«Los seres humanos son como ovejas, incluso cuando sus propias vidas corren peligro obedecen la ley. Pero si vosotros no hacéis nada, tengo que hacerlo yo. Lo hago por ti, hasta que aprendas a hacerlo por ti mismo»: son palabras del héroe de Citizen Vigilante, un exmilitar estadounidense afincado en Croacia que ejerce de justiciero.
Se llama Michael Sanders y es un hombre rico y blanco que, ante el fracaso del sistema judicial europeo, empieza a matar a tiros a criminales injustamente liberados. Paralelamente, sube videos a internet en los que, con el rostro pixelado, explica su cruzada. Pronto se convierte en una celebridad.
«Los europeos ya están cansados de situaciones como la que abre la película, donde un inmigrante negro mata a una ciudadana blanca de una cuchillada en el cuello»
Da igual que la policía lo difame y diga que forma parte de un grupo terrorista, el pueblo ama al justiciero. Gracias a él, los ciudadanos expresan su hartazgo, y hasta en el telediario se dice que «si los riesgos asociados a la inmigración superan los beneficios, quizá es hora de reevaluar las políticas migratorias». Y es que los europeos ya están cansados de situaciones como la que abre la película, donde un inmigrante negro mata a una ciudadana blanca de una cuchillada en el cuello, a plena luz del día, ante la llorosa mirada de su hijo.
Sanders tiene el gatillo fácil y no duda en masacrar a familia enteras, a escuadrones de policías o a jueces que se pasan de blandos con los delincuentes. Como le dice el héroe a un magistrado corrupto antes de darle la puntilla, «usted deja libres a traficantes y violadores, y eso le hace tan malo como ellos».
«Citizen Vigilante ha sido condenada por la izquierda woke y prohibida en Alemania por ‘incitar a la violencia xenófoba’»
El justiciero tampoco pestañea cuando acribilla a los integrantes de una manada magrebí que violaron a una niña de 14 años y, tras el juicio, fueron puestos en libertad condicional. Poco antes de liarse a tiros, Sanders pregunta: «Si vuestros valores islámicos dicen que las mujeres de Europa se merecen que las violen por cómo se visten, ¿por qué habéis venido aquí?».
Solitario empedernido, Sanders se oculta en una guarida equipada con gimnasio y arsenal. Se considera un hombre libre de morales impuestas, falsas religiones y politiqueo barato: «El estado, los tribunales, la policía… nunca han tenido intención de hacer justicia. Sólo existen para controlarte. Pero yo estoy aquí para ayudarte a recuperar ese control. O los gobiernos ponen fin a esto o nosotros, el pueblo, lo haremos».
«Elon Musk difundió gratuitamente Citizen Vigilante en la red social X, propiciando que millones de personas la vieran»
Como era de esperar, Citizen Vigilante ha sido condenada por la izquierda woke y prohibida en Alemania por «incitar a la violencia xenófoba». El director cree que es un caso de censura política, debido a que la mayor parte de los delincuentes que salen en el film son inmigrantes: «Si aparecieran seis neonazis violando a una inmigrante, habría sido la película inaugural de la Berlinale», afirma con sorna.
Pero la fortuna favorece a los audaces, y Elon Musk —que, como yanqui preocupado por el problema de la inmigración en Europa, quizá se sintió identificado con Sanders— difundió gratuitamente Citizen Vigilante en la red social X, propiciando que millones de personas la vieran. El éxito ha empujado a la distribuidora Quives a comprar sus derechos para estrenarla en cines de todo el mundo, abriendo la puerta a una secuela. Así, una película de serie B se ha convertido en un auténtico fenómeno social.
«El trabajo del actor, encarnando a un héroe frío y flemático, es magnífico, y conecta con las viejas glorias del cine de justicieros»
Hay que tener en cuenta que Uwe Boll está considerado por la crítica como «el peor director de la historia del cine». Un sambenito exagerado, pero no del todo injusto. Desde 1992, Boll ha dirigido casi 40 cintas, entre las que abundan thrillers baratos y adaptaciones de videojuegos. Entre las más potables, el drama sobre violencia escolar Heart of America (2002), la delirante comedia Postal (2007), o el festival de disparos Rampage: francotirador en libertad (2009).
En cuanto al actor protagonista de Citizen Vigilante, se llama Armie Hammer y lo hemos visto en producciones tan célebres como La red social (David Fincher, 2010) o J. Edgar (Clint Eastwood, 2011), pero en 2021 cayó en desgracia porque varias exparejas lo acusaron de abusos sexuales. Uwe Boll afirma que «lo fiché porque es un gran actor, pero también porque se le ha cancelado a pesar de que no hay cargos ni condenas». El trabajo del actor, encarnando a un héroe frío y flemático, es magnífico, y conecta tanto con las viejas glorias del cine de justicieros (Charles Bronson, Sylvester Stallone, Jason Statham…) como con el tradicional arquetipo del militar impasible y lacónico.
Pero la película también tiene sus defectos. Parte de la trama es lenta, hay escenas de acción bastante torpes, y el protagonista no es precisamente un santo: paga por sexo en un burdel ilegal, provoca accidentes de tráfico, especula con inmuebles, mata a inocentes… Por si fuera poco, actúa a cara descubierta, cosa que en la vida real provocaría su pronta detención.
«Citizen Vigilante es la primera película que se atreve a rechazar visceralmente la inmigración criminal en plena invasión de Europa»
Por momentos, el guion de Uwe Boll es tan confuso que no está muy claro si Citizen Vigilante es una apología o una caricatura del justiciero de marras. Por suerte, el cineasta deja claras sus intenciones en el rótulo final: «Esta película está dedicada a los miles de víctimas europeas de violaciones y asesinatos que han sido traicionadas por nuestro sistema legal».
Taxi Driver, Un día de furia, Yo soy la justicia, Harry el sucio, El ex-preso de Corea… Existen muchas películas de justicieros mejores que esta. Pero, a nivel histórico, Citizen Vigilante tiene más importancia, pues es la primera película que se atreve a rechazar visceralmente la inmigración criminal en plena invasión de Europa. Por eso, a pesar de todo, debemos levantarnos y aplaudir a Uwe Boll: puede que su película no sea perfecta, pero hacen falta muchos huevos para hacerla.