Rey del cine comercial, gozó del cariño del gran público, pero vivió sin reconocimiento profesional hasta la última década de su vida
El pasado martes falleció Mariano Ozores (Madrid, 1923), artesano del cine popular español, que realizó casi cien películas como director y firmó alrededor de 250 guiones. Currante de los de antaño, comenzó trabajando en la compañía teatral de sus padres haciendo lo que se terciase, desde apuntador a tramoyista, pasando por representante. Tras una década como guionista en la productora de Benito Perojo, donde colaboró con el triunfal Alfonso Paso, en 1958 fue nombrado director de contenidos de Televisión Española. Siempre se definió como un autodidacta centrado en complacer al público, misión que llevó hasta el extremo de acudir con un magnetófono a los teatros de nuestro país para registrar en qué pasajes concretos la gente se reía con más ganas.
«Santiago Segura, el director más taquillero de la España actual, recordó a Mariano Ozores con el máximo respeto»
Aunque jamás tuvo prestigio, los obituarios hablaron de él con máximo respeto. Además, Santiago Segura, el director más taquillero de la España actual, le despidió con admiración de discípulo, recordando en la red social X que cuando a Ozores le preguntaban qué era el cine para él, contestaba que «una sala vacía que hay que llenar de público». Alcanzó sus mayores éxitos gracias a la pareja cómica formada por Fernando Esteso y Andrés Pajares, con los que grabó nueve películas, entre ellas las icónicas Los bingueros (1979), Yo hice a Roque III (1980) -de la que llegó a rodarse versión mexicana- y Padre no hay más que dos (1982). Cuando se juntaban los dos actores y el director, la taquilla quemaba, más luego lo que sacaran en el mercado del videoclub, territorio que dominaron incluso entre las superproducciones estadounidenses de los años ochenta.
Por encima de todo, Ozores fue un operario con mucho oficio, fiel a un método de trabajo intenso que le funcionó de fábula. Su media era de cuatro películas al año, aunque algunas temporadas se quedase en dos y en otras llegase a seis. Solía rodearse del mismo equipo, variando el reparto de cómicos según la historia y disponibilidad. Se ponía un máximo de cuatro semanas por película y se limitaba a dos cámaras. Sumando la posproducción, nunca dedicaba más de tres meses a ningún proyecto. Quizá el dato que mejor define su compromiso con la rapidez es que mientras rodaba una película era habitual que estuviera escribiendo el guion de la siguiente. Ayudaba que fue un hombre de su casa, alérgico a los «saraos» de la industria audiovisual.
«Sus películas ofrecían una mezcla de parodias políticas y cuadros costumbristas, siempre con un humor surrealista único»
Su año de mayor éxito fue 1982, donde se coronó con un repóker de estrenos, todos muy rentables. En aquellos doce meses llegaron a las pantallas españolas Que vienen los socialistas (400 000 espectadores), El hijo del cura (más de un millón de espectadores), Padre no hay más que dos (800 000 espectadores), Todos al suelo (1 300 000 espectadores) y Cristóbal Colón, de oficio… descubridor (un millón y medio de espectadores).
Como se puede deducir por los títulos, ofrecía una mezcla de parodias políticas, teatro picantón y cuadros costumbristas, siempre con el baño de humor surrealista marca de la casa. Se le acusó muchas veces de machista, por la cantidad de señoritas ligeras de ropa en sus películas, pero no podría haber sido de otra manera en el cine de un señor cuyo mayor mérito era retratar a nuestra sociedad con sus defectos. Si se repara hoy en aquellas tramas, se nota que muchos de los personajes masculinos eran gañanes indefensos ante sus pulsiones sexuales.
«Ozores no se sentía franquista, pero nunca criticó a Franco ni se atrevió a cuestionar a la Iglesia»
Trabajó en dos películas que exaltaban la dictadura: dirigió Morir en España (1965) y se encargó de la segunda unidad en el documental Franco, ese hombre (1964). «Con Franco no me metí nunca, pero porque no tenía valor. No me sentía franquista. Era una necesidad que tenía la sociedad de aquel momento, igual que ahora Podemos es una necesidad», explicaba en 2016, cuando recibió el tardío Goya de Honor por toda su trayectoria. En esa misma rueda de prensa reconocía que tampoco se atrevió a cuestionar a la Iglesia.
Con su espíritu incombustible, declaró que le encantaría hacer una película sobre Podemos donde José Luis López Vázquez encarnase a Pablo Iglesias. «La actualidad política está en Podemos y en Ciudadanos. El pueblo se ha lanzado a la política, eso es gracioso. Lo piensas un poco y es para partirse de risa», soltó a los periodistas, un comentario con más profundidad de la que parece. ¿No les hubiera gustado ver esa cinta?
«Ozores fue uno de los antagonistas de la Ley Miró, diseñada para someter los contenidos audiovisuales a los interese políticos del PSOE»
La filmografía de Ozores fue uno de los grandes antagonistas de la llamada Ley Miró, en realidad un decreto de 1983 diseñado para someter los contenidos audiovisuales a los intereses políticos del PSOE. El objetivo reconocido de la norma era mejorar el nivel del cine español, pero el truco consistía en repartir las subvenciones basándose en un difuso criterio de «calidad» que dejaba al arbitrio de expertos progresistas qué contenidos se subvencionaban y cuáles no (la técnica dura con éxito hasta nuestros días). Pilar Miró, directora general de cinematografía, tenía derecho a veto y es célebre su comentario clasista de que Ozores hacía «cine para fontaneros», por supuesto no susceptible de ayudas. Sin prisa, pero sin pausa, Pajares y Esteso fueron sustituidos por vodeviles en áticos de alto standing de Madrid, donde simpáticos «galanes» mustios como Antonio Resines y Óscar Ladoire daban rienda suelta a sus neurosis sexuales.
«Ozores siempre defendió que se puede evolucionar dentro de la industria, pero sin dejar de llegar al máximo público posible»
Para conocer el carácter de Ozores, recomiendo una espléndida entrevista que le hizo David Trueba –icono de nuestro cine progresista– cuando era un estudiante raso. Don Mariano le recibió en pantuflas en su chalé de Conde de Orgaz y contestó a todas las inquietudes del aspirante.
Trueba puso sobre la mesa –además de una botella de whisky Chivas– la acusación que se le formulaba de ser un director «de fórmula», simple esbirro de una industria para la que facturaba películas con plantilla para que no parase de sonar la caja registradora. ¿Su respuesta? «Capra no cambió nunca. Ni Lubitsch, ni Blake Edwards. Yo tengo películas distintas unas de otras. He hecho un tipo de comedia más disparatada, tipo Operación bikini (1968) y Chica para todo (1962), pero luego otras más reflexivas como Manolo, la nuit (1973) o Qué gozada de divorcio (1981). Puedes ir evolucionando, pero sin dejar de llegar al máximo público posible», apuntó.
«De las 50 películas más taquilleras del cine español, 17 eran de Ozores y otras cuatro de Luis García Berlanga»
El entrevistador insistía, apoyado en su amplia cultura cinéfila, señalando que «Mankiewicz decía que cuando se es exigente con el trabajo se complica lo de contentar al público, sobre todo porque el gusto masivo desciende día a día». La respuesta fue Ozores fue bastante épica: «Mira, para educar a la gente ya está el Ministerio de Educación. Muchos que intentan eso se estrellan, pero ese no es mi estilo. Yo soy de los otros. Tiene que haber de todo. Ninguna película es garantía de éxito, aunque de las 50 más taquilleras del cine español creo que 17 son mías y luego ya va Berlanga con cuatro. Ese es mi triunfo, haber comunicado con mucha gente», señaló. La escena podría haber encajado en una de sus comedias.
Durante las dos horas de entrevista con Trueba, en las que no hizo más que quitarse importancia, Ozores tuvo un raro momento en el que admitió la inquietud política en su trabajo: «Yo me divierto mucho haciendo lo que hago, películas ligeras, aunque en todas intento ser crítico. En todas, los protagonistas son unos pobres diablos que se ven dominados por el poderoso, por las empresas de dinero. Siempre un pobre diablo al que le pisan el cuello y al final acaba venciendo al poderoso, o en otras vence el poderoso. Esa es la intención que yo quiero transmitir, que la gente media de nuestro país está dominada por la gente de dinero, por los avances de la industria, que están abochornados por el progreso y pelean contra eso», confesó.
«Ozores afirmó que no creía que los socialistas de Felipe González hayan conseguido acabar con la injusticia social y la desigualdad»
Cabe precisar que Trueba hizo la entrevista en 1988 y no consiguió que se le publicasen ni El País ni El Mundo, con el pretexto de que no había gancho de actualidad, aunque también admitieron que «el personaje les producía bastante desprecio». La conversación se publicó finalmente en el suplemento dominical de El País en 2015, con motivo de la entrega del mencionado Goya de Honor. Algunas de sus respuestas de aquella tarde dejan claro que no encajaba en el estereotipo de señor rancio de derechas que tantos le atribuían. «Mis películas serán muy útiles porque reflejan momentos históricos de España.
Tanto estas últimas como las que hice con Franco. Reflejan situaciones y las denuncian. Por ejemplo, en Hacienda somos casi todos (1988), que acabo de rodar, yo quería decir que un contribuyente no debe estafar al resto del país. En el fondo, mis películas son didácticas. Pero en el cine no hay que enseñar, hay que mostrar. En ¡Que vienen los socialistas! (1982), el único decente es el alcalde socialista, que interpreta José Sacristán. De todos los discursos políticos, el socialista me parece el más digno, pero yo no creo en los políticos porque nunca hacen lo que prometen, no tengo ninguna razón para creer en ellos. Yo no creo que los socialistas de Felipe González hayan conseguido acabar con la injusticia social y la desigualdad», lamentaba.