El 9 de diciembre de 1925 falleció en Madrid el fundador del PSOE, Pablo Iglesias Posse. Lo hacía casi al mismo tiempo que quien había sido su gran antagonista: Antonio Maura. Celebrado en plena dictadura de Primo de Rivera, su entierro fue multitudinario y a él asistieron unas 200 000 personas. Se trató de un auténtico ritual funerario religioso y de Estado, un acto civil sacralizado y con una capilla ardiente al estilo egipcio. De hecho, se erigió para él un mausoleo en el cementerio civil de Madrid y durante la II República, muchas calles fueron bautizadas con su nombre.
“Pablo Iglesias consideraba que el sufragio universal carecía de valor”
Pese al mito que se ha construido en torno al fundador del Partido Socialista Obrero Español, la realidad es que su único objetivo no era otro que alcanzar el socialismo mediante la revolución. Incluso consideraba que el sufragio universal carecía de valor y que solo serviría de plataforma para conquistar el poder mediante la fuerza. Otro de los aspectos más característicos de Pablo Iglesias fue su marcado anticlericalismo, materializado en sangrientos sucesos como la Semana Trágica de Barcelona de 1909.
El dirigente socialista describía así a la Iglesia católica: «una servidora celosa de la burguesía, la encargada de sancionar en nombre de Dios todas las tropelías, todos los despojos y todas las infamias que con los asalariados comete aquella». Pero no se detenía ahí, sino que también enarbolaba la consigna socialista contra la burguesía o contra la monarquía. Todo ello en su cosmovisión sociopolítica que distinguía a estas como el mal.
En el centenario del fallecimiento de Pablo Iglesias Posse, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, el profesor de Historia de las Ideas Políticas y de Historia del Pensamiento Español de la UNED, Pedro Carlos González Cuevas, desgrana y desmitifica la figura del fundador del PSOE.