En la madrugada siguiente de la cena en que se conocieron, poco antes de las seis AM, Donald Trump compartió un vídeo donde —con gran habilidad— daba pases y toquecitos con Cristiano Ronaldo en el Despacho Oval. Su técnica era tan depurada que resultaba obvio que estaba hecho con inteligencia artificial, pero sirvió para confirmar la sintonía y simpatía de las dos celebridades globales. La estrella de Portugal y del Al-Nassr viajó como acompañante de la delegación oficial de Arabia Saudí que visitaba Washington, encabezada por el príncipe heredero Mohammad bin Salman. Tanto CR7 como el presidente 45/47 iniciaron una relación que tiene pinta seguir cultivándose en el cercano Mundial 2026, que se celebra el próximo verano en Estados Unidos y México.
«Ronaldo ejerce un papel clave en la estrategia de modernización del país»
El encuentro incluyó una cena de etiqueta donde Ronaldo y su prometida Georgina Rodríguez acapararon todas las miradas y comentarios. Lejos de ser adornos de lujo en el régimen saudí, Ronaldo ejerce un papel clave en la estrategia de modernización del país. El objetivo es depender cada vez menos del petróleo y por eso se apuesta por el deporte de élite y el turismo. Los críticos con el régimen consideran que el futbolista se deja utilizar en una estrategia de lavado de imagen (sportswashing) para amortiguar el impacto de las violaciones de Derechos Humanos y de los efectos ecológicos negativos de la industria del petróleo. Ronaldo ostenta el cargo oficial de Embajador Global para el Fútbol y el Deporte en el país desde finales de 2022.
Más allá de la alegría social del encuentro, había mucho dinero en juego. Mohammad bin Salman elevó hasta un billón de dólares (867 000 millones de euros) la cantidad que su país invertirá en suelo estadounidense, tras una primera cifra de 600 000 millones de dólares (520 000 millones de euros) anunciada en primavera. El presidente Trump confesó que incluso le pidió al líder saudí estudiar si podía llegar a 1,5 billones de dólares (1,3 billones de euros), en un gesto que ilustra la ambición económica que la Casa Blanca persigue con esta relación bilateral. La petición se hizo en tono de broma mientras posaban para la foto oficial.
«Trump es consciente del simbolismo que supone albergar la Copa del Mundo durante las celebraciones del 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia»
¿Más negocios en juego? «Ese paquete llega acompañado de otros compromisos estratégicos. Ambos gobiernos firmaron un acuerdo de defensa que Washington describe como histórico y que convierte a Arabia Saudí en ‘aliado principal fuera de la OTAN’. El entendimiento incluye la venta acelerada de armamento avanzado –casi 300 carros de combate, cazas F-35 y otros sistemas– y la promesa de ampliar la cooperación militar en un momento de tensiones regionales y reajustes en Oriente Próximo. Ahora está por ver si Arabia Saudí establece relaciones diplomáticas con Israel, como le pide Trump», explicó David Alandete, corresponsal del diario ABC, en una de sus crónicas.
Más madera: el presidente Trump es consciente del simbolismo que supone albergar la Copa del Mundo durante las celebraciones del 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia. «Como vimos en el Mundial de Clubes, busca asociarse estrechamente con el brillo y el glamour del torneo», explica Kristian Coates Ulrichsen, investigador de Oriente Medio del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice, de Houston. «Esto se ha hecho muy evidente con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, por lo que no sorprende que Cristiano Ronaldo se vea involucrado en el triángulo formado por Trump, Infantino y Mohammad bin Salman, dada la importancia de Ronaldo para Arabia Saudita y la relevancia de la relación saudí tanto para Trump como para la FIFA», añade Coates para el medio alemán Deustche Welle.
«No podemos minusvalorar tampoco el impacto de la presencia de Georgina Rodríguez, empresaria, influencer global de moda y prometida de Ronaldo»
«El equipo le paga para que sea una imagen, ¿no? No está ahí para ser una estrella. Está ahí para lucir bien, para estar al frente, para llamar la atención y para prestar su credibilidad futbolística al político que esté a su lado, ya sea Gianni Infantino, Donald Trump o Mohammad bin Salman», afirma Aaron Ettinger, profesor de la Universidad de Carleton en Ottawa y especialista en política exterior y relaciones internacionales de Estados Unidos. «No está ahí para dar su opinión. Simplemente está ahí para ser Cristiano Ronaldo», remata Ettinger, quien cree que se trata de diplomacia deportiva, no de lavado de imagen a través del deporte.
La tarde-noche en la Casa Blanca también confirma la importancia de las relaciones personales en las negociaciones diplomáticas de alto nivel. Trump comentó que su hijo Barron, de diecinueve años, le mira con más respeto desde que le presentó y sentó a cenar con su ídolo futbolístico. No podemos minusvalorar tampoco el impacto de la presencia de Georgina Rodríguez, empresaria, influencer global de moda y prometida de Ronaldo. Hablamos, además, de la primera española en asistir a una cena oficial en la Casa Blanca de Donald Trump. La combinación de edades y tipos seguidores de los participantes en la cena convierte el encuentro en uno de los más masivos y efectivos de 2025 en el plano mediático y diplomático.