Ha sido la primera polémica del año: el siempre exitoso especial de Nochevieja de José Mota no mencionó en ningún momento a los encarcelados Koldo, Ábalos y Cerdán. Con el título de El juego del camelar, satirizó la oleada de corrupción que azota el país, incluyendo imitaciones de socialistas como Pedro Sánchez y Óscar Puente, pero evitó a los tres imputados que más daño pueden hacer al partido con sus revelaciones.
El periódico digital OK Diario publicó que la ausencia se debía a una petición explícita de la dirección de RTVE, algo que Mota ha negado de manera tajante. El humorista cumplía 25 nocheviejas con el espacio y logró un meritorio 34,6% del share.
«Así funciona la televisión de Pedro Sánchez: como una burbuja donde unos programas validan el discurso de otros laminando cualquier tipo de cuestionamiento externo»
Evitar chistes sobre los tres presos preventivos de Soto del Real resultó tan llamativo que el humorista tuvo que acudir al programa Directo al grano (TVE) para desmentir las presiones gubernamentales: «La comedia lo que tiene es ese barniz maravilloso que te permite ver la realidad desde otro punto de vista, con una sonrisa, sin crispación», alegó. Tras esta explicación exculpatoria, el presentador Gonzalo Miró hizo el siguiente comentario: «En dos minutos te has cargado el discurso de la ultraderecha, enhorabuena».
Así funciona, en gran medida, la televisión de Pedro Sánchez: como una burbuja donde unos programas validan el discurso de otros laminando cualquier tipo de cuestionamiento externo. Un cómico especialista en sátira de actualidad evita el asunto más sensible para el gobierno y le hacen una entrevista para concluir que la culpa es… ¡de la oposición!
Mota afirma que buscaba evitar la crispación, pero sí incluyó un sketch donde acusaba de hipocresía a Vox —sin nombrar al partido— por defender una política de control de fronteras. Varios políticos reunidos en una sala acordaban una expulsión masiva de inmigrantes, pero poco a poco iban reculando cuando se daban cuenta de que les necesitaban para limpiar sus casas, cuidar a sus mayores y ocuparse de otros trabajos serviles. «Cuando hablamos de inmigrantes te das cuenta de que efectivamente son necesarios. La gente que viene a buscarse la vida y a trabajar son tan españoles como yo», explicó Mota en el programa de Miró. El problema de su gag y de su razonamiento es que Vox está realmente a favor de las deportaciones, aunque suponga renunciar a la mano de obra barata.
«¿Sabías que Pedro Sánchez batió el récord de esta partida con 161 millones para 2025?»
El cómico reside en el lujoso barrio madrileño de Mirasierra, en un búnker de casi mil metros cuadrados, a salvo de los problemas de seguridad que causa la inmigración masiva en los barrios populares de toda España. Mota defiende la «total libertad» de la que goza en RTVE y el hecho de que nunca ha recibido la petición de quitar un sketch. El problema de su razonamiento es que la censura en el siglo XXI no funciona de manera tan burda, sino con una criba previa que privilegia a humoristas con un discurso afín, que garantiza que no den problemas al gobierno.
Basta echar un vistazo a la actual plantilla para confirmar que las principales estrellas de entretenimiento son progresistas furibundos: Buenafuente, Broncano, Marc Giró, Henar Álvarez, Inés Hernand… todos ellos han destacado por su cerrada defensa del sanchismo y su aversión a lo que llaman extrema derecha (los partidos soberanistas en alza en todo Occidente).
Marc Giró acaba de fichar estos días por La Sexta, otra cadena donde todos los contenidos son progresistas, al igual que la inmensa mayoría de los de Cuatro y la cadena SER. Nombres como El Gran Wyoming, Héctor de Miguel y Bob Pop basan sus programas en una constante apología de la izquierda y ridiculización del adversario político. Se crea así un frente cultural financiado con dinero público o publicidad institucional. Cualquier búsqueda en internet revela el uso descarado de estos fondos para engrasar la sintonía con medios de comunicación. ¿Sabían que Pedro Sánchez batió el récord de esta partida con 161 millones para 2025? ¿Qué Prisa recibe un 63% más desde que Salvador Illa preside la Generalitat? ¿Qué Yolanda Díaz destina el 73% de la publicidad de su ministerio a este mismo grupo mediático?
«El dominio izquierdista del sector es tan denso que harían falta décadas para neutralizarlo»
Podemos especular con que un cambio de gobierno traerá también un cambio de guardia en los humoristas, que compensará la actual gota malaya de izquierda. El problema de esta fantasía revanchista es que no existen apenas nombres que sirvan de alternativa: estrujándose la cabeza, y sin caer nunca en esa intensidad panfletaria, podemos encontrar artistas como Miguel Lago, Juan Carlos Ortega y Leo Harlem, todos ellos lejos de ser activistas de la derecha. Más bien se les sitúa en ese espacio por su rechazo a unirse a la tribu «progre» que domina el gremio hace décadas (como al pobre Santiago Segura, que solo busca que le dejen hacer películas de entretenimiento).
El dominio izquierdista del sector es tan denso que harían falta décadas para neutralizarlo, aunque una retirada masiva de fondos públicos sería un comienzo práctico.No estamos ante un problema español, sino que afecta a todo Occidente. El público de sensibilidad conservadora no tiene apenas formatos de humor o entretenimiento en sintonía con su sensibilidad. Se refugian en cómicos progresistas inteligentes, como Bill Maher o Ricky Gervais, capaces de burlarse también de la izquierda. El Financial Times lleva meses cubriendo un cambio de hábitos de consumo que ha propiciado que YouTube tenga ya más espectadores que la BBC, en gran parte porque este público busca propuestas afines en podcasts independientes. En Estados Unidos, sintonizar YouTube en la tele del salón se ha convertido en algo mayoritario, según el citado reportaje. Estamos ante el comienzo del pendulazo contra el monopolio «progre» del entretenimiento.