiento al Socialismo (MAS), tomó posesión del cargo de presidente de Bolivia en una ceremonia a la que asistieron otros líderes hispanoamericanos como Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Lula da Silva o Ricardo Lagos. Este acontecimiento fue percibido como un triunfo democrático: un líder indígena, electo por la mayoría, que prometía inclusión social y estabilidad. Veinte años después se puede apreciar un error de diagnóstico: Bolivia aparece como uno de los primeros países donde se consolidó un modelo de poder iliberal con origen democrático, articulado regionalmente y sostenido por una estrategia a largo plazo.
Una vez en el poder, Evo Morales y el MAS iniciaron un proceso de reforma del régimen en Bolivia que no buscaba derrocar al Estado por la fuerza, sino vaciarlo desde dentro. Cambió la Asamblea Constituyente, emprendió la reescritura constitucional, concentró de forma progresiva el poder, subordinó la justicia y neutralizó todos los contrapesos. Además, al contrario que Venezuela y Cuba, justificó esta captación del Estado ofreciendo una imagen de legitimidad surgida de las urnas.
Veinte años después de la toma del poder de Evo Morales en Bolivia, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, Juan Pablo Chamón, politólogo y director ejecutivo del think tank Libera Bolivia, analiza la llegada al poder de Morales y las diferencias de su régimen con Cuba y Venezuela.