El 29 de abril de 2024, el Grupo Parlamentario del PSOE pidió mi veto en la comisión de Control de la Agencia Pública Empresarial de la Radio y Televisión Pública. El diputado Mario Jesús Jiménez Díaz, nacido en 1971 y político en activo desde hace más de un cuarto de siglo, me calificó como «agente del odio» y pidió que se dieran «instrucciones» para que se me apartara inmediatamente del medio público. Aunque con cierto retraso, así fue. Mi voz se apagó poco después.
El motivo de la exclusión fue el cuestionamiento, que mantengo, del dogma de género. Remito, en cualquier caso, al lector a lo que dije en aquella intervención radiofónica. Viene todo esto a cuento porque el odio ha orbitado a mi alrededor desde hace tiempo. A la condición de «agente» sumo el hecho de haber ganado un juicio a un individuo que fue condenado por un delito de odio contra mí. Teniendo todo esto en cuenta, y respondiendo a la invitación cursada por Juan Manuel Sayago, me dispongo a hacer algunos comentarios acerca de una odiadora confesa: Silvia Orriols.
«Según dijo en su día la de Vich, su nación “hace 400 años que está ocupada por el Estado español que nos ha impuesto su lengua y me niego a hablarlo”»
En efecto, fue la propia Orriols quien, en la red social X, dijo recientemente. «A mí si me piden si odio españa (como concepto) respondo que sí sin dudar… No puedes amar ni tolerar un estado artificial construido sobre los restos de tu Nación. No puedes amar ni aceptar la subordinación y maltrato crónicos que sufrimos los catalanes». Tales fueron las palabras, incluida esa «españa» en minúscula, de la nueva figura emergente del catalanismo. La Orriols dice odiar a España «como concepto», sin embargo, el mundo no ha podido conocer todavía eso que, al parecer, es tan claro y distinto para la alcaldesa de Ripoll y diputada en el Parlamento de Cataluña.
Aunque no nos ha ofrecido todavía el «concepto», el mensaje nos da algunas pistas. La fundamental es que España es un «estado -también en minúscula- artificial» edificado sobre los restos de una, en este caso sí, con mayúsculas, «Nación»: la catalana. O lo que es lo mismo, España sería una superestructura apoyada en los escombros de una Cataluña demolida. La parlamentaria nada nos dice, aunque podría intuirse, sobre si ese artificio descansa sobre otros restos que podrían llamarse Vascongadas, Galicia o Navarra.
En cualquier caso, si entiendo bien a doña Silvia, el odioso «concepto» es una cáscara maltratadora. España no sería, en cambio, esa «desnaturalizada madrastra» de la que habló Simón Bolívar, pues Cataluña nada habría tenido que ver con España. Cataluña sería casi eterna, pues, según dijo en su día la de Vich, su nación «hace 400 años que está ocupada por el Estado español que nos ha impuesto su lengua y me niego a hablarlo».
«El odio a España, basado en criterios étnicos, por parte de las diversas sectas catalanistas es un clásico»
No precisa la lideresa de Alianza Catalana el contenido del maltrato y subordinación que, a su decir, padecen los catalanes. Es más, en su gorjeo ni siquiera define quiénes son catalanes y quiénes no. Sin embargo, es fácil adivinar que su concepción no se ajusta a la que manejaba Jordi Pujol: «Catalán es quien vive y trabaja en Cataluña». Y no se ajusta porque ella misma -«La entrada masiva de inmigrantes musulmanes es un error»- ha mostrado su discordancia respecto a las políticas pujolianas. Esas que facilitaron el aumento del número de nous catalans.
Aunque escandalosas para los oídos más piadosos, las manifestaciones de Silvia Orriols no tienen nada de original.
El odio a España, basado en criterios étnicos, por parte de las diversas sectas catalanistas es un clásico. Un odio que se mantuvo mucho más allá del tiempo en el que el Dr. Robert, con gran presencia en el callejero catalán, desarrollaba sus teorías racialistas en pleno auge económico de Cataluña y del proteccionismo español.
En efecto, en 1964, cuando se precocinaba el actual régimen político, se celebró el I Encuentro Cataluña-Castilla, auspiciado por el dolarizado Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura. El Encuentro reunió a los Ridruejo, Martí Zaro & c. con algunos elementos catalanistas en la masía que Félix Millet y Maristany tenía en La Ametlla del Vallés. En la cita se habló abiertamente de las etnias españolas. Entre la bibliografía más apreciada por algunos de sus participantes, destacó La Europa de las Etnias del federalista francés Guy Maurice Héraud, firme partidario del derecho de autodeterminación de los pueblos.
«Gentes como Orriols trabajan para erradicar la lengua mayoritaria de Cataluña: la española»
Un moroso repaso por desahogos hispanófobos posteriores nos obliga a recordar el racismo de Heribert Barrera, el menosprecio de Jordi Pujol por los «destruidos» hombres andaluces, las afrancesadas afinidades genéticas de Oriol Junqueras y las palabras escritas por Joaquín Torra:
Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que beben odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Los repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos!
Si Torra, posteriormente presidente de la Generalidad, hablaba de «país» y de «bebedores de odio», en referencia a las «bestias españolas», Orriols lo hace de «Nación», de nación étnica incluso, a la que España envía inmigrantes para disolverla. Otro tópico, por cierto, del catalanismo.
En definitiva, Orriols no es más que una reedición de las esencias catalanistas más añejas, que se han topado, por lo que al factor musulmán se trata, con los efectos de unas políticas que tienen siempre a España como principal referencia. Es muy probable que Orriols, nuevo subproducto catalanista, coseche un importante éxito electoral, pues a su denuncia de las incompatibilidades entre los hombres coranizados y los católicos une el cultivo de un supremacismo alimentado durante décadas por los que han gobernado en Madrid. Por aquellos que hicieron suyo el «hablando se entiende la gente». De gentes que, como Orriols -«Yo no hablo español. Solo hablo catalán»- trabajan para erradicar la lengua mayoritaria de Cataluña: la española.