El 4 de diciembre de 1975 falleció en Nueva York la filósofa Hannah Arendt, una de las mentes más preclaras del siglo XX. Arendt, nacida en Alemania, estudió Filosofía y Teología en Marburgo, donde fue discípula y compañera sentimental de Martin Heidegger. Pocos años después, en 1933, su condición de judía le inhabilitó para la enseñanza debido a la llegada al poder de Adolf Hitler, la instauración del régimen nacionalsocialista y la llegada de las primeras medidas antisemitas en el país.
Ese mismo año se trasladó a Francia, donde conoció a intelectuales como Walter Benjamin y Jean-Paul Sartre. Sin embargo, en 1941 cruzó el Atlántico para instalarse de forma definitiva en Estados Unidos, donde publicó numerosos escritos, dando continuidad a lo largo de su vida a una fecunda labor filosófica. En ella, aparecen obras de la envergadura de La condición humana (1958), Eichmann en Jerusalén (1963) o Crisis de la República (1972).
Arendt realizó un estudio comparado entre el nacionalsocialismo y el estalinismo
Sin embargo, una de las más notables fue Los orígenes del totalitarismo (1951), una de las primeras monografías sistemáticas sobre el fenómeno totalitario. En ella, Arendt realizó un estudio comparado entre el nacionalsocialismo y el estalinismo y la definición de dicho término en el plano político y socioeconómico, evitando considerarlo como una mera ideología. Ahí indicó que, a diferencia de las dictaduras o de las tiranías, la esencia del totalitarismo consiste en su afán de control absoluto hasta lograr la despersonalización en el individuo, su conversión en un homo sovieticus o en el hombre nuevo del nacionalsocialismo.
En el 50 aniversario del fallecimiento de Hannah Arendt, la Fundación Disenso publica una nueva Nota. En ella, Ricardo Martín de la Guardia, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, rescata la figura de Arendt y analiza su obra Los orígenes del totalitarismo.