El 1 de marzo de 2019, Andrés Manuel López Obrador, presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, firmó sendas cartas dirigidas al papa Francisco I y al rey de España, Felipe VI.
De las misivas se tuvo noticia el 25 de marzo de ese año gracias a un vídeo publicado en Facebook. Las cartas solicitaban que ambos, el papa y el rey, se disculparan ante los «pueblos originarios» por los excesos cometidos en la conquista y en la evangelización de aquel mundo que, por su inserción en el orbe, por su descubrimiento, se llamó Nuevo Mundo. Un Nuevo Mundo del que formó parte una Nueva España.
En el vídeo, grabado a los pies de una pirámide alzada en Comalcalco, camino de Centla, escenario del primer combate entre los españoles y los mayas chontales, AMLO afirmó que lo ocurrido medio milenio antes fue una «invasión». Dicho esto, tomó la palabra su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, que anunció que se iban a «ir recordando los diferentes sucesos de esa llamada conquista. Otro importante es la matanza de Cholula, la Noche Triste también, y finalmente la caída de la ciudad de Tenochtitlan». Apenas pronunciadas estas palabras, el presidente sugirió, jocoso, una corrección -«O Noche Alegre»- y desveló el envío de las cartas.
«La petición de perdón de Francisco I ya se había producido en 2016, nada menos que en Chiapas, tierra donde prendieron las ideas de fray Bartolomé de las Casas.»
En 2021 se cumplieron cinco siglos de la caída de Tenochtitlan y dos de la independencia de México, aniversarios a los que se sumó la supuesta fundación de Tenochtitlan siete siglos antes. La triple coincidencia propició la designación de 2021 como «Año de la independencia y grandeza de México». La fecha constituía, al parecer, una ocasión idónea para la disculpa. Un perdón al que el propio López Obrador se sumó, pues reconoció que «después de la Colonia hubo mucha represión de los pueblos originarios».
Para entonces, las cartas enviadas a Roma y a Madrid habían producido efectos muy distintos. La petición de perdón de Francisco I ya se había producido en 2016, nada menos que en Chiapas, tierra donde prendieron las ideas de fray Bartolomé de las Casas. Ello no fue obstáculo para que el pontífice jesuita reiterara que sus antecesores y él mismo se disculpaban «por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la verdadera evangelización».
«El Gobierno de España rechazó la carta «con toda firmeza», reiterando su disposición para trabajar conjuntamente con el gobierno de México»
Por su parte, el Gobierno de España rechazó la carta «con toda firmeza». En su comunicado, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España lamentó que esta se hubiera hecho pública y cerró su escrito de este modo: «El gobierno de España reitera su disposición para trabajar conjuntamente con el gobierno de México y continuar construyendo el marco apropiado para intensificar las relaciones de amistad y cooperación existentes entre nuestros dos países, que nos permita afrontar con una visión compartida los retos futuros». La Casa Real – hemos de recordar que Felipe VI asistió a la toma de posesión de López Obrador en 2018- no se pronunció al respecto.
El testigo indigenista de López Obrador lo tomó su sucesora, Claudia Sheinbaum, que no invitó a Felipe VI a su toma de posesión presidencial, celebrada el 1 de octubre de 2024. Aunque el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, sí fue invitado, el Ministerio de Asuntos Exteriores respondió que el jefe de Estado era Felipe VI. En consecuencia, España no envió a ningún representante a una ceremonia que concluyó en el Zócalo. Allí, entre sahumerios, Sheinbaum afirmó que había llegado un «tiempo de transformación y de mujeres».
«Hay que conocer la historia en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso»
Pese al mutismo con el que se recibió en su día la misiva de López Obrador, el 16 de marzo de 2026, Felipe VI, durante su visita al Museo Arqueológico Nacional para contemplar la exposición «La mitad del mundo. La mujer en el México indígena», organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España y la Secretaría de Cultura del Gobierno mexicano, reconoció los «abusos y controversias éticas» ocurridos durante la conquista de América.
«Hay cosas que, cuando las estudiamos a nuestro criterio, con nuestros valores de hoy en día, obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos. Pero hay que conocerlas, en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso», añadió, para después matizar: «Y sacar lecciones, porque también ha habido luchas, digamos, controversias morales y éticas, en cuanto a cómo se ejerce el poder. Desde el primer día. Los propios Reyes Católicos con sus directrices, las Leyes de Indias, por el proceso legislativo. Hay un afán de protección, que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho, mucho abuso y también, como decía antes, valorar el hecho de que de ahí, de ese conocimiento, pues nos apreciaremos más».
«Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo. Esa es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla»
Las palabras del monarca venían a dar continuidad a las pronunciadas meses antes por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que durante la inauguración de la exposición, declaró: «Como toda historia humana, tiene claroscuros. Ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios. Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo. Esa es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla».
La reciente visita de Isabel Díaz Ayuso a México, en la que la madrileña reivindicó a Cortés, ha vuelto a provocar la reacción del Gobierno de México. Claudia Sheinbaum auguró: «A quienes reviven la conquista como salvación, les decimos: están destinados a la derrota. A quienes creen que el pueblo es tonto: están destinados a la derrota. Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades: están destinados a la derrota. A quienes piensan que la presidenta se arrodilla: están destinados a la derrota».
El cruce de cartas y manifestaciones descrito ilustra una controversia que hunde sus raíces en el pasado de los Estados Unidos Mexicanos, nación construida, en gran medida, sobre un agravio que nos conduce a los años inmediatamente posteriores a la conquista encabezada por Hernán Cortés, pues fue en vida de los primeros conquistadores cuando comenzó una pugna con la Corona a cuenta de la extinción de la encomienda. Un tiempo en el que la evangelización hubo de ajustarse a las condiciones de un Nuevo Mundo en el que, de forma más o menos explícita, se mostraron las incompatibilidades entre el Trono y el Altar, unidos bajo el rótulo «Antiguo Régimen», pero dispares en cuanto a sus objetivos últimos.
«No es descabellado pensar que muy pronto se comience a reivindicar un regreso de la religiosidad que daba nutrición sanguínea a sus dioses zoomorfos.»
Ha transcurrido más de medio milenio desde que Cortés venciera a los mexicas gracias a una fuerza bélica muy superior a la que constituían sus barbudos. Cinco siglos después de alcanzar una victoria sólo posible gracias a la alianza de pueblos tan originarios como el que señoreaba Tenochtitlan, los mandatarios mexicanos, medrosos ante el vecino norteño, incapaces de neutralizar al narco y de impedir los feminicidios que asolan México, vuelven la mirada hacia Cortés, cuyos restos, salvados en su día por el mexicano Lucas Alamán, reposan en un hospital que sigue dando servicio más de cinco siglos después de que el de Medellín lo fundara.
Parafraseando a Octavio Paz, México sigue estando igual de cerca de Estados Unidos. Sin embargo, gracias a actitudes como la de sus dos últimos mandatarios, no es descabellado pensar que muy pronto comience a acusar a los embates del evangelismo y de un indigenismo que reivindica un regreso, desprovisto de obsidiana, de la religiosidad que daba nutrición sanguínea a sus dioses zoomorfos.