El Centro de Investigaciones Sociológicas es uno de esos organismos oficiales que el Gobierno de Sánchez ha convertido en un instrumento privado del PSOE, aunque lo seguimos manteniendo con fondos públicos, al igual que RTVE o la Fiscalía General del Estado.
Desde finales de junio de 2019, preside el CIS José Félix Tezanos, veterano militante socialista, que ocupó un puesto en el Comité Federal del PSOE (1994-1997) y la Secretaría de Estudios y Programas del partido (2017-2018). Su objetivo es, con sus encuestas sesgadas, a las que aplica desde 2019 el prestigioso «modelo bidimensional inercia-incertidumbre Alaminos-Tezanos», contribuir al relato de que el PSOE es el partido mayoritario de España y ganaría unas elecciones generales, aunque en todas las celebradas desde las generales de julio de 2023 -salvo las del Parlamento catalán- haya quedado segundo, por detrás del PP. ¿Nos está preparando para un pucherazo logrado mediante el voto del exterior?
«Los cálculos del CIS están sesgados en favor del PSOE, cuyo secretario general paga las facturas del organismo con el dinero de los ciudadanos»
El Barómetro de julio del CIS permite ver la manipulación que realizan Tezanos y su banda con la estimación de voto a los partidos, competición que siempre gana el PSOE, aunque las urnas digan lo contrario.
Empezamos con lo más obvio. A las 4020 personas encuestadas se les preguntó si habían votado en las generales de julio de 2023: contestó afirmativamente el 83,8 %, cuando lo cierto es que votó un 66,5 %. Es decir, una desviación de casi 17 puntos que debe corregirse. ¿Lo hacen los funcionarios del CIS? A tenor de los siguientes datos, que cada uno saque sus conclusiones.
Al preguntar por el recuerdo del voto, el PSOE aparece primero, con un asombroso 37,4 %. Le sigue el PP, con un 22,2 %. A continuación, VOX (10,2 %), Sumar (9,5 %) y ERC (2,15 %). Los porcentajes reales de esas elecciones fueron: PP, 33,1 %; PSOE, 31,6 %; VOX, 12,3 %; Sumar, 12,33 %; y ERC, 1,89 %. Por tanto, los cálculos del CIS están sesgados, y mucho, en favor del PSOE, cuyo secretario general paga las facturas del organismo con el dinero de los ciudadanos.
«Sobre los tres principales problemas en España, las respuestas son la vivienda, la inmigración y los problemas políticos en general»
Otros expertos, con esos mismos datos, ya cocinados, dan un resultado distinto. Por ejemplo, el Instituto Sondaxe coloca en unas elecciones generales inmediatas al PP como el partido más votado (28,7 %); al PSOE, segundo (27,2 %); tercero a VOX (17,2 %), que aumentaría en más de dos tercios su electorado; a Sumar con un tercio menos (5,9 %); y a ERC con el mismo resultado de hace tres años (1,8 %).
Sin embargo, incluso en este muladar encontramos datos memorables, como la confirmación de que la casta política progresista y sus creadores de opinión hablan de asuntos que no interesan a la sociedad.
A la pregunta a los 4020 encuestados sobre los tres principales problemas en España, las respuestas son la vivienda (43,0 % del total), la inmigración (23,4 %), los problemas políticos en general (18,7 %), la corrupción y el fraude (17,8 %), la crisis económica (17,3 %) y la calidad del empleo (15,0 %).
«El cambio climático lo citan entre los tres mayores problemas de España solo un 3,7%»
Frente a estos asuntos, el Gobierno de Sánchez y las izquierdas plantean medidas como no construir más viviendas, regularizar a más de un millón de inmigrantes (con las consecuencias para el empleo, el salario y los servicios públicos que ya conocemos), los ataques a los jueces que condenan a socialistas por algún tipo de delito de corrupción y la afirmación repetida de que «España es el motor económico de la UE», acompañada del crecimiento del IMV.
Por otro lado, el PSOE y sus satélites dedican leyes específicas (en ocasiones creando discriminaciones por razones de sexo, residencia o nivel de renta), miles de millones de euros públicos, ministerios y consejerías autonómicas y campañas de propaganda a varios asuntos que solo apasionan a las élites extractivas que se lucran mediante ellos.
El cambio climático lo citan entre los tres mayores problemas de España solo un 3,7 %. La difusión de bulos (sin diferenciar quiénes los generan), un 2,0 %. El racismo, sin aclarar nada más, un 1,5 %. La violencia de género, un 0,6 %, a la misma altura que la ocupación de viviendas. Las guerras «en general», un 0,5 %. Los estatutos de autonomía, un 0,4 %. Los problemas relacionados con la mujer, un 0,3 %. La misma cifra corresponde a «el aumento de odio, la violencia y las agresiones homófobas».
«Cuando los socialistas pierden el gobierno siguen manteniendo el poder […] como demostraron los nefastos años de Mariano Rajoy»
¿Por qué las izquierdas se centran en temas que no interesan a la mayoría de los ciudadanos? No dudo de que en unos casos se trate de un error y en otros de manipulación, como está haciendo ahora Pedro Sánchez al culpar de los cada vez más escasos incendios forestales al cambio climático, en vez de a la falta de limpieza de los montes o de recursos para combatirlos, que se le podrían atribuir a él y a otras Administraciones. Pero lo hacen porque así cumplen su plan de modificar la sociedad y encajarla en sus marcos mentales. Así, cuando los socialistas pierden el gobierno siguen manteniendo el poder, ya que el PP, como demostraron los nefastos años de Mariano Rajoy (2011-2018), mantiene todas y cada una de sus leyes, junto con las ideas a las que responden.
La única manera de que la sociedad española deje de ser de izquierdas consiste en dar la batalla cultural en los asuntos que más preocupan a la mayoría de sus miembros. Por el contrario, seguir la agenda del PSOE porque «España es de centroizquierda», tal como ha dicho durante décadas la dirección del PP, tiene como consecuencia legitimar el discurso y los relatos dominantes. Los ciudadanos prefieren la solución al encarecimiento de la vivienda y a la inmigración descontrolada, antes que los subsidios al coche eléctrico y la instalación de bancos morados.
El criterio de «yo también», aplicado tradicionalmente por candidatos de centroderecha desde Chile a Alemania, acaba trayendo la derrota, así como la instauración de un régimen, no de partido único, aunque sí de programa único, en el que el progresismo gobierna a veces y manda siempre.