Guernica: el nacionalismo vasco pretende ocultar con arte el lado fascista de su historia

La pretensión del PNV de llevar a Euskadi el cuadro, a la que se oponen los expertos en conservación, pretende limpiar los vínculos del partido con el fascismo.

El Partido Nacionalista Vasco (PNV) está luchando por el traslado del Guernica de Picasso a su comunidad autónoma. Se solicita, ya por tercera vez, el préstamo de la obra durante nueve meses para exhibirla en el Museo Guggenheim de Bilbao durante nueve meses. Los motivos alegados son puramente políticos: una presunta «reparación simbólica», aprovechando que en 2027 se cumplen 90 años del bombardeo y también del primer gobierno vasco. Esta petición se enmarca dentro de la debilidad parlamentara del ejecutivo de coalición de Pedro Sánchez, que ya ha cedido al separatismo —entre otras cosas— la gestión de puertos, cárceles y aeropuertos, además de aplicar la política de excarcelación de terroristas que pedía la banda ETA y los nacionalistas.

El traslado del cuadro, por tanto, no se encuentra con obstáculos políticos, pero sí con otros de carácter técnico: la oposición unánime de los expertos en conservación, que deniegan hace tiempo y de manera sistemática el préstamo del mural. «Me parece que la respuesta debería haber sido más rápida y más contundente. Se dejaron pasar unos cuantos días en silencio hasta que por fin habló el ministro de Cultura.

Hubo inquietud entre historiadores del arte y muchas personas preocupadas por este asunto. Afortunadamente, el ministro habló y espero que el capítulo haya quedado cerrado definitivamente», ha explicado en fechas recientes Genoveva Tusell, historiadora y autora del ensayo El Guernica recobrado. Picasso, el franquismo y la llegada de la obra a España (Ediciones Cátedra, 2017). Tusell ha destacado también que el PNV incumple el plazo de dos años de antelación en la solicitud, habitual en los préstamos de los museos.

Aitor Esteban, presidente del Euzkadi Buru Batzar (EBB), órgano ejecutivo del PNV, reveló el pasado noviembre las motivaciones profundas de la petición, aprovechando una vista de Estado del canciller Friedrich Merz: «Si Alemania, con un presidente que no tiene nada que ver con el régimen nazi, va a pedir perdón, lo que no entendemos es que el rey español venga a Guernica y no haga el mismo gesto de petición de perdón, de disculpas. Porque, además, que venga aquí después de la visita que hubo en 1981 tiene que ser para significar algo al pueblo vasco, a su reconocimiento nacional… Venir únicamente de acompañante, después de tantos años, ciertamente me parece que falta algo», explicó Esteban ante la prensa internacional.

El actual lehendakari, Imanol Pradales, subió el voltaje después acusando de tibieza al ejecutivo de Pedro Sánchez: «¿Va a tener el gobierno español la valentía política de traer el Guernica a Euskadi? ¿Sí o no? Sacaron a Franco de su tumba en el Valle de los Caídos, y no son capaces de traer un cuadro de Madrid a Euskadi».

Desde diversos frentes políticos y mediáticos, se acusó al líder separatista de estar utilizando el mural de Picasso para blanquear el Pacto de Santoña, un acuerdo secreto alcanzado el 24 de agosto de 1937 entre el nacionalismo vasco y las tropas de Mussolini, que habían tomado Bilbao en auxilio de los nacionales. El PNV arrastraba una situación delicada: sentía rechazo por el desorden y el anticlericalismo del bando republicano, pero veía en ese caos una oportunidad para avanzar en la independencia.

El prestigioso escritor Andrés Trapiello, experto en los espejismos de nuestra Guerra Civil, denunció estos días la hipocresía separatista en un artículo demoledor titulado «La verdad sobre el ‘Guernica’»: «Corría el año de 1937 y, tras la caída de Bilbao, los nacionalistas buscaron acuerdos con la Italia del Fascio, al margen de la República, a la que ya veían como perdedora (de haber sido por el PNV, la República habría perdido la guerra en dos o tres semanas: su aportación a la causa democrática fue aún más mezquina que la de los nacionalistas catalanes).

Aunque pocos con más derecho a reclamar el Guernica que Bildu: a fin de cuentas, ETA ha asesinado a más gente y dejado más víctimas que las que produjo el salvaje bombardeo de la Legión Cóndor sobre Guernica. Pero a diferencia de los nazis, sobre los que cayó la ignominia más grande, los bidultarras se dedican estos días a montar pasacalles festivos en pueblos y ciudades para enaltecer a sus asesinos, y el Gobierno de Pedro Sánchez ha permitido que se vayan excarcelando los que aún cumplen sentencias abultadas (en pago a Bildu por seguir en el poder)», denuncia.

¿Está el Guernica inspirado realmente en el bombardeo de Guernica? Fuentes fiables indican que la motivación inicial de Picasso pudo tener más que ver con la Desbandá, la trágica huida de Málaga hasta Almería de 200 000 personas, hostigadas por las tropas del general franquista Queipo de Llano. Contamos con testimonios tan concretos como el del pintor almeriense Jesús de Perceval, nacido en 1915, que respondía esto en una entrevista poco antes de morir: «Me dieron una medalla en París donde conocí a Picasso en 1936, participé en la exposición de Artes y Técnicas en 1937. Fue cuando presentaron el Guernica, que no se llamaba así inicialmente sino Huida de Málaga. Pero el poeta francés Paul Elouard le cambió el nombre», recordaba en 1983.

Tras el triunfo de Franco, Picasso hizo prometer que se conservaría en el MOMA hasta el regreso de la democracia a España. El pacto se respetó, a pesar de que el cuadro no era suyo, sino que lo había comprado el Estado español por 200 000 francos.

Durante muchos años, se dijo que el artista lo había vendido por el precio del coste de los materiales, pero esta es una cantidad mucho más jugosa, el 15% del total del pabellón español en la expo de París de 1937 (la cifra es nueve veces más de lo que había cobrado por su venta de cuadro más cara). La larga trayectoria del franquismo hizo imposible que el mural llegara a España hasta 1981, bajo el gobierno de UCD: primero al Casón del Buen Retiro y luego —con los fastos de 1992— y luego a su sede definitiva en el Museo Reina Sofía de Madrid. 

Hasta que se produjo la entrega a España, la obra de Picasso viajó con frecuencia por el mundo, convirtiéndose en póster pacifista, el más conocido tras la paloma de Picasso. Están contabilizados más de cuarenta desplazamientos para los que el mural (cuyas dimensiones son 349,3 x 776,6 cm) fue desprendido de su bastidor y enrollado de diferentes formas, que han afectado a su conservación.

Antes de su desmontaje en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el cuadro había sido contemplado por 150 millones de visitantes. Para su traslado tuvo que ser descolgado y acomodado en un inmenso cilindro de media tonelada de peso, que fue transportado en el jumbo Lope de Vega de Iberia hasta Madrid, donde llegó el 10 de septiembre de 1981. Una vez en nuestro país, se rechazaron las solicitudes del Guggenheim de Bilbao (1997), MoMA (2000), Museo de Ontario en Canadá (2006), Guggenheim de Bilbao (2007), Grupo Fuji Tv Tokio (2009) y el Gwangju de Corea del Sur (2012), entre muchas otras.

Más allá de las motivaciones que tuviera Picasso para pintarlo, el triste destino del Guernica está siendo que el nacionalismo vasco lo utilice para falsificar su historia: tapando el pacto con el fascismo italiano y los atentados de ETA. En enero de 2022 se reveló también que el PNV hizo tres tentativas para aproximarse a oficiales de rango de la Wehrmacht y las SS durante la ocupación nazi de parte del País Vasco francés, en mitad de la Segunda Guerra Mundial.

Los separatistas aspiraban a establecer y unificar las provincias vascas en una zona autónoma. Así lo detalla un informe del 8 de julio de 1945 de dos páginas y media de MA217, alias Cano, «un muy buen agente retribuido» del servicio de contraespionaje francés en Madrid. Una de las tentativas se dio porque Berlín pidió a las autoridades ocupantes que favorecieran «todas las tendencias separatistas» en Francia. El gobierno franquista alertó de las repercusiones en Guipúzcoa y Vizcaya y pidió que se prohibiera «cualquier movimiento separatista que pudiera afectar a España», según publicó el diario La Vanguardia.

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