Es conocido y envidiado el hábito de los suizos de someter a referéndum cantidad de asuntos. Algunos de ellos han sido el mantenimiento del dinero en efectivo, la constitución de un fondo para combatir el cambio climático, la limitación de la publicidad del tabaco, la subida de impuestos a los más ricos, las primas de los seguros médicos, la prohibición de minaretes de las mezquitas, la regulación de los precios de los libros…
El domingo 15 de junio, el pueblo pudo pronunciarse sobre una propuesta sorprendente, cuyo título era: «No a una Suiza de diez millones». Pretendía limitar la población residente permanente del país a 10 millones para 2050, cuando en la actualidad es de 9,1 millones.
«Insólita», «populista», «irrealizable» y otros adjetivos que el lector imagina… fueron los que le dedicó la prensa de prestigio. Sufragó el 58%, una cifra superior a la registrada en las consultas de marzo (55%) y de septiembre pasados (49%), lo que demuestra que atrajo a la gente. El resultado fue 1,49 millones a favor (45,21%) y 1,81 millones en contra (54,79%). Sólo triunfó en ocho de los veintiséis cantones que forman la república federal (hace falta una doble mayoría para la aprobación de las propuestas: de los votantes y de los cantones).
«Después de promover la inmigración como una cura universal para los problemas económicos, Occidente ahora cuestiona sus beneficios»
El principal partido impulsor de la iniciativa fue el Partido Popular Suizo (SVP/UDC), el primero en el Parlamento federal (Consejo Nacional) en las elecciones de 2023, con casi un 28% del voto. Le acompañaban otros tres partidos, mucho más pequeños. Por tanto, la SVP se presenta ante ese segmento del electorado como su portavoz y puede captar en próximas elecciones y referendos esos cientos de miles de votos.
La redacción del semanario The Economist, abanderado de la globalización, debió de respirar aliviada, a los diez años del Brexit que la dejó conmocionada. Con la soberbia que le caracteriza, tituló así un editorial días antes de la votación: «Los suizos serían insensatos si limitaran su población a 10 millones.
A veces, la inmigración necesita frenos, pero la propuesta sería como estrellarse contra una pared». El periódico Wall Street Journal, también partidario del libre comercio y de la abolición de las fronteras (al menos, para los capitales y las mercancías), aunque más sensato, recapituló sobre una tendencia que se está dando en todo el mundo, desde Japón y Chile a Irlanda y Suecia: «Después de promover la inmigración como una cura universal para los problemas económicos, Occidente ahora cuestiona sus beneficios».
«La población ha pasado de poco más de siete millones en 2001 a 9,1 millones debido a la inmigración»
Sin duda hace veinte años, la iniciativa no habría recogido las 50 000 firmas necesarias para convocar el referéndum. Hace diez años, las habría reunido, pero no habría obtenido más de un 10% del voto. Justo después del COVID-19, podría haber alcanzado un 25%. Y ahora, supera un 45%. La razón de este movimiento de protesta se encuentra en un aumento disparado de la población residente en Suiza: un 23% desde que en 2002 entró en vigor el acuerdo de libre circulación firmado con la Unión Europea.
En consecuencia, la población ha pasado de poco más de siete millones en 2001 a 9,1 millones, debido a la inmigración. Con ésta, como hemos comprobado los españoles, crecen también la saturación de los servicios públicos, el precio de la vivienda y la delincuencia. Los pueblos pagan las consecuencias de las decisiones que toman sus gobernantes, la mayor parte de las veces sin consultarles.
«El ‘sí’ a la iniciativa ha sido mayor en los cantones con menos inmigración»
En el análisis del voto en el referéndum, encontramos patrones comunes a los países vecinos: Francia, Alemania y Austria. El ‘sí’ a la iniciativa ha sido mayor en los cantones con menos inmigración, en este caso, los de lengua alemana, con la excepción de Zurich, e italiana. No quieren perder su homogeneidad. En cambio, los de cultura francesa, la Suiza romanda, rechazaron la propuesta.
El ’no’ ganó gracias al voto mayoritario en las ciudades más pobladas, donde hay establecidos multinacionales, bancos y organismos internacionales. En el cantón de Zurich alcanzó el 60%; en el de Ginebra, el 51%; y en el de Basilea-ciudad, el 73%, casi veinte puntos por encima del rechazo registrado en Basilea-país.
«Rechazaron la propuesta los residentes en las ciudades cosmopolitas, muchos de ellos extranjeros ya con doble nacionalidad»
Aparte de la urbanización, el otro elemento que decantó la victoria del ‘no’ fue la demografía. El 60% del voto etario de los mayores de 65 años se decantó por el ‘no’ y sólo un 40% por el ‘sí’. Éste únicamente fue mayoritario, y por poco, en la franja de edad comprendida entre los 35 y 49 años, formada por quienes recuerdan la Suiza anterior a la invasión inmigratoria y, a la vez, están siendo perjudicados por ésta. La proporción en este grupo fue del 51% por el ‘si’ y el 49% por el ‘no’. Entre los suizos de 18 a 34 años, la proporción fue del 52% por el ‘no’ y el 48% por el ‘sí’. Por último, entre los 50 y 64 años, los porcentajes fueron del 57% a favor del ‘no’ y el 43% a favor del ‘sí’.
En conclusión, rechazaron la propuesta los residentes en las ciudades cosmopolitas, muchos de ellos extranjeros ya con doble nacionalidad, a los que beneficia la globalización, y los jubilados, cuyas preocupaciones fundamentales consisten en la pensión y los viajes.
«La izquierda aparece como la ejecutora de las políticas que desean los ricos… para hacerse más ricos»
Por último, la iniciativa no explicaba qué medidas debería tomar el gobierno federal cuando el país llegase a la cifra de diez millones y tampoco los efectos que podía tener sobre el acuerdo con la UE. Tiene, por tanto, las características de una acción propagandística para sus promotores.
Entre las curiosidades de la campaña destaca la alineación de los sindicalistas, los socialistas, los banqueros y los empresarios, unidos en la oposición a una propuesta que, según decían todos ellos, debilitaría el bienestar de los suizos. De nuevo, la izquierda aparece como la ejecutora de las políticas que desean los ricos… para hacerse más ricos.
La derrota de una propuesta tan radical como ésta por menos de diez puntos de diferencia constituye una victoria pírrica del establishment y del globalismo. ¿Cuál podría ser el resultado dentro de tres o cuatro años? Porque el malestar no va a dejar de crecer y Europa está girando contra los dogmas laicos de «necesitamos inmigrantes» y «la diversidad es nuestra fuerza».