La tregua: dos Españas y un gulag

Una gran película, que plasma con sucio realismo el clima de un campo de concentración soviético donde conviven nacionales y republicanos
tregua

—Todos cagando en el mismo cubo, ¿esto que es lo que es?

—Comunismo. 

Este escatológico diálogo resume, grosso modo, la esencia del sistema comunista o, más concretamente, de su apoteosis rusa: el estalinismo. Lo dicen dos personajes de La tregua, una película que critica duramente al régimen soviético y sus campos de concentración, los gulags, pero también refleja el lado positivo del encierro: la reconciliación de las dos Españas. 

Una de las Españas, la nacional, partió en 1941 hacia la Unión Soviética para luchar junto a los alemanes en el frente ruso; algunos de los 18 000 españoles que formaron parte de esa primera División Azul acabaron encerrados en Spassk99, el gulag donde la URSS metía a los «enemigos del pueblo». En cuanto a la otra España, los republicanos que estaban en la URSS para recibir formación, fueron condenados al gulag por querer salir de Rusia cuando acabó la guerra civil. La tregua plasma con duro realismo la convivencia de estos prisioneros españoles.

Dirige la película Miguel Ángel Vivas, un cineasta un tanto irregular, pero en cuya carrera brillan cintas como Secuestrados, electrizante home invasion sobre el enfrentamiento de una familia contra unos ladrones, o Tu hijo, un thriller de venganza en el que José Coronado se las hace pasar canutas a unos malhechores que apalean a su hijo y lo dejan vegetal.

La tregua es sin duda la obra más lograda de Vivas. El propio cineasta escribe el guion, con ayuda de Fran Carballal e Ignasi Rubio, y, junto al resto del equipo técnico, logran crear un largometraje con un templado ritmo narrativo, un montaje muy eficaz y una fotografía que, con austeros decorados, recrea con maestría el ambiente del gulag. 

A esto hay que añadir unos excelentes efectos especiales que consiguen que nos salpique la sangre y nos duelan las heridas de los personajes. El director ha comentado que «al tratarse de un guion basado en sucesos verídicos, es fundamental reflejar la crueldad que se puede vivir en un campo de concentración a través de la mirada de unos soldados: una visión que hemos tratado de trasladar de la pantalla al espectador con el mayor respeto y verdad posibles». 

Encabezan el reparto de La tregua dos magníficos intérpretes: el emergente Arón Piper y el ganador del Goya al mejor actor Miguel Herrán; ambos encarnan con carácter a los líderes de cada bando. El productor ejecutivo de la película, César Benítez, apunta que «para el casting buscábamos dos actores potentes, que pudieran transmitir la dureza de un campo de concentración bajo condiciones extremas, a la vez que mantuvieran la confianza hacia el futuro».

Completan el elenco José Pastor, Javier Pereira, Alejandro Jato o Fernando Valdivieso, actores que bordan los distintos acentos ibéricos, reflejando la pluralidad de caracteres que caben en este reino que antaño se llamó «Las Españas». Como dice un chiste que cuenta uno de los protagonistas: «¿Qué tienen en común un salmantino, un gallego, un andaluz, un vasco, un asturiano y un extremeño? Que todos se concentran en el campo».

Pero el roce hace el cariño, y será la convivencia la que empuje a nacionales y republicanos a unir sus fuerzas frente al horror, el hambre, el frío y la morriña. La película es larga (150 minutos) y Vivas utiliza el dilatado metraje para detallar la lenta evolución de la tregua. Al principio se nos muestra a ambos bandos de españoles separados por una alambrada, después peleándose y, finalmente, perdonándose. 

Entre golpes e insultos, ambos bandos se culpan los unos a los otros de los estragos de la guerra civil, hablando de parientes sus asesinados o de sus mujeres violadas. Entre las palizas más salvajes, la que le propinan los republicanos a un sacerdote católico en una mina. La paz empieza a brillar en el despacho del director del gulag, cuando interroga a uno de los miembros de la División Azul al que unos republicanos le han destrozado la cara, y él se niega a delatar a sus compatriotas.

Y es que la virulencia del comunismo ruso, que los pobres presos sufren día a día en el gulag, logra que se obre un milagro y las dos Españas hagan las paces para enfrentarse a un enemigo común, extranjero, que carece de la raíz hispánica que en el fondo tienen ambos bandos, tanto nacionales como republicanos. 

La tregua llega a su cumbre en una conmovedora escena, que transcurre en el comedor del gulag, cuando un militar ruso les pide a los españoles que canten el himno de su patria, pero los republicanos entonan el Himno de Riego mientras, al mismo tiempo, los nacionales cantan el Cara al Sol. El ruso no entiende, se enfada y les exige que canten un solo himno. Así que se ponen todos de acuerdo y, dado que la Marcha Real no tiene letra, cantan al unísono Suspiros de España

La tregua es, en definitiva, una de las mejores películas españolas de 2025, pues no sólo ilumina un oscuro fragmento de la historia del siglo XX, sino que nos da una gran lección de patriotismo. Del mismo modo que, en el campo de concentración, nacionales y republicanos se unieron contra el enemigo estalinista, en este gulag que es la España de Sánchez, el pueblo debería olvidar sus diferencias y unirse contra las élites. Se impone, pues, el grito de cordura que, en la película, alguien pronuncia en medio de una violenta pelea: «¡Hostia, que somos todos españoles!». 

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