Donald Trump contra Bad Bunny: la batalla pop del español y la Hispanidad

La estrella de Puerto Rico, rey del pop en nuestro idioma, promedió 128,8 millones de espectadores en la Super Bowl

Hay una primera consideración que deberíamos hacer antes de entrar en cuestiones sociopolíticas sobre el show musical del descanso de la Super Bowl 2026. Por encima de cualquier posición ideológica, es obligado reconocer que Benito Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, es el mayor campeón cultural que tiene la lengua española en nuestra época. Se ha negado siempre a cantar en inglés para complacer a una industria dominada por los anglosajones, demostrando que no era necesario, como prueba su condición de artista más escuchado del planeta durante varios años en Spotify (2020, 2021, 2022 y 2025). Sus datos de audiencia en esos 13 minutos de descanso son brutales: 128,8 millones de espectadores de media, 4000 millones de visualizaciones en redes en solo 24 horas y medios de todo el mundo debatiendo su propuesta.

No solo eso, sino que muchas ceremonias de entrega de premios en Estados Unidos han llegado al extremo militante de contestar en castellano a preguntas que los medios le hacían en inglés (un gesto quizá maleducado que él justifica por el ninguneo a nuestro idioma en el sector musical). Solamente el dato anterior debería bastar para que muchos comentaristas conservadores hispanohablantes traten al cantante con mayor respeto, a pesar de encontrarse en sus antípodas políticas. Hay que destacar que no sabe pronunciar o que no se le entiende es un conocido tópico clasista, como los señoritos que se burlan los cantantes de flamenco de pueblos de Cádiz, Granada y Málaga por sus cerrados acentos locales.

Bad Bunny canta de manera cálida y eficiente, masticando las palabras al estilo de los vocalistas de dancehall jamaicano, un género musical muy popular en los barrios más pobres de la isla, ingrediente esencial en muchos artistas de música urbana por su fraseo enérgico, desafiante y contagioso. Los superventas de esta escena cantan en inglés, pensemos por ejemplo en Sean Paul, y tampoco se le entienden la mayoría de las letras, en parte por el estilo de pronunciar y en parte por la sobredosis de jerga callejera que caracteriza al género. Nadie se ha quejado de esto hasta ahora, excepto con el arrase de los reguetoneros y traperos hispanohablantes. Seguimos arrastrando complejos.

Entremos, entonces, en el meollo de la cuestión que nos ocupa. Bad Bunny planteó su espectáculo como una reivindicación del papel de la clase obrera hispanohablante, en concreto de la contribución de los hispanos a la construcción de Estados Unidos. El show tuvo como protagonistas a cortadores de caña, vendedores ambulantes de comida, peluquerías de barrio y otros arquetipos frecuentes en el país de la libertad, por ejemplo, los bailarines latinos pasionales y sudorosos.

La única matraca política propiamente dicha vino de los activistas antitrumpistas que repartieron al público toallas con el lema «Ice out». A pesar de su oposición a las deportaciones, la intervención de Bad Bunny en la Super Bowl no tuvo despliegues explícitos de polémica. Se pensó que sí porque entregó su reciente premio Grammy a un niño de cinco años con físico parecido al de un detenido de ICE. En realidad, se trataba de Lincoln Fox, un niño actor escogido por su parecido por su parecido al cantante a esa edad.

Donald Trump se posicionó siempre en contra del show, desde que supo que se iba a celebrar con un repertorio íntegro en castellano, pero podría haber aprovechado para apoyarlo como una prueba de que un inmigrante legal —Bad Bunny reside en Los Ángeles— puede hacerse millonario igual que un estadounidense. De hecho, durante la campaña de 2024 varios reguetoneros participaron en mítines de Donald Trump para apoyarlo, en concreto Anuel AA, Justin Quiles y Nicky Jam. En la campaña republicana de 2008, Daddy Yankee fue una de las pocas celebridades que apoyaron a John McCain frente a Obama (el show de Bad Bunny incluyó un homenaje a su himno «Gasolina»). El movimiento MAGA no está condenado a chocar con el perreo.

Quizá una respuesta más inteligente hubiese sido resaltar que los Estados Unidos de Trump disfrutan de unos altos niveles de libertad de expresión, donde el espectáculo más visto del año puede convertirse en un cuestionamiento de su política de inmigración. Imaginen cómo reaccionaría Pedro Sánchez si los especiales de humor de Nochevieja de Atresmedia y Mediaset contuvieran gran cantidad de sketches contra la regularización de medio millón de migrantes. 

A Trump le llaman «autoritario», «dictador» y hasta Hitler, pero soporta con gran estoicismo y humor tener en su contra, de manera constante, a más del noventa por ciento de la industria del espectáculo en su país. El actual presidente de Estados Unidos es un gran defensor de la Hispanidad, que ha restaurado el respeto por Cristóbal Colón, pero quizá le ha faltado un poco más de cintura en cuestiones pop (la que mostró en la última campaña presidencial bailando «YMCA» de Village People). Ojalá bailar Bad Bunny un día: recordemos que la Casa Blanca ya usó un reel donde sonaba «Gasolina» para celebrar la operación que derrocó a Nicolás Maduro, expresidente de Venezuela.

La parte más triste de la actuación llegó con un desfile de banderas que se limitaron a naciones de América e ignoraron por completo nuestra rojigualda, enseña del país donde nace el idioma que más une a aquel continente. Dentro de la música urbana en castellano, corremos el riesgo de que se forje una Hispanidad que excluya a España. Ya ocurrió con «La Gozadera» (2015), el exitazo global de los cubanos Gente de Zona —con colaboración de Marc Anthony— donde había otro desfile de banderas en el que tampoco se hizo hueco a España. Urge dejar de menospreciar la nueva música urbana y empezar a sentirla como nuestra porque realmente lo es, por mucho que les moleste a algunos culturetas arrogantes que usan términos despectivos como «Hispanchidad».

Es preciso recordar que cuando el reguetón explota comercialmente en 2004 muchos españoles pensaron que estábamos ante otra moda pachanguera que sería olvidada en un par de años. La realidad es que el género no ha dejado de crecer y cada año está más fuerte que el anterior. La última gran noticia es que Bad Bunny ha cruzado otra frontera al convertirse en el primer artista hispanohablante en colocar una canción en el número uno de las listas pop de China. Su éxito «Debí tirar más fotos» ha conquistado al gigante asiático, donde se puede producir la próxima fiebre por el pop en español. Como dijo Ramiro Villapadierna, codirector de la cátedra Vargas Llosa, «Shakira y Bad Bunny han hecho más por el español que el Instituto Cervantes».

https://linktr.ee/fdisenso 

Entradas Relacionadas

Newsletter

Responsable: FUNDACIÓN DISENSO (+ info)

Finalidad: Atender y gestionar la suscripción al newsletter (+ info)

Derechos: Acceder, rectificar o suprimir los datos, así como otros derechos, como se explica en la información adicional (+ info)

Información adicional: Puede consultar la información adicional y detallada sobre Protección de Datos en nuestra página web: Política de Privacidad