La tradición de los Reyes Magos: la gran noche mágica para los niños de culturas católicas

El ritual ha sobrevivido a la secularización y a los intentos del progresismo de vaciarlo de sentido
Reyes Magos

La presencia de los Reyes Magos sigue más viva que nunca en España. La mejor prueba es que resulta imposible calcular el número total de cabalgatas, pues debe de haber al menos una por cada localidad mayor de cinco mil habitantes y muchas más en barrios de grandes ciudades. Madrid tiene una célebre, que desfila por su centro y es televisada a todo el país, pero en la Comunidad también destaca la de Torrejón de Ardoz, más manejable, aunque igual de animada. Otra con fama de memorable es la de Alcoy, donde se da protagonismo a pastores y antorcheros. También está la de Sevilla, donde los Reyes llegan en barca por el Guadalquivir, como lo hacen en Barcelona por el Mediterráneo. En Santillana del Mar (Cantabria) se enorgullecen de su cabalgata medieval.

Los Reyes están presentes a lo largo de todas las Navidades, desde que se colocan sus figuritas y las de los camellos en el Belén hasta que se clausura la temporada gozando el roscón. No es buena idea proponer cambios que rebajen la tradición, como quedó claro en la capital durante las cabalgatas en que Manuela Carmena fue alcaldesa, marcadas por unos esperpénticos acercamientos a la modernidad. Sus «innovaciones» fueron desde vestir a los reyes con estilismos eléctricos de Agatha Ruiz de la Prada hasta suprimir los villancicos en favor de la música de discoteca, para minimizar o directamente eliminar las referencias al Niño Jesús.

La cabalgata más tristemente célebre fue la de 2016, pero la tensión duró todo su mandato.  También se decidió que en algunos distritos los reyes magos se sustituyeran por reinas magas, en obediencia a la ideología de género, un cambio que provocó el enfado de muchas familias.

Conviene recordar algunos datos históricos para situarnos. Los nombres de pila clásicos de los tres reyes magos son Melchor, Gaspar y Baltasar. Su primer registro conocido es el mosaico de San Apolinar el Nuevo (Rávena, Italia), que data del siglo VI d. C. Allí se representa a los tres magos ataviados al modo persa, con sus nombres escritos encima y representando las distintas edades del hombre.

Tendrían que pasar varios siglos, hasta finales del siglo XV d. C., para que el rey Baltasar aparezca con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representen las tres razas conocidas hasta la Edad Media. Melchor encarna a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar, a los africanos. Desde fecha tan temprana, «el rey de color aparece siempre: en el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o el origen. En Él y por Él, la humanidad está unida sin perder la riqueza de la variedad», explicó Benedicto XVI.

En el siglo III d. C. se estableció que eran reyes, ya que antes solo se consideraban personas pudientes. Fue también en ese siglo cuando se establece su número en tres, uno por regalo, ya que hasta entonces había dibujos con dos, tres o cuatro magos, e incluso la Iglesia ortodoxa siria y la Iglesia apostólica armenia aseguraban que eran doce, como los apóstoles y las doce tribus de Israel.

Como es natural, los Reyes son protagonistas de varios villancicos, por ejemplo, el conocido «Ya viene la vieja», del que se sospecha que tiene origen castellano. «Ya viene la vieja con el aguinaldo/ le parece mucho, le viene quitando/ Pampanitos verdes, hojas de limón/la Virgen María, Madre del Señor/ Ya vienen los Reyes por los arenales,/ ya le traen al Niño muy ricos pañales», se canta. Más adelante se menciona que «ya vienen los reyes por aquel camino/ ya le traen al Niño, sopitas con vino». Otras variantes mencionan los regalos clásicos: «Oro trae Melchor,/ incienso Gaspar/ y olorosa mirra trae Baltasar».

Aunque los Reyes Magos permean la cultura popular, también han tenido gran impacto en el arte sacro más deslumbrante. Los cuadros que les representan adorando al Niño son todo un género y cuentan con obras maestras como el detallado tríptico de El Bosco, un monumental cuadro de Rubens —que se puede disfrutar en El Prado—, la Epifanía de Giotto en la capilla Scrovegni de Padua (Italia), el tríptico de la Columba de Memling y también el de Velázquez, pintado en 1619 y considerado ejemplo de la naturalidad que caracteriza su etapa sevillana. Además, existen versiones icónicas de la adoración firmadas por los maestros Gentile da Fabriano, Leonardo da Vinci (inacabada) y Pieter Brueghel el Joven.

Ya hemos mencionado a Joseph Ratzinger, pero tenemos que darle mucho más espacio porque el título más relevante para informarse sobre los Reyes Magos es su Infancia de Jesús, publicado en 2012. Lo firmó con su nombre, además de como Papa, ya que entendía que era un ensayo debatible y no parte de su magisterio como Pontífice, cargo al que además estaba a punto de renunciar. Explica que los magos eran miembros de la casta sacerdotal persa y que «se ha demostrado que en la época de Jesús continuaba existiendo en Persia un pequeño grupo de astrónomos, ya en vías de extinción, y hay tablas de terracota con inscripciones en caracteres cuneiformes con cálculos astronómicos que lo demuestran con seguridad», apunta.

Los conocimientos de astronomía de los tres reyes les permitieron seguir a la estrella de la Navidad. Lo que buscaban era «la conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodiacal de Piscis, que tuvo lugar en los años 7-6 a. C., considerado hoy como el verdadero periodo del nacimiento de Jesús. Esta fecha habría sido calculada por los astrónomos babilonios y les habría indicado la tierra de Judá y de un recién nacido ‘rey de los judíos’», explica. Otra conclusión importante del fallecido Papa alemán consiste en «que los Magos fueron en busca del rey de los judíos guiados por la estrella y representan el movimiento de los Pueblos hacia Cristo. Esto significa implícitamente que el cosmos habla de Cristo», pero también que «no es la estrella la que determina el destino del Niño, sino el Niño quien guía a la estrella», celebra.

¿El dato más curioso de su investigación? El libro de Benedicto XVI abre la puerta a que los Reyes Magos partiesen desde España, aunque su origen fuera persa. «La promesa contenida en estos textos (Isaías y el Salmo 72) extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis-Tartesos, en España)», destaca Ratzinger. Los expertos coinciden el rigor del libro, que cuenta con más de 28 fuentes de máximo nivel para un volumen de poco más de cien páginas.

También se justifica de manera sólida que los Reyes eran científicos que buscaban verdades más allá de la ciencia. «Podemos decir con razón que representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él. Están en cierto modo siguiendo a Abraham, que se pone en marcha ante la llamada de Dios. Y, de una manera diferente, están siguiendo a Sócrates y a su preguntarse sobre la verdad más grande, más allá de la religión oficial», concluye Benedicto XVI. No se le puede pedir más sustancia religioso-cultural ni más alegría a la noche del cinco al seis de enero, que es cuando los Reyes dejan regalos a todos los niños católicos del mundo.

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