En este 2026 se han cumplido 40 años del fallecimiento de Simone de Beauvoir, filósofa francesa de gran influencia en el pensamiento progresista y woke actual. El planteamiento de Beauvoir partía de la deconstrucción de todo aquello ajeno a lo que somos. Una de sus obras de mayor trascendencia fue El segundo sexo, donde insistió en que «no se nace mujer, se llega a serlo». Este ensayo preparó el terreno para la interrogante «¿qué es una mujer?», la cual ha provocado intensas controversias en los ámbitos universitario, intelectual y político. Tanto el denominado feminismo trans/queer como el feminismo de la sospecha constante son herederos directos de aquella afirmación que llegó a repetirse como un mantra.
Las posiciones de Beauvoir contrastan con las de otra célebre filósofa francesa: Simone Weil. Mientras que la primera fundamentó su ética en la reivindicación de los derechos individuales y en la soberanía del «yo», Weil pretendía erigirla sobre las obligaciones: un derecho carece de valor si no existe un prójimo que asuma el deber sagrado de respetarlo. De hecho, Weil comprendió que el ser humano posee necesidades fundamentales que el laicismo moderno desprecia, tales como el orden, la obediencia consentida, el honor y, por encima de todo, el arraigo.
Con motivo del 40.º aniversario del fallecimiento de Simone de Beauvoir, la Fundación Disenso presenta una nueva Nota. En ella, Aurora Pimentel —licenciada en Derecho por la UCM, profesora universitaria y traductora— analiza el pensamiento de Beauvoir y lo contrapone a las ideas de Simone Weil.