Vivimos tiempos interesantes, en los que el trapero madrileño El Jincho escribe «El Perro Sánchez» y poco después el presidente de nuestro gobierno organiza una Cumbre Internacional Contra el Odio, con la que intenta controlar cualquier cuestionamiento a su persona. ¿Estarán preocupados los CEOs de Spotify, YouTube y X por albergar la canción en sus plataformas? ¿O saben ya que la app Hodio del sanchismo tiene pinta de no funcionar nunca, como tantas otras cosas? ¿Traerá problemas interpretarla en directo?
«El sanchismo destruye la España productiva en favor de las redes clientelares de ayudas, paguitas y bonos culturales»
El gobierno anuncia que publicará listados de infractores cada seis meses, pero todos sabemos que cualquier boicot de una canción disidente solo puede redundar en que se dispare su popularidad. Mientras El Jincho atruena en altavoces de los barrios populares, el cantautor progresista Ismael Serrano amenizó con su guitarra la cumbre del sanchismo. Si al gobierno le interesase de verdad atenuar el odio, lo suyo hubiera sido sentar a los dos a debatir, a ver dónde se encontraban.
Comparto unos fragmentos de la letra de «El Perro Sánchez» para que se hagan una idea de su voltaje. «Que tenía pedigrí, nos dijeron/ y, al final, resultó un perro callejero/ de cachorro rebelde pasó a perrito faldero/ la tiene tomá con los empresarios y los obreros», recita. Bajo su aparente tosquedad, El Jincho está diciendo una verdad como un templo: que el sanchismo destruye la España productiva en favor de las redes clientelares de ayudas, paguitas y bonos culturales.
Luego la canción acusa, de manera directa, a la base electoral del presidente: «Especial dedicación para todas esas charos/ que tienen un perrito y lo aman/ y no te importe que se porte mal/ que se cague en el hospital/ le dejan hacer de tó/ cambia al perro por un tigre, coño», respeta a las señoras ‘progres’ del pelo teñido de rojo, morado o caoba.
«El rechazo de la izquierda a la rojigualda fue un factor importante en el viraje del Jincho, (…) le hizo simpatizar con VOX»
El Jincho ya es un veterano del desahogo antisanchista, odio si prefieren. Se había doctorado con «La rata», donde fantasea con la violación del presidente en un módulo carcelario y entona el famoso «Pedro Sánchez, hijo de puta», secundado por sus compinches Aloy, Teno Álvarez y MC Caribeño. También reparte bofetadas en la letra de «No gregario»: «Corrupción el Senado, presidente dimisión/ no podemos permitir que jueguen con nuestra nación/ el PSOE y el PP, la misma mierda son/ toda dictadura tiene su falsa oposición/ ya no estamos en los tiempos de los rojos y los grises/ ahora estamos en los tiempos de Abascal y Alvise», resume.
El hip-hop español fue casi siempre anglófilo y despolitizado, tirando a ‘progre’ cuando tocaba posicionarse, incluso antiderechista furibundo si atendemos a las declaraciones de El Meswy, que opinaba en un vídeo popular en redes —y difundido por Spanish Revolution— que habría que pegar dos hostias a quien portase en público una bandera de España. Aunque a muchos les parezca incomprensible, el rechazo de la izquierda a la rojigualda fue un factor importante en el viraje del Jincho, le hizo despertar y pasar de «ser un okupa» a simpatizar con Vox.
«El cambio de marea también le llegó a la legendaria Mala Rodríguez»
Hace un par de años, el autor de «El Perro Sánchez» rompió la atmósfera antiderechista del hip-hop español explicando que votaría a Santiago Abascal. «Hay que llevar al poder a quien quiera a España de verdad», declaraba en septiembre de 2024. «La gente viene a criticarte diciéndote que eres facha y yo pienso un poco en el sentido común y digo: ‘¿Cómo quieres gobernar ese país con esa bandera que tú desprecias?’ No tiene ningún sentido», explicó en una entrevista con el periodista Unai Cano. El Jincho tampoco está solo. El cambio de marea también llegó a la legendaria Mala Rodríguez, que poco antes dijo en una entrevista «No soy de izquierda, cuando he tenido dinero no lo he repartido», titular seguramente inspirado en una frase similar de Paco de Lucía.
El politólogo Rubén Díaz ha explicado muy bien la relevancia del posicionamiento de los nuevos raperos españoles en un texto para el diario digital Vozpópuli: «Las críticas del Jincho no surgen de la nada. Conviene prestar más atención a MCs como el de Orcasitas, el catalán Swit Eme o el gallego Lopes. Además de provocadoras y controvertidas rimas ‘antisistema’ —que, por otro lado, siempre han estado presentes en la música popular urbana— son síntomas o manifestaciones contraculturales en alza. Se alimentan de un clima social en el que amplios segmentos de la ciudadanía navegan en un contexto de mutación a la baja de sus oportunidades de vida y de su posición social.
Cuando se producen cambios tan abruptos y acelerados, el lenguaje político cambia, las lealtades se realinean y los marcos tradicionales de representación se tensionan», explica. El texto lleva el título —revelador— de «Marx devorado: el Jincho de Orcasitas y las clases medias».
«Con este caldo de cultivo, sería antinatural que no existiese un hip-hop socialpatriota»
Vox registra un firme ascenso desde otoño de 2024 y las encuestas indican que el 38% de los hombres españoles votan al partido verde (las mujeres jóvenes también se incorporan, pero a ritmo más lento). Con este caldo de cultivo, sería antinatural que no existiese un hip-hop socialpatriota en España. De hecho, lo lógico es que fuera mucho más. Por supuesto, el giro empezará a notarse en los barrios más pobres y es probable —casi seguro— que los focos de resistencia surjan entre los rimadores más pijos de Madrid y Barcelona. En unos años, escucharemos «El Perro Sánchez» y nos sonará como lo más natural del mundo.