No es habitual el éxito creciente que está cosechando Juan Soto Ivars con su ensayo Esto no existe: las denuncias falsas en la violencia de género (Debate, 2025). Y no lo es porque las tesis tan antipáticas no suelen enganchar a un gran número de lectores. En su reciente presentación en Madrid, contra todo pronóstico, había colas de dos horas antes de que tomara el micrófono. Solamente hicieron falta siete días a la venta para alcanzar la tercera edición (cuando lean esto, quizá ya sea la cuarta).
En el programa Espejo Público (Antena 3) pusieron media docena de tertulianos —casi todas, mujeres— a cuestionarle y salió triunfal del trance. Ayudó a que quedaran en ridículo el hecho de que no se hubieran leído el libro porque, henchidas de superioridad moral, pensaban que no era necesario para desmontarlo. Mientras Soto Ivars continúa su exitosa gira promocional, ayudando a desprestigiar un enfoque que fue tomado como incuestionable, hace falta recordar a esas voces que se pusieron frente a la Ley Integral de Violencia de Género de 2004 cuando esto equivalía a que te colgasen las etiquetas de «machista», «cómplice de maltrato» o «enemigo de las mujeres».
«Otro efecto negativo de la ley es el olvido de los hombres, ancianos y niños maltratados»
Como hay que comenzar por algún sitio, podemos hacerlo por Silenciados (2017), el documental de guerrilla producido de Nacho González, un metraje pionero en reivindicar la vuelta de la presunción de inocencia para los hombres. El camino comercial de este trabajo resultó de lo más espinoso, ya que no recibió ningún tipo de subvenciones, no quiso proyectarlo ninguna sala y tampoco fue aceptado por ninguna plataforma de micromecenazgo. Su única posibilidad de ingresos fue subirlo a YouTube y pedir a quien lo viera que les donase la cantidad de dinero que considerase justa. A pesar de los obstáculos, hoy puede presumir de haber contribuido a romper un consenso social equivocado.
En solamente una hora, abogados y afectados por la nueva ley detallan todas las discriminaciones que sufren los hombres a causa de esta legislación feminista. El documental, además, revela un sistema perverso de recompensas que estimula a las mujeres a denunciar falsamente para obtener ventajas en los procesos de divorcio. Al personal experto en violencia de género también se le exige, en muchas ocasiones, la tramitación de un número mínimo de denuncias anuales para justificar contratos o subvenciones, lo que favorece que se busque maltrato de género donde no lo hay. Otro efecto negativo de la ley es el olvido de los hombres, ancianos y niños maltratados y la nula recogida de estadísticas sobre su situación (por no hablar de las parejas homosexuales, a las que tampoco ampara).
«Llamamos a que la lucha contra la Violencia de Pareja sea siempre guiada por la evidencia científica más que por la ideología»
La periodista Berta González de Vega fue una de las primeras voces que alertaron sobre esta legislación. Se percató del conflicto de una manera reveladora: atendiendo a «las pintadas a favor de la custodia compartida en las rotondas andaluzas, los que por centenares escriben comentarios en las noticias sobre la violencia de género, los que comparten por WhatsApp los vídeos de la abogada Yobana Carril y del youtuber Un Tío Blanco Hetero», explicaba en 2018. Lo cuenta en el libro La sorpresa de Vox (Deusto, 2019), donde firmo el capítulo «Autonómicas en Andalucía. ¿A qué votantes que estaban huérfanos se dirigió Vox para obtener doce escaños?». De la Vega también fue una de las pocas mujeres en escribir contra el relato dominante en el caso de Juana Rivas, que en verano de 2017 secuestró a sus dos hijos, mientras su padre Francesco Acuri les esperaba en hotel de Granada.
Otro momento importante fue el manifiesto «No nacemos víctimas», publicado en El País en mayo de 2018, que hablaba muy claro: «Nuestro país, España, es uno de los más seguros del mundo para las mujeres, con un índice de violencia de pareja comparativamente inferior a nuestro entorno, incluidos los igualitaristas países nórdicos. Llamamos a que la lucha contra la Violencia de Pareja sea siempre guiada por la evidencia científica más que por la ideología. Sólo así llegaremos a intervenciones sociales más eficaces para frenar la intolerable violencia contra las mujeres. Simultáneamente, no ignoramos a las víctimas masculinas de otro tipo de violencia, hombres y niños, y rechazamos la postura anticientífica que niega la agresión femenina», destacaban. Las firmantes —todas mujeres— iban desde la historiadora Elvira Roca Barea a la periodista Yaiza Santos.
«Esta ideología se convierte en un discurso totalizador al que no cabe oponerse»
El feminismo se ha convertido en central para nuestro sistema político. El 8 de marzo de 2018, las estrellas de la televisión matinal Susanna Griso y Ana Rosa Quintana faltaron a sus programas con audiencias millonarias para acudir a la manifestación feminista más masiva de la historia de España. A partir de ahí, esta ideología se convierte en un discurso totalizador al que no cabe oponerse. A pesar de los pesares, se atrevió a hacerlo Hughes en enero de 2023 en la brillante columna «Viogen, un discurso antiespañol».
Denunciaba lo esencial: «El discurso de la violencia de género (viogen) sirve para distraer, para confundir, porque sustituye un enemigo por otro. Oculta los enemigos reales y pasamos a luchar contra uno fantasmal: el machismo en el alma oscura de los hombres ¿Quién organiza ese terrorismo? ¿Quién lo financia? ¿Con qué objetivos? El disparate es absoluto. Pero el discurso de la ‘viogen’ es instrumental. Es un artefacto ideológico para confundir usado por quienes ya confundieron a España cuando el 11M, el pacto con ETA o el golpe catalán. Ahora se valen de este discurso usando a las víctimas para sus repulsivos y sinuosos intereses: ocultar el enemigo real persiguiendo otro ilusorio, falaz, imposible de prender», denuncia. La columna causó tal nivel de malestar que Hughes terminó saliendo de ABC para recalar en La Gaceta.
«Es capaz de ir a una manifestación del 8-M con una pancarta con el lema «Nos matan, nos violan y luego ni nos llaman»
Todos los nombres que cito, puestos así unos detrás de otro, pueden parecer muchos, pero fueron unas simples gotas de valentía dentro de un océano de sumisión a lo que dictaban los jefes y los dogmas de la época. Por supuesto, hubo más resistentes, por ejemplo, Alberto Olmos y sus demoledoras columnas contra los delirios de Irene Montero y los desmanes de su ministerio. O Rebeca Argudo apuntándose a un curso de «Masculinidad y violencia» del aliado de género Miguel Lorente para desmontarlo desde dentro, con su implacable estilo cáustico.
Pensemos que Argudo es una persona capaz de plantarse en la manifestación del 8-M de 2018 en Palma (Mallorca) luciendo una pancarta con el lema «Nos matan, nos violan y luego ni nos llaman» (cántico que siguieron algunas asistentes). El periodista Quico Alsedo también hizo su aportación con el libro Algunos hombres buenos (La Esfera de los Libros, 2023), que daba voz a las víctimas de una ley injusta con el género masculino. Y, por supuesto, ayudaron las columnas de Lupe Sánchez, una de las abogadas más eficaces para tumbar al feminismo dominante en los juzgados.
«Este puñado de periodistas han tenido enfrente a toda la esfera pública, un potente sistema estatal hipersubvencionado»
Para hacernos una idea de cómo ha sido la batalla, me quedo con esta frase que me dijo Soto Ivars en una entrevista reciente: «Me he sentido estos años de investigación un poco como Indiana Jones en una selva virgen, buscando el templo maldito. La sensación de alucinar era constante, cuando un escándalo de esta envergadura ha estado al alcance de tantos periodistas y casi ninguno se ha adentrado ahí.
También pensaba: ¿seré yo que me he vuelto loco? ¿En qué diablos me estoy equivocando? Esas preguntas eran constantes durante la investigación, a medida que iba descubriendo pisos de la pirámide de falacias y medias verdades de la narrativa de género», confesaba. Recordemos que este puñado de periodistas —seguramente me dejo a alguno, que me sabrá perdonar— han tenido enfrente a toda la esfera pública, un potente sistema estatal hipersubvencionado y, en algunos casos, a sus propios jefes, redacciones y parte de sus entornos personales.
«Vox fue el único partido que se puso frente a las denuncias instrumentales desde su fundación»
En el plano de la política institucional, Vox fue el único partido que se puso frente a las denuncias instrumentales desde su fundación. «Las denuncias falsas (por violencia de género) afectan a millones de españoles», defendió Santiago Abascal a finales de 2018, siete años antes de la publicación del ensayo de Soto Ivars. Portales como Newtral o la web de Televisión Española le hicieron delirantes procesos de verificación donde calificaban la información de bulo. Con el tiempo, cada vez más fuentes han ido confirmando que la formación verde tenía razón.
En diciembre de este año, Vox organizó unas jornadas sobre denuncias falsas y viogen en el Congreso de los Diputados donde la diputada Rocío de Meer —entre otros ponentes— ratificó el compromiso del partido con la presunción de inocencia: «Si quieren escuchar las voces libres que hoy van a hablar aquí, con espíritu crítico, con mente abierta, sin el filtro morado del feminismo hegemónico, les invitamos a que escuchen la verdad: el calvario de tantas mujeres, hombres, niños… Les invitamos de corazón a que puedan escuchar esa verdad silenciada durante demasiados años en demasiadas instituciones», explicó.