En la controversia que divide la política en Europa entre el globalismo y la identidad, los pesimistas suelen decir que no se podrá detener la carrera que conduce a nuestros pueblos al abismo, salvo que los partidos patriotas consigan mayorías absolutas en los parlamentos, pues los partidos del sistema preferirán pactar entre ellos para mantenerlo, como sucede en Alemania, Francia y Rumanía.
Si se mira al lado oriental de lo que fue el Telón de Acero esas victorias ya se han conseguido, como en Hungría y Polonia. ¿Y en el lado occidental? Hay un partido que está cerca de alcanzar la primacía social que conduce a la primacía política, y es el Partido de la Libertad austriaco (FPÖ), que en el Parlamento Europeo se integra en el grupo de Patriotas. Las encuestas recientes muestran que se acerca a un 40% del voto.
«No se podrá detener la carrera que conduce a nuestros pueblos al abismo, salvo que los partidos patriotas consigan mayorías absolutas en los parlamentos»
La última vez que un partido austriaco alcanzó ese porcentaje ocurrió en 2002, cuando el partido popular (ÖVP) sacó un 42%. Desde la ruptura del cómodo y previsible turno entre democristianos y socialdemócratas, con la irrupción de los ecologistas y la conversión del FPÖ de liberal sistémico a identitario, el sistema de partidos ha evolucionado a una fragmentación en cuatro bloques: uno para los populares, otro para los socialistas, un tercero para la derecha y un cuarto compartido por verdes y liberales.
De las mayorías absolutas de uno de los dos grandes partidos que se sucedieron hasta principios de la década de los 80, se pasó a las coaliciones entre los dos y posteriormente a las coaliciones de uno de ellos con los nuevos pequeños partidos, incluido el FPÖ (2017-2019). Las últimas fórmulas han consistido en alianzas con los verdes, curado de su fiebre revolucionaria y anticapitalista («liberales que reciclan» los apodan las izquierdas alemanas), y en la actualidad una «gran coalición» entre populares, socialistas y liberales, la primera tripartita de la república austriaca.
«La formación de este gobierno, en marzo de 2025, entre dos viejos partidos y uno nuevo no ha solucionado los problemas que sufren los ciudadanos austriacos»
En las elecciones al Parlamento nacional celebradas el 29 de septiembre de 2024, el Partido de la Libertad, encabezado por Herbert Kickl, fue el más votado del país, con un 28,8%, y con el mayor grupo parlamentario, 57 diputados de 183. El ÖVP, con 51 diputados, rechazó el programa identitario, titulado Fortaleza Austria (Festung Österreich), y optó por romper con los ecologistas y escoger nueva pareja de baile… que fueron dos: los socialistas (SPÖ) y los liberales (NEOS).
La formación de este gobierno, en marzo de 2025, entre dos viejos partidos y uno nuevo no ha solucionado los problemas que sufren los ciudadanos austriacos y éstos expresan su malestar apoyando a «los apestados». Cerca de cumplirse el primer aniversario de ese gobierno, las encuestas indican que el FPÖ puede haber aumentado en más de un tercio sus votantes.
«El FPÖ tenía unos apoyos muy sesgados por edades, sexos, territorios y rentas»
Cuando un partido de un país occidental que tenía en torno a un 10-15% del voto sube a un 38%-40% se debe a que ha dejado de ser un «partido de nicho», centrado en un solo asunto, o beneficiario de una reacción pasajera ante una crisis, y ha penetrado en todas las capas sociales, con un programa dirigido a atraer una mayoría o, al menos, la primera minoría.
Hasta ahora, el FPÖ tenía unos apoyos muy sesgados por edades, sexos, territorios y rentas, como les ocurre a otros partidos similares. Por ejemplo, un desequilibrio por sexos, que puede ser de dos o incluso tres votantes masculinos por cada mujer. También, una tendencia a ser más escogido por los jóvenes y la población activa que por los jubilados. Y, por último, la división entre el campo y las ciudades pequeñas frente a la capital y otras urbes, donde viven los agraciados de la globalización y las poblaciones dependientes de las transferencias públicas, sean pensiones o subsidios.
«En las elecciones municipales vienesas, de abril de 2025, el FPÖ […] rebasó el 20%»
En el caso austriaco, el FPÖ ha sacado peores resultados en Viena, donde vota casi un 20% del electorado, que en el resto del país. En las elecciones de 2024, el partido de Kickl quedó ocho puntos por debajo, y el SPÖ, tercero a nivel nacional, fue el primero. Es la excepcionalidad de las urbes respecto a sus naciones. En las elecciones bávaras (2023), en Munich quedó primero el partido ecologista, que en el recuento total bajó al cuarto lugar. Y en Washington DC la candidata demócrata obtuvo un 90% del voto frente a Donald Trump, cuando su porcentaje nacional fue de un 48%.
Sin embargo, esa anormalidad está desapareciendo. En las elecciones municipales vienesas de abril de 2025, el FPÖ superó los efectos del escándalo Ibiza, que en 2020 le hundieron en el último lugar, y rebasó el 20%. Las encuestas recientes en la capital muestran un crecimiento constante del partido de la derecha y un retroceso de los socialistas, de manera que ya no se repetiría el resultado anterior, en el que el candidato del SPÖ casi dobló al del FPÖ.
«La realidad nacional, el fracaso de los viejos partidos […] y la presencia del FPÖ en las ciudades y pueblos […] están impulsando al partido identitario austriaco hacia la mayoría social»
En esta fase de ascenso del FPÖ, quizás el mayor obstáculo en su marcha al poder sea el voto por correo. El 1 de enero de 2024 entró en vigor una reforma de la ley electoral sobre este tipo de votación, apoyada por los partidos del gobierno de coalición de populares y ecologistas y, también, por los socialistas, los identitarios y los liberales. En las elecciones legislativas de septiembre, los ciudadanos que pidieron sufragar por correo fueron 1,4 millones de los 6,3 millones que componen el censo; un 22%. En otras elecciones, la integridad del voto por correo ha causado escándalos y hasta la repetición de las elecciones presidenciales en 2016.
Lo fundamental, sin embargo, es que la realidad nacional (empobrecimiento, inmigración, islamización, descarbonización y decrecimiento, arrasamiento de la agricultura, disolución de la identidad), el fracaso de los viejos partidos y de sus nuevas muletas y la presencia del FPÖ en las ciudades y pueblos y en medios de comunicación alternativos para superar la censura están impulsado al partido identitario austriaco hacia la mayoría social.