—¡Haz películas cristianas!
El cineasta Dallas Jenkins estaba cortando el césped cuando escuchó la voz de Dios dándole una orden que iba en contra de sus planes. Corría 2006 y, aunque era cristiano evangélico, Dallas había descartado la idea de hacer cine religioso porque pensaba que era un rollo. Pero, tras el mandato divino, se puso a ello.
Entre 2006 y 2017, hizo tres películas sobre antihéroes redimidos: Midnight clear, Un golpe del destino y The resurrection of Gavin Stone. Las tres fracasaron. Pero, lejos de tirar la toalla, Dallas rodó The Shepherd: A story of the First Christmas, un film de media hora que contempla el nacimiento de Cristo a través de los humildes ojos de unos pastores. Esta vez, el éxito fue considerable.
«El propio Dallas escribió los guiones de la serie utilizando los evangelios como fuente principal»
Crecido por la victoria, Dallas diseñó un ambicioso proyecto: The Chosen (Los elegidos), la primera serie de temporadas sobre la vida de Cristo. En 2017, con ayuda de la productora Angel Studios, estrenó el capítulo piloto. Al público le gustó tanto que financió media serie, en el crowdfunding más rentable de la historia de la televisión: 10 millones de dólares para la primera temporada, 12 para la segunda y 18 para la tercera.
Asistimos en estas temporadas a los inicios del ministerio de Jesús en Galilea, los conflictos internos con los discípulos, las tensiones con líderes romanos, y la ejecución de milagros como la multiplicación de los panes y los peces. El propio Dallas escribió los guiones de la serie utilizando los evangelios como fuente principal, con la asesoría de expertos católicos, protestantes y judíos.
«La dimensión humana de la serie es lo que la ha convertido en un fenómeno de masas»
Sin embargo, hay ciertas licencias creativas en The Chosen que han chirriado a los católicos más puntillosos. Por ejemplo, vemos a un Cristo inseguro ensayando el sermón de la montaña antes de pronunciarlo, decorados que parecen como de tetería marroquí, un San Mateo con síndrome de Asperger, los evangelistas tomando notas de lo que decía Cristo en anacrónicas libretas…
Por si fuera poco, vemos a Jesús usando una mochila más propia de un moderno perroflauta que de un nazareno del siglo I. Se diría que Dallas trata de descafeinar a Cristo para acercarlo al gran público, extirpando todo matiz solemne o autoritario. Le falta a este mesías una realeza, una grandeza divina que tampoco vemos en la Virgen. Son humanos, demasiado humanos.
«Algo que redime a The Chosen es su sentido del humor, (…) un antídoto contra la ñoñería en la que suele caer gran parte del cine religioso»
El director se ha defendido de este tipo de acusaciones afirmando que la dimensión humana de la serie es lo que la ha convertido en un fenómeno de masas, pues «si tratamos a los personajes como figuras distantes, nadie puede identificarse con ellos. Pero si los dotamos de carne, respiración y lucha interior, si mostramos su miedo, sus dudas y sus relaciones, entonces su fe cobra un nuevo significado».
Pero si hay algo que redime a The Chosen es su sentido del humor, síntoma de la buena salud espiritual de Dallas y un antídoto contra la ñoñería en la que suele caer gran parte del cine religioso. Este recurso ha generado escenas tan insólitas como la de Jesús lavándose los dientes. «La Biblia no reproduce todos los detalles cotidianos, pero la serie lo intenta, con base en estudios históricos y antropológicos», afirma Dallas.
«También la Iglesia apoyó The Chosen, dejando en evidencia a sus críticos más feroces»
Y lo cierto es que The Chosen funciona. Tras el apoteósico éxito de la tercera temporada, con 600 millones de visualizaciones en 200 países, Dallas se desvinculó de Angel Studios. A partir de entonces, la serie creció todavía más; hasta se creó una app gratuita para verla. Fue entonces cuando cuajó en España, gracias al doblaje en castellano, la edición en DVD y Blu-ray, la proyección en cines y la difusión en Acontra+.
También la Iglesia apoyó The Chosen, dejando en evidencia a sus críticos más feroces: el papa recibió a Jonathan Roumie —actor católico que interpreta a Cristo— y el arzobispo Luis Agüello asistió a las proyecciones de la serie en la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Además, The Chosen recibió un premio Bravo de la Conferencia Episcopal Española.
«Ahora llega la esperada quinta temporada (…) Y lo hace batiendo un nuevo récord mundial, como la temporada más traducida de una serie en streaming de toda la historia»
El éxito hizo que el presupuesto de la cuarta temporada de la serie, estrenada en 2024, creciera hasta 40 millones de dólares. De esta forma, Dallas pudo recrear con todo lujo de detalles sucesos como la decapitación de Juan el Bautista o la alianza entre líderes romanos y religiosos judíos para combatir a Cristo.
Ahora llega la esperada quinta temporada, que narra los días previos a la detención de Jesús. Y lo hace batiendo un nuevo récord mundial, como la temporada más traducida de una serie de streaming de toda la historia: 50 idiomas, nada menos. A nivel creativo, es la temporada más audaz hasta la fecha. Por ejemplo, la Última Cena se divide en fragmentos, que sirven de prólogo a cada uno de los ocho episodios.
«Dallas nos ofrece a un mesías más sobrio y autoritario, que brilla especialmente en la escena de la expulsión de los mercaderes del templo»
Tal vez picado por las críticas que le acusaban de pintar a un Cristo jipi y blandengue, Dallas nos ofrece a un mesías más sobrio y autoritario, que brilla especialmente en la escena de la expulsión de los mercaderes del templo, en la que empuña un látigo de domador todavía más contundente que el «azote de cuerdas» del evangelio y llama a los fariseos «raza de víboras».
No es la única escena en la que vemos a un Cristo marcial. En un momento de la Última Cena, el Maestro advierte a sus discípulos de la inminencia de peligros y, aunque les asegura la protección divina, les espeta: «El que no tenga espada, que venda su manto y compre una». Y en la simbólica escena de la higuera, condena iracundo al árbol al grito de «¡que nunca jamás brote fruto de ti!».
«El broche final a esta quinta temporada es el mítico beso de Judas»
Es también la quinta la temporada la más pedagógica. Cristo se muestra lapidario y contundente, pronunciando dogmas como «yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no por mí», enseñando a celebrar la Eucaristía —«tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo»— y, lavando los pies a sus discípulos para instarlos a «dejar a un lado el ego y servir a los demás».
Para poner a prueba a Jesús, los rabinos le preguntan cuál es el mandamiento más grande de la Ley, y él contesta contundente: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente, este es el mandamiento principal y primero; y el segundo, es semejante a él: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos, se sostienen toda la Ley y los profetas».
«Impera la solemnidad, y la angustia de los apóstoles ante el sacrificio de Cristo es creciente»
Todo esto, en medio de un ambiente tenso y viciado por una terrible profecía: «Uno de vosotros me entregará». Muy desconcertados, los discípulos preguntan quién será el traidor, y Jesús se niega a revelarlo para que se cumpla el divino designio: «El hijo del hombre se va como está escrito, ¡pero hay de aquel por quien el hijo del hombre es entregado!».
Fiel a su estilo, Dallas introduce en la trama ciertos momentos cómicos para aliviar la tensión, como cuando, entre risas, la Virgen le echa en cara a Jesús las veces que le vomitó en el hombro cuando era un bebé. Pero impera la solemnidad, y la angustia de los apóstoles ante el sacrificio de Cristo es creciente, por más que él insista que «mi espíritu no os abandonará».
La oración nocturna en el huerto de Getsemaní está especialmente lograda, con Cristo llorando entre olivos y antorchas, dudando de su capacidad para entregarse al sacrificio, pidiéndole a Dios que le haga más fuerte. El silencio divino se puede cortar con un cuchillo, pero da su fruto: Jesús trasciende su desesperación rezando un Padrenuestro culminado con la frase «Hágase tu voluntad y no la mía. Confío en ti».
El broche final a esta quinta temporada es el mítico beso de Judas, que Dallas representa de forma austera pero emotiva, con el traidor acercándose a Cristo tembloroso y sollozante, y el mesías susurrándole al chivato aquello de: «Haz pronto lo que tienes que hacer». Y, cuando los labios venenosos rozan el rostro sagrado, la suerte está echada. Fundido en negro.
«El éxito global de esta serie demuestra la vigencia de Cristo como gran arquetipo de Occidente»
Para interpretar a Cristo, Dallas tuvo el acierto de escoger a Jonathan Roumie, un católico de rostro un tanto cómico que, sin embargo, se toma al personaje muy en serio. Sobre su trabajo en la serie, ha dicho que «fue Cristo quien tomó el control y moldeó mi alma para reflejarse dentro de mí. Es Cristo cuya luz brilla en esta paleta de piel y huesos. Y es a Cristo a quien el mundo ve y siente, no a mí».
El actor aún no ha olvidado cómo, tras un vía crucis de ocho años, desempeñando pequeños trabajos en la ciudad de Los Ángeles, se quedó en paro y agotó su prestación. Embargado por la angustia, rezó y suplicó a Dios. Tres meses después, le cayó del cielo el papel que lo catapultaría a la fama, pero también le impondría una gran responsabilidad: interpretar al Verbo Encarnado.
«Norah James, el judío laico que interpreta a San Andrés, reconoce que su trabajo en The Chosen le ha permitido abrirse a la enseñanza de Cristo»
El éxito global de esta serie demuestra la vigencia de Cristo como gran arquetipo de Occidente —en mayor medida que los filósofos o los dioses paganos— y su eterno poder de redención. Roumie asegura que «este personaje me ha hecho mejor persona. Y no sólo a mí: he conocido testimonios de personas que estaban al borde del suicidio y, gracias a la serie, sintieron que Dios las amaba, y que su vida tenía valor».
También otros miembros del reparto han experimentado revelaciones en el transcurso del rodaje. Elizabeth Tabish, que interpreta a María Magdalena, explica que «estaba en un círculo vicioso, atrapada en una actitud muy pesimista. Gracias a este papel he renovado mi humanidad y ahora creo que hay mucha belleza en el mundo». Por su parte, Norah James, el judío laico que interpreta a San Andrés, reconoce que su trabajo en The Chosen le ha permitido abrirse a la enseñanza de Cristo.
«Roumie ha hecho ayunos eucarísticos y retiros de oración para ‘vaciarse’ y permitir que la fe lo guíe durante el rodaje»
En cualquier caso, es pronto para emitir un juicio definitivo sobre The Chosen, pues en 2026 llegará la sexta temporada, con el arco argumental más intenso y difícil de la serie: la crucifixión. Roumie ha hecho ayunos eucarísticos y retiros de oración para «vaciarse» y permitir que la fe lo guíe durante el rodaje. Y lo que le queda: el estreno de la séptima y última temporada, centrada en la resurrección, está previsto para 2027.
Por supuesto, existen obras audiovisuales más logradas que The Chosen para acercarse a los evangelios. Ahí está La pasión de Cristo (2004), donde el cineasta católico Mel Gibson recrea el calvario con sangriento esplendor, El Evangelio según san Mateo (1964) donde Pasolini eleva el neorrealismo a alturas místicas, o la serie Jesús de Nazaret (Franco Zefirelli, 1977) donde intervinieron actores tan carismáticos como Robert Powell, Laurence Olivier o Claudia Cardinale.
«The Chosen sólo será un éxito si nos empujar a quitarnos la mochila e imitar a Cristo»
Pero The Chosen tiene el valor de ser un producto masivo para una época crepuscular, en la que Cristo es más necesario que nunca. El único riesgo que corre el espectador es quedarse en el Jesús histórico y olvidarse del arquetípico, cuya función es la de establecer un puente entre el hombre y Dios para que el cristiano vaya más allá de la dualidad, integre lo divino y lo humano y pueda, por fin, Ser.Más que el Cristo persona, pues, nos interesa el Cristo metafísico, que es de orden interno y no puede ser representado por ningún actor. Y, números aparte, The Chosen sólo será un éxito si nos empuja a quitarnos la mochila e imitar a Cristo. Si nos empuja a coger nuestra cruz, sacrificarnos y resucitar en forma de hombres nuevos. Si nos empuja a transmutarnos en santos.