¿Podrían abandonar los efectivos estadounidenses las bases de Rota y Morón?

Aunque las bases militares de Rota y Morón tienen un valor estratégico clave para EE. UU., su permanencia no está asegurada.

Son tantos los desencuentros entre los presidentes español y estadounidense, y tan contundentes las amenazas de este último hacia España, que algunos analistas han comenzado a ver como probable que una de las medidas de represalia de los EE. UU. podría ser el planificar el abandono de su presencia militar en las bases de Rota y Morón.

Y a tal escenario, más que preocupante, algunos añaden también la opción, igualmente perjudicial para España, de que fuera Marruecos el beneficiario de tal reubicación de efectivos, algo que de producirse favorecería al rival más importante que en términos de presente y de futuro tiene nuestro país.

Rota y Morón son bases españolas y de utilización conjunta con fuerzas estadounidenses. No son pues equiparables a las bases británicas de Akrotiri y Dhekelia próximas a Limassol y a Larnaca respectivamente, que son territorio soberano del Reino Unido en suelo de otro Estado, la República de Chipre.

Si ambas bases británicas se han puesto de actualidad al lanzar Irán misiles contra ellas en los primeros días de la guerra iniciada el pasado 28 de febrero, también las dos bases españolas han saltado a los titulares cuando el presidente Pedro Sánchez ha prohibido que facilidades, medios y efectivos estadounidenses en una y otra participen en acciones de guerra en el conflicto de Irán.

Puede exigirlo como decisión soberana y en aplicación de los acuerdos bilaterales, como lo hiciera el entonces presidente Felipe González cuando prohibió en abril de 1986 el uso de las bases y también el sobrevuelo por territorio español de los bombarderos que desde los EE. UU. y el Reino Unido participaron en ataques a Trípoli y Bengasi, pero las diferencias entre una y otra decisión son abismales.

Ahora Sánchez ahonda su tensión tanto con los EE. UU. como con Israel mientras que González no solo no se mostraba hostil contra los EE. UU. –aliado con el que consolidaba la relación en aquel mismo año con un referéndum de permanencia en la OTAN y con la negociación de un nuevo acuerdo bilateral-, sino que, en relación con Israel, España establecía relaciones diplomáticas, un 40 aniversario que el Gobierno español ni se plantea celebrar hoy. 

Pero a pesar del actual bache en las relaciones hispano-estadounidenses, la vida sigue con aparente normalidad en relación con la presencia estadounidense en ambas bases, relevante para los intereses de España y de Occidente. Y así debería de seguir.

Rota alberga cinco destructores de la clase Arleigh Burke que, con su sistema Aegis, son claves en el escudo antimisiles de la OTAN, una presencia que se decidió durante la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero hace más de quince años. Aunque se está a la espera de un sexto destructor que ve retrasarse su llegada, el Pentágono acaba de dar, este mes de abril, los primeros pasos para renovar el mantenimiento de dichos destructores, señal inequívoca de que no se prevé su partida.

Y en relación con Morón, la dimensión aérea de esta base de utilización conjunta es también relevante y todo indica que va a seguir siéndolo en el futuro. Sus instalaciones acaban de recibir, también en abril, un prestigioso galardón establecido por la Fuerza Aérea de los EE. UU., el Premio Air Force Innkeeper, que valora la hospitalidad que se ofrece al personal de la USAF, un centenar de militares y de civiles del Departamento de Guerra, en la categoría de bases pequeñas como es considerada Morón.

Pequeña, pero relevante, por operar bajo el mando del Ala 86º de Transporte Aéreo dependiente de Ramstein (Alemania) y estar integrada en el 65º Grupo de Base Aérea con sede en Lajes (Portugal). El 496º Escuadrón de Base Aérea con base en Morón es una unidad vital que proporciona apoyo aéreo al combate expedicionario y sirve como base para operaciones avanzadas y de tránsito para aeronaves en escenarios de contingencia de los EE. UU. y de la OTAN.

Aunque tal papel puede verse temporalmente interrumpido, como ocurre hoy en el contexto de la guerra contra Irán, ha sido clave en el pasado y también debería seguir siéndolo en el futuro cuando la actual coyuntura termine.

Morón es también sede de la Fuerza de Tarea Aeroterrestre de Propósito Especial de los Marines encuadrados en el mando de los EE. UU. para África (USAFRICOM), que está dedicada a responder con agilidad a situaciones de crisis en el continente africano en sentido amplio, y a dar apoyo a operaciones de paz, en el pasado, y a misiones de seguridad cooperativa hasta hoy. Una de estas últimas se está desarrollando ahora mismo, con la participación de efectivos de operaciones especiales de España y de otras veintidós naciones, en diversos escenarios africanos en el marco del ejercicio Flintlock 2026 liderado por los Estados Unidos.

Bueno será que el aprovechamiento combinado de estas facilidades existentes en Rota y Morón perdure y que la presencia estadounidense quede garantizada a pesar del bache actual, y ello en beneficio de España y del resto de países aliados. Recordemos en estos momentos que dos Estados terceros se regocijan ante dicho bache, y desearían que acabara debilitando una sólida cooperación bilateral vigente desde hace décadas: Rusia y Marruecos. Y recordemos que debería evitarse que ambos vean satisfechas sus aspiraciones.

Alimentar la crispación entre dos aliados, España y los EE. UU., es obligado para Moscú, pues podría debilitar el escudo antimisiles de la OTAN y con ello el bloque occidental, y agravaría de paso el conflicto en Oriente Medio. Y para Rabat no se trataría solo de intentar «barrer para casa», ofreciendo supuestas facilidades en su suelo que permitieran el traslado de infraestructuras y de efectivos estadounidenses desde Rota y Morón, sino también de enrarecer las relaciones entre España por un lado y los EE. UU., e Israel por otro.

Marruecos ahonda en sus inaceptables reclamaciones territoriales respecto a Ceuta, Melilla y demás territorios españoles en el norte de África, en sus esfuerzos de anexión del territorio no autónomo del Sáhara Occidental y en su intento también de anexionarse territorios de Argelia, y el resbaladizo escenario aquí analizado abre una gran ventana de oportunidad para la dinamización de sus herramientas híbridas.

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