Emilia Pérez: un disparate narcótico, tragicómico y transexual

OSCARS

Emilia Pérez es una demostración del divorcio entre la crítica y el público, entre los cineastas y los espectadores, entre las élites y el pueblo.

Hollywood nominó a 13 Oscars al “bodrio del año” Emilia Pérez para premiar su wokismo, pero ganó dos como castigo a Karla Sofía Gascón por sus tuits pasados.

«Un filme tan delicado como brutal y brillante» (El Mundo). «Historia de una redención a través de lo trans» (El País). «Un musical emotivo y reivindicativo que muestra a las mujeres unidas frente a la violencia de género» (Cadena SER). Sí, la crítica se deshizo en elogios hacia Emilia Pérez, pero el público no fue a verla: la película solo recaudó 15 millones de dólares en todo el mundo, una cifra muy baja considerando que su presupuesto rondó los 27.

Emilia Pérez es, pues, una nueva demostración del divorcio entre la crítica y el público, entre los cineastas y los espectadores, entre las élites y el pueblo. La enésima prueba de que la mayoría está harta de carísimos bodrios para minorías oprimidas. Por eso, en parte, descarriló Emilia Pérez. Pero también ha habido factores extracinematográficos que han contribuido al fracaso de la cinta.

«México odia Emilia Pérez porque frivoliza la tragedia de sus desaparecidos por el narcotráfico»

México la odia con razón porque frivoliza la tragedia de sus desaparecidos por el narcotráfico y, encima, está rodada en Francia. Entre los protagonistas, Adriana Paz es la única mexicana, mientras que Zoe Saldaña es estadounidense de ascendencia dominicana, Karla Sofía Gascón es española y Selena Gómez es una estadounidense que, pese a su raíz mexicana, solo chapurrea el español. Para colmo, el director, Jacques Aurdiad, francés de pura cepa, va y dice que «el español es un idioma de pobres y migrantes», cabreando a 600 millones de hispanoparlantes. 

Aun así, Emilia Pérez fue apoyada por los festivales, llevándose un Goya a la mejor película europea, el premio del jurado de Cannes y cuatro Globos de Oro. Y estaba en plena carrera hacia los Oscar cuando salieron a la luz los famosos «tuits fachas» posteados entre 2019 y 2024 por la actriz transexual Karla Sofía Gascón, que entonces era un señor de Alcobendas que atendía por Juan Carlos. 

«La industria censuró a Karla Sofía Gascón por sus tuits en los que llamaba ‘drogata estafador a George Floyd o ‘putos moros’ a los inmigrantes musulmanes»

Entre otras cosas, Karla (o Juan Carlos) llamaba «drogata estafador» a George Floyd —santo patrón del Black Lives Matter—, «putos moros» a los inmigrantes musulmanes e «inútiles» a Pedro Sánchez y sus ministros. ¿Resultado? De un día para otro, la actriz fue fulminantemente cancelada por su gremio, por los medios y por la comunidad LGTBI. 

Como era de esperar, Karla borró su cuenta de X y justificó sus tuits con la excusa de que se sintió «perdida en su transición». No logró una completa absolución, pero al menos la dejaron asistir a la ceremonia de los Oscar. Eso sí, se quedó sin su premio a la mejor actriz y el presentador de la gala, Conan O’Brien, le tiró una puyita: «Karla, si vas a tuitear, mi nombre es Jimmy Kimmel», dijo en referencia a otro famoso cómico.

«Emilia Pérez es una disparatada tragicomedia que no funciona ni como musical, porque todos cantan y bailan fatal, ni como thriller, porque aburre a las ovejas»

Y Emilia Pérez también fue castigada por la Academia: nominada a trece Oscars, solo recibió dos, a la mejor canción y a la mejor actriz de reparto, recogido este último por una Zoe Saldaña que en su discurso no dejó de pedir disculpas. Pero, aunque sea por motivos injustos, Hollywood ha hecho un poco de justicia. 

Porque Karla es una pésima actriz, y su interpretación del narco trans recuerda a las grotescas imitaciones de Joaquín Reyes en Muchachada Nui. Y Emilia Pérez es una disparatada tragicomedia que no funciona ni como musical, porque todos cantan y bailan fatal, ni como thriller, porque aburre a las ovejas. Si es que ni siquiera es eficaz como propaganda woke, pues resulta demasiado delirante para ser tomada en serio.  

«Zoe Saldaña interpreta a una abogada frustrada que se hace rica gestionando el cambio de sexo del narcotraficante mexicano al que interpreta Karla Sofía Gascón»

De entrada, vemos a Rita (Zoe Saldaña), una abogada frustrada por tener que defender maltratadores: «El cabrón mata a su esposa y nosotros alegamos suicidio; una cosa común y corriente», afirma tras un juicio. Pero por fin tiene la oportunidad de hacerse rica gestionando el cambio de sexo del narcotraficante mexicano Juan Manitas del Monte (Karla Sofía Gascón). La operación del narco se plasma en un ridículo número musical donde se canturrean lindezas como «del pene a la vagina». Después, la abogada lo apaña todo para simular la muerte del narco y «reencarnarlo» en una supuesta prima suya. Así, Emilia podrá reunirse con su mujer (Selena Gómez) y sus hijos, aunque ellos no sabrán que es Juan, por más que la niña le espete: «Hueles como mi papá».  

Y con el cambio de sexo se obra el milagro: el malvado macho se convierte en una señora solidaria que monta una ONG para ayudar a víctimas del narcotráfico. Un día, Emilia conoce a otra señora, que atiende por Epifanía y busca a su marido desaparecido. Cuando Emilia le dice que ha muerto, Epifanía lo celebra porque «me pegaba, me robaba mi dinero y me violaba». Acto seguido, Emilia y Epifanía se enamoran. Porque a Juan, que ahora es Emilia, le siguen gustando las mujeres, pero como ahora también él es una mujer, resulta que es lesbiana. O lesbiano. Pero lo importante es que es feliz porque, según dice, por fin «hace el amor con amor», es decir, sin pene.

«En su perversa inversión moral, la película pinta el cambio de sexo como un camino a la santidad»

La blasfemia de Emilia Pérez se consuma cuando varios oenegeros sacan en procesión una imagen del transexual, como si fuera la Virgen. En su perversa inversión moral, la película pinta el cambio de sexo como un camino a la santidad, cuando la cruda realidad clama todo lo contrario. 

Saliendo del cine, no puedo evitar acordarme de lo que dijo el padre del icono trans La Veneno en una entrevista, allá por los años 90, cuando el césped todavía era verde: «Para nosotros es hijo, no hija, pero ¿qué le vas a hacer? No puede hacer uno nada. Pero nosotros le seguimos llamando José, Joselito». 

Hollywood nominó a 13 Oscars al “bodrio del año” Emilia Pérez para premiar su wokismo, pero ganó dos como castigo a Karla Sofía Gascón por sus tuits pasados.

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