Macron ha dado poder a Le Pen

En una de sus decisiones repentinas, Macron convocó elecciones en junio de 2024. Este buscaba una mayoría parlamentaria adicta, pero recibió de los franceses una Asamblea fragmentada.
Macron

En Francia, las elecciones al Parlamento Europeo celebradas el 9 de junio de 2024 causaron un terremoto. La lista de Agrupación Nacional, encabezada por Jordan Bardella, fue la primera, con un 31% del voto, mientras que la lista de la coalición que apoya al presidente Emmanuel Macron quedó por debajo de la mitad, con un 14%. El partido maldito, excluido de cualquier acuerdo y sometido desde mediados de los años 80 a un boicoteo implacable, superaba el cerco de los partidos respetables y de los medios de comunicación.

Entonces, Macron tomó una de sus decisiones repentinas, consultada sólo con su círculo íntimo, y disolvió la Asamblea, cuya legislatura concluía en 2027. Los franceses, como los españoles el año anterior, votaron en verano, los días 30 de junio y 7 de julio, y sólo tres semanas antes de la apertura de los Juegos Olímpicos de París. 

El resultado fue una derrota para el presidente liberal-progresista, aunque no de la magnitud del que sufrió Jacques Chirac en 1997, cuando disolvió una Cámara en la que su coalición tenía más del 80% de los escaños, y se encontró con una mayoría de izquierdas. La República en Marcha pasó de 247 escaños, muy cerca de la mayoría absoluta de 289, a 168. Le superó la coalición de izquierdas Nuevo Frente Popular, estructurada en torno a La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, con 182 diputados. Y muy cerca de los centristas quedó la derecha de la Agrupación Nacional, que con sus aliados sumó 143 escaños.

Macron buscaba una mayoría parlamentaria adicta y recibió de los franceses (con la participación más alta desde 1997) una Asamblea tan fragmentada que se puede considerar una censura a su prepotente forma de gobernar. 

El primer ministro con el que comenzó la nueva legislatura, Michel Barnier, de la derecha liberal de Los Republicanos, duró sólo dos meses en el cargo, y Macron le sustituyó con François Bayrou. Éste se mantiene gracias a equilibrios entre los socialistas, renacidos en los últimos años de la mano del globalista Raphaël Glucksmann, y la derecha nacional. El 1 de julio se votó en la Asamblea la octava moción de censura contra él, pero en esta ocasión presentada por los socialistas, que hasta ahora apuntalaban a su gobierno.

La causa fue el fracaso del debate para una modificación de la reforma de las pensiones, que incluye el atraso de la edad de jubilación de 62 años a 64, aprobada por decreto-ley en 2023. La moción, respaldada por todas las izquierdas, obtuvo 189 votos, pero necesitaba otros 100 diputados para tumbar a Bayrou. Naufragó debido únicamente a la abstención de AN.

Bayrou no ha podido sacar adelante ninguna de las leyes que él y Macron consideran imprescindibles para el país. Y después del verano, el Gobierno debe presentar el proyecto de Presupuestos del Estado en la Asamblea, ocasión para otra moción de censura y para que ambos políticos comprueben la debilidad de su posición. Si la segunda vuelta, que perjudica a AN por la alianza de todos los demás partidos contra sus candidatos, redujo el grupo parlamentario encabezado por Marine Le Pen, en los meses siguientes la disciplina y la homogeneidad de éste le han convertido en el fiel de la balanza entre el Gobierno y el Nuevo Frente Popular.

Al haberse cumplido el año de las elecciones, Macron podría volver a disolver la Cámara, pero las encuestas indican un descenso de la coalición presidencial, y una subida de las izquierdas, de la Agrupación Nacional y hasta de Los Republicanos, aliado del PP español en la Unión Europea. Además, en marzo se celebrarán elecciones municipales y en la primavera de 2027 nuevas presidenciales, a las que Macron, por enmienda constitucional, no podrá presentarse. Por tanto, su movimiento tendrá que elegir un candidato. Y queda pendiente la situación legal de Le Pen, condenada a cinco años de inhabilitación por un tribunal en primera instancia, por lo que podría no participar en las presidenciales. Mientras tanto, los problemas nacionales, como la delincuencia, la pobreza y el malestar social, no paran de crecer.

El brillante Emmanuel Macron, millonario, ejecutivo de la Banca Rothschild y ministro de un Gobierno socialista que llegó para salvar Francia y Europa de la «amenaza populista» y del estancamiento económico, va a dejar un país aún más debilitado y dividido. 

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