En 2021 Santiago Abascal fue nombrado persona non grata en Ceuta. La iniciativa fue impulsada por el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC), formación liderada por la islamista Fátima Hamed. La abstención cómplice del Partido Popular, encabezado por el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, permitió que el propósito de Hamed saliera adelante. El motivo de tan distinguido nombramiento fueron las declaraciones que el de Amurrio hizo tras la invasión de marroquíes que se había producido días antes.
Concentrados en el Parador de Ceuta, y digo concentrados porque yo estuve allí, Abascal y un grupo de cargos electos, entre ellos, Juan Sergio Redondo, Manuel Gavira o Macario Valpuesta, no pudieron salir de un edificio que se vio asediado por una turba que tuvo que ser disuelta por la policía. Un agente nos confesó que entre los concentrados se encontraba algún individuo con delitos de sangre.
«Ambas ciudades son españolas antes de la cristalización de Marruecos»
«Invasión» fue el término de la discordia y de la ingratitud. Su uso, un clasificador, pues entre los que se abismaban ante un vocablo tan contundente, hubo quien prefirió fórmulas melifluas. «Saturación de frontera» fue una de las más imaginativas. Los usuarios de este rótulo negaban la invasión por entender que esta solo podía venir acompañada por elementos bélicos. Sin embargo, «invasión» se dice de muchos modos y en este caso su uso estaba más que justificado, pues su detonante fue el acogimiento, por parte del Gobierno de España, del líder del Frente Polisario, Brahim Gali. Un lustro después, la invasión, que demuestra hasta qué punto Marruecos controla este flujo humano, ha superado con creces aquel precedente. Las cifras de los que han traspasado la frontera española, esa espiguilla del Tarajal que recibe el excesivo nombre de espigón, se aproximan a la población que reside en la cada vez más marroquinizada Ceuta. En este contexto, Vivas ha pedido el despliegue del Ejército. O lo que es lo mismo, la medida que ya reclamó Abascal en su día.
Ante la magnitud de lo que los medios alineados con el Gobierno han denominado «crisis humanitaria», Sánchez, acompañado por el ministro del Interior, ha visitado la ciudad, pero se ha cuidado muy mucho de ofender al comendador de los creyentes. Ni el mando supremo de las Fuerzas Armadas ni la ministra de Defensa han aparecido por la antigua Septem Fratres. Su ausencia rebaja la carga cortical, internacional, del problema, favoreciendo una lectura humanitaria que solo contenta a los más rigurosos observantes del multiculturalismo y a algún que otro despistado que se cree el cuento de la «recuperación» de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos. Difícilmente se puede recuperar lo que nunca se tuvo, pues ambas ciudades son españolas antes de la cristalización de un Marruecos que cultiva cada vez con más ahínco su fantasiosa continuidad con el Imperio almorávide de Yusuf ibn Tasufín.
«La práctica totalidad de la Unión ha apoyado a Meloni ante la actitud de Sánchez, el más animoso cultivador de la Agenda 2030»
El problema también tiene una faceta europea. Frente a la beatitud europeísta que, bajo el argumento de que la crisis se ha producido en la frontera sur del continente, cosa incierta, pues Ceuta es una ciudad española en África, reclama el auxilio de la Unión Europea en la que vive Puigdemont, se alzó la muy europea y soberana voz de Meloni, que ha planteado cerrar el espacio Schengen a España. La práctica totalidad de los Estados de la Unión ha apoyado a la italiana ante la actitud de Sánchez, el más animoso cultivador de la Agenda 2030.
En esta tesitura, la incertidumbre sobre la soberanía española de las ciudades autónomas, pero también la de los peñones de los que tanta mofa irresponsable se hizo en el caso de Perejil, es creciente y alcanza, incluso, a las Islas Canarias, sobre las que ya gravitó una amenaza que ha narrado más de una vez Otero Novas a cuenta del Sáhara. Un Sáhara que forma parte del trasfondo del conflicto.
«La situación de Ceuta y Melilla es de una creciente e imparable marroquinización […] Más del 85 % de la inmigración que reside en Ceuta es de origen marroquí»
Desde un punto de vista sociológico, la situación de las ciudades es de una creciente e imparable marroquinización. De hecho, según un informe del Observatorio Demográfico de CEU-CEFAS, más del 85 % de la inmigración que reside en Ceuta es de origen marroquí. El resultado de esta transformación es una ciudad que, salvo en lo que se refiere a su sustrato arquitectónico, es cada vez más parecida a una de Marruecos. El efecto de todo ello es la marcha a la Península de muchos españoles y la falta de atractivo para otros que quisieran afincarse en tan española ciudad.
Así las cosas, la solución, en absoluto mágica, pasaría por, al menos, dos vías. La primera es la que ya apuntó Abascal: la militarización de la ciudad. Con ella se lograría reforzar una frontera con el poder militar, al que le corresponde -«Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional»-defender las fronteras que delimitan nuestra nación. La línea, no por débil, en el caso del espigón, menos impermeable, que separa dos nacionalidades: la española y la marroquí. La segunda debería pasar por una apuesta decidida por la revitalización económica de Ceuta. La ciudad cuenta con un innegable atractivo capaz de atraer ciertos perfiles turísticos y financieros.
«La solución podría pasar por seguir acogiendo menas –nuestros niños, en palabras de Pilar Alegría»
Sin embargo, ninguna de estas iniciativas parece contar para el actual Gobierno, atado a la doctrina entreguista que en su día hizo pública un impulsor de la Alianza de Civilizaciones, Máximo Cajal, y acaso ligado más personalmente y presidencialmente por la vía Pegasus.
Con unas Fuerzas Armadas precarizadas por los efectos del Síndrome de Pacifismo Fundamentalista, todo parece indicar que, de seguir Sánchez en el poder, la solución podría pasarpor seguir acogiendo menas -«nuestros niños», en palabras de Pilar Alegría- y por una fase de cosoberanía previa a un muy democrático referéndum que, dado el perfil de los consultados, entregaría las ciudades españolas africanas al comendador de los creyentes, a cuya Fiesta del Trono, tan próxima a la quibla, asistieron algunas de las más destacadas figuras sanchistas mientras sus súbditos violaban nuestra frontera.